El Diccionario de la Real Academia de la lengua Española define a la vergüenza como la “turbación del ánimo, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena”. Aristóteles, en su obra Ética nicomáquea o Ética a Nicómaco dice que “el hombre de bien nunca hará voluntariamente una acción vergonzosa… sólo un corazón viciado es capaz de hacerla… La vergüenza nunca se da en el hombre de corazón completamente recto, puesto que aquella se produce como resultado de las malas acciones, y un hombre de bien jamás debe cometerlas”.

 

Tal vez demasiado tarde habría que recordar estos conceptos a la actual administración, porque parece que no saben lo que es.

 

Esto viene  a colación por las últimas declaraciones de la Procuraduría General de la República en relación con el montaje en el caso Florence Cassez. La PGR dijo a través del Subprocurador Jurídico y de Asuntos Internacionales de la PGR, Alejandro Ramos, que esperará a que las irregularidades queden plasmadas en una resolución de la Suprema Corte, y entonces se “actuará en consecuencia”.

 

¿Sólo entonces podrá actuar?  Desde el 5 de febrero de 2006,  en red nacional Genaro García Luna entonces Director General de la Agencia Federal de Investigaciones, y Jorge Rosas García, entonces Titular de la Unidad Especializada en Investigación y Secuestro de la Procuraduría General de la República, admitieron en el programa “Punto de Partida”, conducido por la periodista Denisse Maerker, que en el caso Florence Cassez “los medios de comunicación llegaron con posterioridad a los hechos” y que fue a petición de los periodistas que “las autoridades mostraron cómo ingresaron al rancho y cómo se liberó a las víctimas”.

 

El 10 de febrero 2006 de ese mismo año en una conferencia de prensa, se volvió a tocar el tema de la “recreación”. En esa conferencia García Luna ratificó que “en la operación para rescatar a las víctimas no había prensa, ya se explicó eso, se explicó en una entrevista, a petición de ustedes nosotros mostramos cómo fue el ingreso a la casa de seguridad”.

 

Con eso quisieron cerrar el capítulo. Nueves meses después, Genaro García Luna fue nombrado Secretario de Seguridad Pública.

 

Pero el 30 de marzo de 2007 la Procuraduría General de la República, a través del Director de Asuntos Jurídicos, José Luis Chávez, tuvo que reconocer nuevamente que la detención de Florence Cassez ocurrió antes de la llegada de los reporteros y no se proporciono información completa, objetiva y veraz.

 

A pesar de que existían elementos para abrir una averiguación por abuso de autoridad u obstrucción de la justicia el asunto quedó en el olvido. Y seguramente, cuando la PGR se anime a abrir una investigación cuando “las irregularidades queden plasmadas en una resolución de la Suprema Corte” descubrirán que los delitos ya prescribieron, quedando libres los responsables. 

 

En otras administraciones han tenido más vergüenza. Con Ernesto Zedillo, renunció en 1995 al cargo de Secretario de Educación Fausto Alzati Araiza, al haberse descubierto que ostentaba el título de Doctor en Economía por la Universidad de Harvard sin haber obtenido el grado, mismo que obtuvo en 1997. Con Andrés Manuel López Obrador, a raíz a los videoescándalos, René Bejarano y Carlos Imaz Gispert se separaron de sus cargos y fueron procesados.

 

Pero en esta administración son inmunes a sentir vergüenza o sus estándares éticos son muy bajos, sólo hay que recordar los casos de Juan Camilo Mouriño o Juan Molinar Horcasitas.

 

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