Hace dos meses reportábamos como en China existía indignación por la indiferencia que varios transeúntes y automovilistas mostraron al cuerpo herido de Yueyue, una niña de dos años que fue atropellada dos veces, que estuvo en la calle sin que nadie le prestara auxilio por un período de siete minutos, hasta que una trabajadora de limpieza le brindó los auxilios necesarios y llamó a servicios de emergencia.

 

No sé si en México somos iguales o tal vez peores. Julián Vives León, un hombre mayor, se presentó a un Bancomer a pagar su recibo de luz. Cuando se retiraba de la caja  se llevó las manos al pecho, comenzó a respirar con dificultad, comenzó a sufrir espasmos que lo hacían convulsionarse y nadie lo auxilió.

 

Mientras el hombre sufría, indiferentes, todos los que se encontraban en el banco continuaban con sus actividades, unos esperando en la fila, otros atendiendo a los clientes. Nadie hizo nada.

 

El gerente de la sucursal no ordenó que se detuvieran las labores o se cerraran las instalaciones, inclusive, al reportar el incidente informó que en el interior de dicha sucursal se encontraba desmayado un hombre.

 

Para cuando llegaron los rescatistas, el hombre ya había muerto por un paro cardiaco, y fue entonces que se suspendieron las actividades en la sucursal.

 

El incidente es escalofriante. ¿Por qué nadie fue conmovido lo suficiente para brindar a esta persona asistencia, para confortarlo en los últimos momentos de su vida?

 

¿Nos hemos deshumanizado a tal grado, que de ser humanos pasamos a ser sólo cosas?

 

Decía Thomas Hobbes que el egoísmo es básico en el comportamiento humano, que en su estado natural el hombre vive una guerra de todos contra todos. Resumía este pensamiento con la frase del escritor griego Plauto “El hombre es el lobo del hombre”.

 

La suerte de Julián Vives León pareciera demostrar que no estaban tan equivocados. Yo espero que si, y que en un futuro cercano recuperemos el camino.

 

 

 

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