Ayer en la Plaza Tahrir en El Cairo se reunió más de un millón de personas para exigir la renuncia del presidente Hosni Mubarak con miles de pancartas con frases como "Este no es tu país" o "Vete ya". En Túnez ya cayó Ben Alí.

 

En México podemos estar tranquilos, eso nunca sucederá, porque el problema no son nuestros políticos, somos nosotros, y tenemos el gobierno que elegimos democráticamente.

 

 

El pasado fin de semana se llevó a cabo la elección para gobernador en Guerrero. El candidato de la alianza PRD-PT-Convergencia, Ángel Heladio Aguirre Rivero, resultó ganador por 15 puntos por sobre su principal contrincante.

 

Pero resulta que este candidato del PRD hasta el 25 de agosto de 2010 militó en el PRI, era Senador por ese partido, e inclusive fue gobernador sustituto en Guerrero de 1996 a 1999. Vamos, hasta una colonia popular en Acapulco lleva su nombre.

 

Según relata el periodista Carlos Álvarez Acevedo, en el gobierno interino de Ángel Heladio Aguirre Rivero en Guerrero, el PRD documentó 102 casos de violaciones a derechos humanos tan sólo en 1997, hechos que denunció como parte de una política represora. El reporte fue entregado por el PRD en agosto de 1997 al entonces relator de la Organización de las Naciones Unidas para casos de tortura, Nigel Rodley, durante su visita a la entidad.

 

La denuncia del PRD decía "Guerrero presenta índices de agresiones contra los cuadros políticos del PRD sumamente alarmantes... 71 por ciento de las víctimas han sido militantes y dirigentes, el 30 por ciento de ellas recibieron tortura. Otro dato preocupante es que casi 100% de los desaparecidos en el país corresponden a este estado", dice el informe

 

El Presidente del PRD en esa época era Andrés Manuel López Obrador y el Secretario General era Jesús Ortega.

 

14 años después se convirtió en candidato del PRD y su presidente, Jesús Ortega, le levantó la mano en un gesto triunfante.

 

Todo esto no es novedad, todos los medios y columnista destacaron esta aberración, pero lo más lamentable es que a los guerrerenses no les importó, ellos son los que le dieron el triunfo, se limitaron a votar por el color, como si todos los “pecados” de Aguirre Rivero le hubiesen sido perdonados a partir de que cambió de camiseta.

 

¿Por qué los mexicanos no razonamos nuestro voto? ¿Por qué olvidamos o perdonamos los “pecados” una vez que los políticos cambian de partido, como si volvieran  a nacer?

 

Si éstas personas son veletas, no tienen lealtad con sus ideales, ¿cómo van a ser leales con los electores?

 

En Guerrero ganó la voluntad ciudadana, dice Jesús Ortega. Efectivamente, por eso insisto que el problema no son los políticos, somos nosotros que los llevamos al poder.