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Categoría: Sergio Fonseca
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El tema de esta semana será el llamado “anatocismo a la inversa” que hoy se empieza a discutir en el seno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

El principal asunto tienen su origen en un pagaré de 1987 de 400,000 viejos pesos, que pretenden cobrar los beneficiarios, pero Banamex amablemente los invitó  a cobrarlo “…en tribunales…”.

Para sorpresa del banco, pierden el asunto tanto en primera como segunda instancia, por lo que se van al amparo y solicitan la atracción de la Corte para que resuelva, en virtud de la importancia del asunto. De esto hace ya tres años.

 

Todo parece indicar que en este caso se irán por la misma vía por la cual resolvieron otro asunto semejante de BITAL: Ningún banco puede ofrecer tasas ajenas a las que marca el Banco de México como máximo a pagar en depósitos a plazo fijo. El banco, pues, está obligado a cubrir el principal del depósito y los réditos correspondientes sobre la base de lo que haya determinado el Instituto Central en la época respectiva, o en su caso el artículo 362 del Código de Comercio, seis por ciento anual.

Algunos consideran que en este caso debe aplicar el mismo criterio que aplicó la Corte hace más de diez años, cuando resolvió que el anatocismo era legal en los contratos de apertura de crédito, hipotecarios, etcétera. En ese caso la tesis prevaleciente fue que si las partes pactaban la capitalización de intereses en el contrato, debe prevalecer la voluntad de las partes.

¿Pero como puede existir esa convención entre las partes de un contrato de crédito cuando se está en presencia, primero, de contratos de adhesión cuyas cláusulas no están sujetas a discusión o negociación, y segundo, cuando en el mercado las condiciones para accesar al crédito son iguales en todas las instituciones financieras? En estas condiciones es falaz hablar de un acuerdo de voluntades. Si el usuario quiere el crédito, debe aceptar las condiciones que impone el sistema financiero.

Ahora el argumento es que, aunque los bancos ofrecieron tasas superiores a las que establecía el banco, esas tasas eran ilegales y por tanto el acuerdo es nulo. Aquí no importa la voluntad de las partes. Tampoco importa que la oferta del banco haya sido fraudulenta, y esa oferta falsa no tendrá consecuencia para esta u otras instituciones financieras.

La Corte parece que va a resolver a favor de Banamex y generará la jurisprudencia correspondiente a favor de las instituciones financieras. Tal vez la decisión de la Corte buscará ser legal, pero será injusta, y sobre todo política, generada por el miedo que tiene el gobierno a los bancos, el miedo de generar un descontento en las instituciones financieras que lleve a una crisis del sitema o como siempre han amenazado, que se vayan llevándose sus inversiones del país.

Pero de serles adversa la decisión no se van a ir del país ni va a existir ninguna crisis como no se fueron de Venezuela cuando la Corte de aquél país decidió prohibir el anatocismo, y el legislativo estableció tasas máximas de interés.

 

No se van a ir porque América Latina es la región que ha sostenido a los grandes grupos financieros globales durante la actual crisis financiera. Pero en México sigue prevaleciendo el miedo.

En este caso podrián resolver a favor del usuario, disminuyendo el costo a pagar por la institución financiera aplicando la teoria de la imprevisión propuesta por la minoría de ministros en 1998 al resolverse el asunto del anatocismo,  inspirada en la teoría contractual italiana de Alberto Trabucchi de la “resolución de los contratos por excesiva onerosidad”. Esta teoría señala que los contratos terminan si después de celebrado el convenio se presenta un incidente nacional o regional que convierte el cumplimiento de la obligación en excesivamente oneroso.

Como colofón, cabe recordar que la minoría de los ministros votó en general en contra del anatocismo, invitando a sus pares a recuperar el equilibrio en las relaciones contractuales de los bancos y sus usuarios, pero la propuesta fue rechazada con el argumento de que la función judicial debe limitarse  a interpretar la voluntad del legislador. Uno de esos ministros de minoría fue el ministro Silva Meza, quien ahora es el ministro ponente que apoya la posición de BANAMEX.

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