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Categoría: Sergio Fonseca
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Creo que como todos, cuando era niño quería ser policía. Ya más grande, mis aspiraciones empezaron a tomar forma y me decidí a estudiar derecho, pero todavía quería ser policía. Al momento de iniciar la Universidad, estaba dispuesto a entrar a la academia de policía, pero mis padres me convencieron de que estudiara primero la Licenciatura en Derecho y después ingresará a la policía.

Por mi cuenta adquirí y me regalaron libros sobre criminalística, para tener conocimientos sobre estos temas, aunque mi desarrollo profesional me llevó por otros caminos, así que nunca ingrese a los servicios de seguridad pública.

Pero en la carrera las materias relacionadas con los temas de seguridad siempre me interesaron: Criminología, medicina forense, derecho penal, derecho penitenciario.

Ahora que surgió en los medios toda la información del caso Cabañas, recordé aquellos libros y clases.

Recuerdo que los maestros nos decían que en cualquier investigación debe prevalecer el principio de reserva, a fin de no entorpecerla, afectar sus resultados y que los responsables se sustraigan de la acción de la  justicia. En el caso Cabañas, este principio de reserva de la investigación quedó guardado en el cajón, ya que fue imposible para la Procuraduría General de Justicía del Distrito Federal hacer frente a la presión y fuerza de los medios de comunicación. O tal vez fue el afán de protagonismo, y lo único que lograron fue exhibirse.

Así, la Procuraduría circuló los datos de Eduardo García Alanís presuntamente responsable del homicidio, para decir después que siempre no, porque a ese ya lo tienen guardado en un reclusorio desde el 21 de enero. Su error lo justificaron diciendo que se trataba de una identificación preliminar.

Luego, que el presunto responsable José Jorge Balderas Garza no se llama así, sino que su nombre también puede ser Jorge Diaz Treviño, según versiones de una modelo-conductora, la cual, por supuesto, fue acompañada por las autoridades a dar una conferencia de prensa.

Después tenemos al testigo estrella de la Procuraduría, Javier Ibarra que supuestamente fue el único que presenció el incidente. Primero dice que él no vio nada porque estaba lavando un baño, después que el oyó que discutían y que Cabañas se engalló y se enfrentó al J.J. Y finalmente confiesa haber lavado la sangre, destruyendo evidencias importantes. No, pos chido el testigo.

Agreguemos  a la mezcla el casquillo “paseador” que de ser calibre veintidós pasó a veinticinco, y que apareció tres días después, arriba de una caseta telefónica cercana a la agencia investigadora, porque según el vigilante cadenero, Heriberto González Vargas, lo recogió en el baño de hombres y lo envolvió en una servilleta para llevarlo a pasear en el bolso de su abrigo.

Pero me llama más la atención otro aspecto de la investigación: la escena del crimen. En los textos de investigación policiaca como el de Harry Soderman y John J O’Connell “Métodos Modernos de Investigación Policiaca” se destaca la responsabilidad del primer policía que llega al lugar del hecho o escena del crimen, quien debe proteger el espacio físico y los elementos, rastros y/o indicios, pues el resultado final de la investigación  a menudo depende por completo de las medidas preventivas o preliminares que se hayan tomado.

Sobre este tema, en el Distrito Federal existe un Acuerdo número A/002/2006 del C. Procurador General de Justicia Del Distrito Federal, por el que se establecen instrucciones respecto a la preservación del lugar donde presumiblemente se cometió un hecho delictivo, publicado en la Gaceta del D.F. el 29 de mayo de 2006.

El documento señala que la primera instrucción que debe dar el agente del Ministerio Público a sus auxiliares directos, es precisamente el resguardo del sitio donde se cometió la conducta delictiva, ya que “la alteración de un lugar donde se cometió un delito puede derivar en obstáculos para la debida integración de las averiguaciones previas, lo que debe ser evitado al máximo.”

Inclusive se señala que "es responsabilidad, pero sobre todo obligación, de cualquier servidor público que arribe(sic)al lugar, evitar que se alteren los indicios que se encuentren en el mismo".

Los testigos señalan que cuando llegó la ambulancia a recoger a Cabañas, venía acompañada de policías que ingresaron al lugar. Pero nadie se preocupó por asegurar la escena, y al grito de "el último cierra", se fueron, dejando el local atrancado con llave, candados y toda la cosa.

Y como no se aseguró la escena, el Procurador en persona Miguel Ángel Mancera y sus subordinados no pudieron acceder  al lugar sino cinco horas más tarde, claro, bien bañaditos y desayunados.

¿Sería que estaban muy preocupados porque el lugar fuera a quedar desordenado y todos cooperaron pa’dejarlo impecable para las visitas (entiendase policía) ? Porque recordemos que el testigo estrella lavó la mancha de sangre con cloro y toda la cosa y el cadenero se llevó a pasear el casquillo percutido. ¿A qué hora lo hicieron si se supone que el lugar estaba cerrado? Y los policías, ¿Dónde estaban? Porque todos sabemos que cuando pasa algo, parecen abejas sobre la miel, y llegan en tropel. O a lo mejor el asunto por desgracia tocó en ese espacio del tiempo en el que el mundo se detiene: el famoso cambio de guardia.

Como comenté al inicio de este post, los principios de reserva de la investigación y la protección de la escena del crimen, yo los aprendí como un hobby de forma empírica cuando era niño y profundicé en su estudio en la Universidad.

 

¿Y nuestras autoridades?

 

NOTA ADICIONAL

 

El mismo día de la agresión a Cabañas, el Presidente Felipe Calderón condenó el hecho e inclusive habló con el Procurador del D.F. para manifestar la disposición del gobierno federal para contribuir en el caso. El domingo, en una fiesta en una colonia popular de Cd. Juárez, asesinaron a mansalva a 8 jóvenes menores de edad e hirieron a catorce más, que se debaten entre la vida y la muerte. En Presidencia prevalece el silencio. Me recuerda el post del 16 de enero. Mezquinos.

 

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