Bandera mexicana

 

México es un país lleno de simbolismos, unos por costumbre, y otros por ley, como es el uso de la banda presidencial por el titular del ejecutivo federal en turno, y que, conforme con la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, es obligación de éste portarla en determinados eventos.

El antecedente de la Banda Presidencial se encuentra en la Orden de Guadalupe. Esta Orden fue creada el 20 de febrero de 1822 como “Orden Imperial de Nuestra Señora de Guadalupe” por la Junta Provisional Gubernativa del Imperio, a petición de Agustín de Iturbide.

El artículo nueve de la constitución de la orden establecía que una de insignias era la Gran Banda Trigarante, "terciada del hombro derecho al lado izquierdo, cuyos extremos se unirán con un lazo de cinta angosta de la misma clase, de la cual penderá la Cruz de la Orden”, dice el documento fechado el 18 de febrero de 1822. El verde era el color superior, el blanco al centro y el rojo en el hombro derecho. Esta Gran Banda Trigarante fue utilizada por los presidentes de México hasta antes de 1847.

Sin embargo, una investigación realizada en los años cuarenta por Javier Sánchez, responsable de los archivos de la Cámara de Diputados señala que Pedro María Anaya fue el verdadero creador de la banda presidencial al ser el primero en portar lo más cercano a ésta, cuando fue nombrado presidente interino por el Congreso.

Al hacer el juramento de ley ante el Congreso en Querétaro, Anaya, que estuvo al frente del Convento de Churubusco durante la invasión estadounidense, se presentó con una bandera sobre el pecho que juró defender “hasta la muerte”.

Aunque ocupo el cargo sólo del 12 de noviembre de 1847 hasta el 8 de enero de 1848, Anaya destacó porque trató de obtener un consenso entre generales y políticos sobre las condiciones aceptables de firmar la paz con Estados Unidos, negándose a ceder cualquier porción de territorio a ese país. Al fracasar en sus esfuerzos renunciaría a la presidencia.

La costumbre de portar una bandera sobre el pecho se alteró por Santa Anna de 1853 a 1855, cuando volvió a portar la Gran Banda Trigarante de la Orden de Guadalupe. Pero Sánchez destaca que al caer Santa Anna, los presidentes retomaron la costumbre de llevar una bandera sobre el pecho. Un ejemplo de ello es uno de los símbolos de este gobierno, Benito Juárez, que aunque no existía la obligación legal de portarla, siguió la costumbre en su presidencia itinerante.

Así, para el investigador, la banda presidencial es una representación de la bandera de México, pero también un símbolo de lealtad y amor a la patria.

Sin embargo, no fue sino hasta agosto de 1968 que esa costumbre se convirtió en ley con la promulgación de la Ley sobre las características y el uso del Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales. El artículo 33 de dicha ley establece, por primera vez, que la Banda Presidencial es una “modalidad de la Bandera Nacional y emblema del Ejecutivo Federal” y el 34 establece que “El Presidente de la República portará la Banda Presidencial en las ceremonias oficiales de mayor solemnidad, pero tendrá obligación de llevarla” en la transmisión del poder, el informe presidencial ante el Congreso, la ceremonia del grito y al recibir cartas credenciales de embajadores y ministros.

En la exposición de motivos de esta ley se decía que “reglamenta por vez primera las características y el uso de la banda presidencial, estableciendo que sólo puede portarla el Primer Mandatario del País, así como las ocasiones en que deberá usarla obligatoriamente. Y para solemnizar la transmisión constitucional del Poder Ejecutivo, otras disposiciones de este capítulo reglamentan el uso de la banda en la parte correspondiente de este acto solemne”.

Esta ley fue abrogada el 8 de febrero de 1984 con la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, que en cuanto a la banda presidencial mantiene esencialmente las mismas disposiciones, modificando su definición para establecerla como “una forma de presentación de la Bandera Nacional y es emblema del Poder Ejecutivo Federal”, pero los eventos en que la misma debe de portarse de forma obligatoria no se modificaron.

Las disposiciones sobre la banda presidencial esencialmente no han cambiado salvo el orden en que se presentan los colores.

Sin embargo, a pesar de que es una obligación legal, literalmente, el actual titular del ejecutivo se ha abstenido de portarla al recibir las cartas credenciales de los embajadores y ministros acreditados ante el Gobierno Mexicano.

Presidencia argumenta que “se han cambiado los protocolos” y que el titular del Ejecutivo no la porta porque ahí se encuentra la bandera mexicana y lo mismo aplica para el informe de gobierno del 1 de septiembre en Palacio Nacional. Pero ya se ha informado que el día del grito sí la portara, con lo que el argumento de la presencia de la bandera cae por su propio peso.

Después de realizada la declaración por parte del presidente, en la Cámara de Diputados se presentó una iniciativa para reformar el artículo 34 y derogar las fracciones en las que se obliga al presidente a llevar la banda presidencial en la entrega del informe de gobierno y cuando recibe las cartas credenciales y retira la frase “pero tendrá obligación de llevarla” y la cambia por “deberá portarla”.

Sería conveniente que si se ha decidido actuar de forma distinta a lo que prevé la ley, primero se reforme y después se actué, y no incurrir en una violación y después proponer la reforma, porque en este caso el orden de los factores sí altera el producto.

También cabría analizar si el no portar la banda presidencial al momento de recibir las cartas credenciales de un embajador puede afectar su estatus, incluyendo la posesión de la inmunidad diplomática, al no haberse cumplido con un requisito de forma. La Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas establece en su artículo 13 que la entrega de las cartas credenciales se debe realizar “según la práctica en vigor en el Estado receptor, que deberá aplicarse de manera uniforme”, y eso no está sucediendo.

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