Esto no tiene nada de justo o legal. O tal vez sí.

Busco un tema sobre el cual escribir, en esta época en la que pareciera que eso del puente Guadalupe Reyes fuera institucional.

En Tijuana en lo que va del mes han muerto 66 personas. Las cifras de Cd. Juárez no son distintas y lo último que reportan es que asesinaron a un maestro del tecnológico al intentar secuestrarlo. En Morelos muere Arturo Beltrán Leyva.

Más desempleo, más pobreza.

Aguinaldos y dispendios en el Congreso a pesar de la crisis. El Presidente Calderón propone su reforma política. Todos defendiendo a dientes y uñas las diferencias en lugar de buscar las coincidencias.


En el mundo interior pareciera que las cosas son igual de obscuras.

La violencia, asaltos, secuestros, narco, etc., etc. parecieran ser los favoritos en los encuentros familiares. Sinceramente prefiero la política a la nota roja. En ocasiones estiramos la quincena hasta lo imposible o escarbamos en los bolsillos para ver si encontramos algún tesoro escondido. Son más las puertas que permanecen cerradas que las que se abren.

Se agolpan los recuerdos, viene la nostalgia. Se aproxima el primer aniversario de la muerte de mi hermano. El más cercano, el más querido, con el que más coincidencias tenía. Una agonía que duro un mes, con un sólo día de conciencia para cerrar la historia.

La Nada.

Al igual que en el universo de “La historia sin fin” de Michael Ende, nos invade consumiendo todo lo que se encuentra a nuestro alrededor, hasta que todo desaparece.

Pero al igual que en el libro, después de que todo desaparece, una luz comienza a iluminar ese inmenso vacío, una luz que nuevamente le da  vida al mundo. 

En mi caso, una luz proyectada por mi hijo, que me transforma en un verdadero mago para convencerlo de que el mundo esta en sus manos, de que sus sueños y deseos se hacen realidad a pesar de lo que ve y escucha de los adultos o de sus compañeros o de mí.

Un niño que me hace recordar el editorial del 21 de diciembre de 1897 escrito por Francis P. Church, director asistente del diario “The New York Sun”, dirigido a Virgina, una pequeña niña que esta a punto de ser absorbida por la Nada, por el escepticismo, por el cinismo, por la falta de fé y que suplica ser rescatada, que busca una guía para no perder la bondad, el amor, la generosidad, la devoción, la imaginación.

Que me recuerda aquel campo de batalla la víspera de Navidad en 1914, aquella tierra de nadie en Flanders Bélgica en la que el tiempo se detuvo. Aquella trinchera alemana que poco a poco se fue iluminando hasta que los soldados se convirtieron en blancos fáciles. En la que el silencio no fue roto por disparos, sino por la voz de un tenor entonando "Stille Nacht", mientras que en la trinchera contraria un gaitero escocés le respondía con su gaita. Aquella noche en la que los soldados de ambos bandos convivieron en la tierra de nadie, enterrando al día siguiente a sus muertos en una ceremonia conjunta.

Que me demuestra que podemos vencer a la Nada.

Que me da esperanza.

Que me renueva y me hace sentir que los mexicanos podemos recuperar la bondad, el amor, la generosidad, la devoción, la imaginación; que aun en el calor de la batalla podemos paralizar el tiempo, tener una tregua, llegar a acuerdos.

Que esa sea la revolución de 2010.

Es lo justo para nuestros hijos.

 

Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo.

 

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