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Categoría: Sergio Fonseca
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Policías cansados

 

En las últimas semanas la Policía Federal ha ocupado los titulares en los distintos diarios por la protestas de parte de los miembros de esta corporación que consideran que se están violando sus derechos al incorporarlos a la Guardia Nacional. Un grupo pide certeza jurídica mientras que otro pide indemnización para retirarse definitivamente del servicio.

Como siempre en las redes sociales hubo manifestaciones en contra y a favor del movimiento de los policías federales, pero como dice un refrán angloamericano “hablar es barato” (talk is cheap).

La realidad es que las condiciones laborales de los policías son pésimas: jornadas extenuantes, falta de capacitación, poco salario, sin derecho a la reincorporación, por mencionar algunas. Se les exige mucho por poco, más allá de lo que se les exige a otro tipo de servidores públicos.

Según estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el 70.4% de los policías en nuestro país trabaja jornadas superiores a la legal y, en la mayoría de los casos, se trata de jornadas de 24 horas de trabajo por 24 horas de descanso.

Los estudios técnicos demuestran que los policías fatigados o cansados son un peligro para ellos mismos y para los ciudadanos, ya que trabajar sin descanso provoca una evidente disminución del estado de alerta, reduce la capacidad de atención visual, afecta la velocidad de reacción, merma el pensamiento creativo, provoca falta de atención a medidas de seguridad y genera accidentes de trabajo y lesiones que pueden ser incapacitantes de manera temporal o permanente.

Además, la pérdida de sueño es un factor de riesgo para reacciones de conducta agresiva.

Esto aunado a los problemas de salud que provoca a los policías como obesidad, diabetes e hipertensión. En esta misma línea, el Centro de Investigación sobre el Sueño, de la Universidad del Sur de Australia, advierte que permanecer 24 horas en vigilia equivale a tener las condiciones físicas y mentales de alguien que ha bebido 6 cervezas de manera continua.

“Las jornadas extenuantes de los cuerpos de policía disminuyen la eficiencia y capacidades para atender a la ciudadanía; no podemos exigir policías preparados, mientras no les demos tiempo para capacitarse; no podemos exigir policías alertas, si no les damos la oportunidad de descanso; la mala condición física, el estrés y la fatiga provocan agresividad y malos tratos en el servicio prestado por los elementos de seguridad” se lee en una iniciativa presentada en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, para regular la jornada de los policías.

Pero estas iniciativas pasan de noche porque necesariamente implica un mayor número de policías para un segundo o tercer turno, con los costos que ello conlleva.

A nivel internacional, de 52 países revisados, sólo en Nicaragua y México se identificó la existencia de jornadas de 24 horas, mientras que la segunda jornada más recurrente fue la de 12 horas, seguida de la de 8 horas.

En cuanto a la capacitación, en un estudio realizado por el Programa Universitario de Derechos Humanos de la UNAM se reveló que aunque en el discurso político se ha reiterado la urgencia de profesionalizar a las policías, poco se ha hecho para cumplir efectivamente ese objetivo. Si bien se observa alguna mejoría en la Policía Federal, sus integrantes incurren con cierta frecuencia en abusos, errores ostensibles y aun conductas delictivas.

En general, nuestros policías de reacción y preventivos carecen de los conocimientos o las capacidades elementales para ejercer adecuadamente sus funciones cotidianas, tales como el uso legítimo de la fuerza, las técnicas para controlar a un individuo que debe ser sometido o detenido, o las formas de intervenir exitosamente en los conflictos.

Los policías de investigación padecen serias carencias para realizar su función principal, es decir, auxiliar al Ministerio Público en la persecución de los delitos. La mayoría de los policías de todas las corporaciones no poseen siquiera los conocimientos básicos o la práctica indispensable de defensa personal, disparo de armas de fuego, informática o razonamiento oral o escrito, y su condición física es deplorable. Un informe de la Auditoría Superior de la Federación señalaba que siete de cada diez agentes no tienen la capacidad de perseguir a un delincuente por más de 100 metros.

En cuanto a los salarios, el mismo estudio reveló que sólo el 24 % de los policías gana un salario superior a los $8,000.00, pero esto es un decir, ya que en la realidad el ingreso de los policías, al igual que el del resto de los servidores públicos, se divide en sueldo base y compensación garantizada. El sueldo base suele ser el ingreso más bajo, y con base en el cual se calculan las prestaciones laborales de los policías, y el resto lo reciben como compensación garantizada. Así, con un sueldo base de 3,500 pesos, es que se están calculando los finiquitos en la policía federal, y ya no se diga de las indemnizaciones.

Además, la vida de un policía no vale más de cien mil pesos, que es lo que pagan a la pareja de un policía cuando este muere en cumplimiento del deber.

Con los salarios, prestaciones, condiciones de trabajo y nivel de capacitación de nuestros policías, es inviable que contemos con corporaciones policíacas de alta calidad profesional. Eso no ha importado ni a los gobiernos ni a la ciudadanía ni antes ni ahora, como tampoco les han importado los agravios a que continuamente se ven sometidos.

Y tal vez como dice Luis de la Barreda, es producto del clasismo: a diferencia de lo que sucede en otros países, nuestros policías provienen de las clases más desfavorecidas y se les ve, por esa razón, por encima del hombro.

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