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Categoría: Sergio Fonseca
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Bandera mexicana

 

En torno del presidente de la República ha surgido una nueva controversia porque en distintos eventos  a los que ha asistido ha omitido hacer honores a los símbolos patrios nacionales, es decir, no ha saludado a la Bandera ni ha cantado el Himno Nacional.

La última ocasión fue el pasado domingo, cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador encabezó la ceremonia de inauguración de la XLIV edición del Tianguis Turístico, en Acapulco, Guerrero.

Durante el encuentro se interpretó el Himno Nacional mexicano y, mientras el resto de los asistentes lo entonaban, el guardó silencio.

Los comentarios que consideran estos incidentes como intrascendentes abundan en las redes sociales. Si se tratara de cualquier mexicano, efectivamente no tendría trascendencia, pero en el caso del titular del ejecutivo, la situación cambia.

Conforme al artículo 87, de la Constitución mexicana, el presidente, al tomar posesión de su cargo, protesta “… guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen…”

Una de esas leyes es la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales. En su exposición de motivos se establece que “La unidad nacional y la solidaridad entre los miembros de nuestra comunidad social se fundan en nuestra identidad de mexicanos… Nuestra identidad nacional se representa en nuestros símbolos patrios, el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, cuyo respeto y veneración constituyen la materia de la Iniciativa de Ley que nos ocupa”.

Así, uno de los objetivos de esta ley es regular los honores a la Bandera y la ejecución del Himno. Por ejemplo, la ley prevé que en los eventos “en que esté presente la Bandera Nacional, deberán rendírsele los honores que le corresponden…”, con antelación “a los que deban rendirse a personas”, “honores que, cuando menos, consistirán en el saludo civil simultáneo de todos los presentes”. La ley expresamente establece que “El Presidente de la República, como Jefe Supremo de las fuerzas armadas, la saludará militarmente”.

Asimismo, esta ley señala que se deberá interpretar el Himno Nacional, para rendir honores tanto a la Bandera Nacional como al presidente de la República.

Por estas disposiciones es que en el caso del presidente, el omitir los honores a los símbolos patrios no se trata de una simpleza, sino que conlleva una falta a la protesta que emitió el pasado 1 de diciembre de 2018 y al deber que le impone la propia ley.

Resulta extraño que el presidente no entone el Himno, porque antes de asumir el cargo, en distintas ocasiones, lo entonó. Inclusive, el día que tomó posesión del cargo entonó con el resto de los presentes el Himno Nacional. Podría argumentarse que como los honores se rinden a su persona como titular del ejecutivo federal se abstiene de entonarlo, pero la ley no establece ninguna excepción, sino que por el contrario, le impone el deber al presidente de promover “…el culto a los Símbolos Patrios”.

Algunos suponen que se trata de motivos religiosos, pero ese argumento carece de solidez cuando el presidente no tiene ningún inconveniente en portar la banda presidencial que, por definición de la propia ley, “constituye una forma de presentación de la Bandera Nacional…” y sí ha cumplido con la obligación que le impone la ley de portarla en “… las ceremonias oficiales de mayor solemnidad…” y “en la transmisión del Poder Ejecutivo Federal”. Así, no existe razón alguna para que no cumpla con el resto de sus deberes.

Es necesario destacar que el tema no es una simpleza como se puede suponer. Existe una jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que establece como justificado el cese de un profesor que se abstiene de rendir honores a la Bandera Nacional y entonar el Himno Nacional.

Asimismo, existe una tesis aislada que establece que no se violan garantías constitucionales al separar a un alumno de su escuela por no cumplir con la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales. En este último caso, el criterio destaca que “las ceremonias o devociones del culto religioso, se circunscriben a los templos o domicilios particulares, de modo que no es admisible que se traduzcan en prácticas externas que trasciendan en el ámbito social del individuo”.

Si a funcionarios públicos y mexicanos “de a pie” se le obliga a cumplir con la ley, al presidente de la República con mayor razón.

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