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Constitución de 1917

Todo funcionario público, sin excepción alguna, antes de tomar posesión de su encargo debe rendir prestará la protesta de guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen, así lo establece el artículo 128 de la Constitución.

Esta misma protesta la debe rendir el titular del Ejecutivo al iniciar su encargo, en los términos que establece el artículo 87 constitucional; los miembros del Poder Judicial, conforme con lo establecido en el artículo 97; y los miembros del Poder Legislativo como se mandata en los artículos 15 y 60 de la Ley Orgánica del Congreso General de los Estados Unidos Mexicanos, para Diputados y Senadores respectivamente.

Los antecedentes de esta protesta lo podemos encontrar desde la Constitución de Apatzingán, pasando por la Constitución de 1824, Las Leyes Constitucionales de 1836, las Bases Orgánicas de 1842, la Constitución de 1857, hasta la Constitución de 1917.

Pero esta protesta una y otra vez en el pasado ha sido ignorada y sigue siendo ignorada en el presente. Ejemplos recientes del incumplimiento de esa protesta lo vemos en el presidente del Senado, que en violación a los artículos 9 y 14 de la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales que en festividades cívicas o ceremonias oficiales en que esté presente la Bandera Nacional, deberán rendírsele los honores que, cuando menos, consistirán en el saludo civil, que se describe en el citado artículo 14.

O la aprobación de dos puntos de acuerdo, uno de la Cámara de Diputados y otro de la Cámara de Senadores, en los que se exhorta a la Secretaría de Educación Pública (SEP) a cancelar la evaluación a los profesores programada del 3 al 25 de noviembre próximos, una obligación prevista en el artículo 3 constitucional y en la Ley General del Servicio Profesional Docente.

También en la aprobación por parte de la Cámara de Diputados de la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos que, además de las inconsistencias que presenta, sería una violación al artículo 127 constitucional.

La protesta que se rinde al asumir un cargo contiene una gran carga emocional y moral, es comprometerse pública y solemnemente a ajustar la actuación al orden jurídico. El compromiso de un respeto absoluto a la carta magna y nuestra legislación.

Desgraciadamente, para muchos esta protesta es sólo un requisito más. Tal vez ese desprecio por la protesta rendida ha llevado a los altos grados de corrupción que padecemos.

Pero en el umbral de una nueva administración, que para muchos implica la posibilidad de un cambio de cómo se han venido haciendo las cosas, esta protesta debe adquirir nuevamente su alto significado, dignificando al servicio público.

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