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Categoría: Sergio Fonseca
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Peleas de gallos y capea de bovinos

Después de que en noviembre de 2016 se aprobaron reformas a la Ley de Protección a los Animales para el Estado de Veracruz de Ignacio de la Llave, prohibiendo las peleas de gallos y las capeas de toros, novillos y vaquillas, ahora se propone un retroceso en la materia con los gastados argumentos de tradición y económicos.

Así, la iniciativa presentada por la fracción parlamentaria del PAN en el Congreso del Estado de Veracruz describe las peleas de gallos como una “actividad agropecuaria que genera una considerable derrama económica” y a las “vaquilladas” como una “tradición… arraigada… por más de cinco siglos” y que su eliminación dejará una “pérdida masiva de empleos” y la pérdida de la derrama económica que generan”.

Por un momento sustituyamos al gallo y al toro en este tipo de eventos, por un perro. Por la cercanía de este animal con el ser humano, resulta intolerable que se permitan las peleas de perros y la sanción al trato cruel o vejatorio que pueden llegar a recibir, no se discute. Pues ese maltrato es el mismo que recibe un gallo de combate o un bovino en una capea.

En la exposición de motivos se dice que “los gallos de pelea han sido modificados genéticamente” para pelear. Pero en la realidad se les realizan alteraciones que nada tienen que ver con la naturaleza o la genética: les cortan los espolones para sustituirlos por navajas. Algunos criadores arrancan las plumas y mutilan las crestas y barbillas para prevenir que otros gallos se los arranquen dentro del ring. Debido a que los gallos no tienen glándulas sudoríparas, el perder estas partes del cuerpo los priva de la capacidad de enfriarse.

Y lo más importante, en la mayoría de los casos las peleas son a muerte. Si el argumento es que este tipo de gallos tienen una naturaleza combativa, ¿por qué no, como algunos proponen, se evoluciona la práctica y se eliminan los elementos ajenos a los animales como las navajas y los innecesarios combates a muerte?

En cuanto a los bovinos sujetos a capea, la organización española Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y del Maltrato Animal, destaca que estos sufren estrés, ansiedad, miedo intenso o pánico y angustia. “Aunque durante este tipo de actividades en teoría no se les provocan heridas, podemos decir que, a pesar de ello, los daños musculares, el sufrimiento respiratorio y el estrés son muy similares a los que sufren los animales en una lidia clásica”.

Es curioso, como sociedad hace años establecimos medidas para el sacrificio humanitario de animales previendo métodos para darle muerte garantizando buenos niveles de bienestar y con el propósito de disminuir al máximo el dolor, sufrimiento, ansiedad y estrés; pero se pretende que toleremos que gallos y bovinos sean sacrificados alejados de ese sacrificio humanitario.

El optar por el sacrificio humanitario es parte del desarrollo de la sociedad. A consecuencia de ese desarrollo, el uso de animales como medio de transporte fue desplazado por el uso de vehículos y se perdieron fuentes de trabajo y empleos y las personas tuvieron que dedicarse a otra cosa.

Pero el desarrollo no sólo se da en el campo tecnológico, sino también en el moral, y cosas que en otras épocas no eran incorrectas ahora son mal vistas.

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Cuando llegamos al hecho científico de que “todos los animales vertebrados están dotados de un sistema neuroendocrino que les capacita para sentir plenamente tanto experiencias positivas (placer) como negativas (dolor, sufrimiento, angustia)” se consideró como moralmente injustificable cualquier daño intencionado provocado a los animales. Ese es el origen de las legislaciones para su protección, que buscan acabar con prácticas antiguas que ya no pueden ser aceptadas por un sector de la sociedad.

El reconocido jurista argentino, Eugenio Raúl Zaffaroni, especialista en derecho penal y que actualmente se desempeña como juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, señala que el bien jurídico protegido en las legislaciones para prevenir el maltrato a los animales es “… el derecho del propio animal a no ser objeto de la crueldad humana, para lo cual es menester reconocerle el carácter de sujeto de derechos”.

En Argentina se han creado diversos precedentes judiciales sobre el tema. Así, se dice que se “…abandonó a la postura antropocéntrica fundada en el respecto a los sentimientos del hombre y su ética -entendiendo a los animales siempre en función de una relación directa con el humano-; sino orientada a evitar el sufrimiento de los animales… y, por tanto, su capacidad de sufrimiento es lo que constituye el bien jurídico protegido por las legislaciones actualmente vigentes en Europa y América Latina”.

También la Cámara de Apelaciones en lo Criminal de Paraná, establece que “las normas… protegen a los animales de los actos de crueldad y maltrato, no ya en un superado ‘sentimiento de piedad’ propio de la burguesía etnocentrista del siglo XIX, sino como reconocimiento normativo de una esfera o marco de derechos para otras especies que deben ser preservadas, no solo de la depredación sino también de un trato incompatible con la mínima racionalidad. El concepto de ‘persona’ incluye en nuestras sociedades pluralistas y anonimizadas también un modo racional de contacto con los animales que excluye los tratos crueles o degradantes”.

En Francia, el antecedente del Código Civil Federal y del resto de los códigos civiles nacionales, el Código Napoleónico, ha sido modificado para dejar de considerar a los animales como cosas, como lo hace nuestra legislación civil, reconocimiento de que si bien no son personas tampoco son cosas sino “seres sensibles”.  Se trata de un cambio que se había reconocido en una jurisprudencia desde el 16 de septiembre de 1992 en que una corte de apelaciones reconoció que los animales son “una forma de inteligencia y sensibilidad.

No podemos seguir tolerando que, para el divertimento del ser humano, se maltrate a un animal. Decía Gandhi que “la grandeza de una nación y su progreso moral puede ser juzgada por la forma en que sus animales son tratados”. Hagamos de México una gran nación. En la Ciudad de México la Constitución ya considera a los animales como seres sintientes. Es la primera, lo mismo puede hacer Veracruz. 

Digamos no a esta iniciativa.

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