La policía del Transporte Británico arrestó a un hombre de 45 años que conectó su teléfono celular a un tomacorriente del tren en que viajaba, acusándolo de “sustracción de electricidad”, un delito tipificado en la Sección 13 de la Ley de Robo de 1968, sancionado con hasta cinco años de prisión.

Tras su arresto, Robin Lee, el usuario del tren que pensó que por el mismo precio del boleto podía viajar y cargar su iPhone, presentó “un comportamiento inaceptable” después de “haberse puesto agresivo” tras su primer arresto, dando causa a un segundo arresto y una segunda imputación.

La primera acusación en su contra, la de robo de energía, terminó siendo desechada, pero hasta el momento se mantiene la segunda, su conducta agresiva hacia la autoridad.

En redes sociales Lee compartió copia de la boleta de su arresto y calificó la actuación de la policía como de “demasiado apasionada” del cumplimiento de su deber, tachando todo el asunto de ridículo. Sin embargo, su tuit sobre este particular ha sido borrado.

Pese a que se desecharon los cargos por el robo de energía eléctrica, la Policía del Transporte Británico emitió un comunicado de prensa en que explicó los hechos advirtiendo que los contactos de corriente en los trenes tienen letreros en los que se lee “para uso de aspiradoras, no para el uso público”.

Así, se ha recomendado no conectar ningún aparato electrónico en estos tomacorrientes por riesgo de cambios de voltaje: “Si algo estuviera directamente conectado (por ejemplo, una computadora estándar o un laptop sin batería), el equipo muy probablemente quedaría dañado en cualquier brecha entre sección donde el voltaje de energía cambia de una subestación a la otra”, se explicó en un foro sobre el transporte londinense.

Aparentemente al iPhone de Lee no le ocurrió ningún daño porque su reclamo sólo se refiere a la forma en que fue arrestado, pero su acto de conectar su iPhone a como diera lugar puede equipararse con el ridículo en que incurrió la semana pasada Nick Silvestri, un estudiante de 19 años que subió al escenario del teatro en Broadway en que se presenta la aclamada obra Hand to God, para conectar su teléfono a un contacto, que resultó ser parte de la escenografía.

“Vi el tomacorrientes y corrí hacia él. Ese fue el único tomacorriente que vi, así que pensé ‘¿Por qué no?’ Estaba pensando que probablemente iban a conectar algo ahí en el escenario y me imaginé que no sería gran problema si mi teléfono estaba también conectado”.

Quizá la urgencia de Robin Lee por contar con suficiente batería en su teléfono fue la misma que la del inmaduro Silvestri: “Las chicas estuvieron llamado todo el día. ¿Qué le hacía?”

Más información Theguardian.com

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