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Categoría: Lo Absurdo en el Derecho
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Hay de vecinos a vecinos y todos hemos tenido alguno que no se distingue por sus finas maneras, como la abuela Evans en Gran Bretaña. Pero la mujer de este caso, al lado del sancionado por hacer ejercicio ruidosamente, quizá sea de las vecinas más singulares que existen y a la que nadie quiere por los altos decibeles que alcanza durante sus relaciones sexuales.

 

Al parecer alcanza altísimos niveles de satisfacción que no se guarda para su intimidad y la de su pareja, sino que desea compartir con la comunidad a las tres de la mañana. La comunidad, por supuesto, no quiere ser ya partícipe de estas exaltaciones de felicidad.

 

En el 2007 los vecinos se quejaron y las autoridades enviaron equipo para medir la altitud de los golpes, llantos y gritos de Caroline Cartwright mientras estaba con su marido y se determinó que se trataba de un ruido inusualmente alto no solo dentro del edificio sino también en la calle y se le dictó una orden para que le bajara al volumen.

Pero ella no hizo caso de la orden y el ruido no cesó y fue llevada ante la corte donde se encontró culpable de incumplir esa primera orden. La multaron y le impusieron lo que en Gran Bretaña llaman ASBO, que es una orden de comportamiento antisocial, por cuatro años.

 

Pero Caroline fue reacia a cambiar sus hábitos sexuales por considerar que le prohibían tener relaciones sexuales, y tras ser arrestada tres veces por el persistente ruido, fue acusada de incumplir su ASBO, lo cual es un delito.

 

Caroline permanece en la cárcel, pues se negó a pagar una fianza, y será el jurado y el juez quienes decidan si en efecto se le está negando su derecho de expresarse libremente o si al hacerlo no respeta el derecho ajeno al sueño y la paz.

 

Fuente Times On Line

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