La moda que los actuales ministros y funcionarios franceses tiene de intercalar palabras o frases en inglés ha sido la causa para que el primer ministro francés, Jean-Marc Ayrault escribiera una carta en la que prohíbe el uso del idioma inglés.

 

En su carta, el primer ministro “recuerda” a los funcionarios que el francés se estableció en la Constitución de 1992 como el idioma oficial de la administración y de las cortes, razón por la cual usar el inglés no solo no es cool, sino que podría ser ilegal.

 

La gota que al parecer derramó el vaso de la paciencia del primer ministro fue la iniciativa del ministro de renovación industrial de llamar “Silver Economy” a un proyecto para reformar completamente la economía francesa.

 

“Nuestro idioma es capaz de expresar cada realidad contemporánea y describir innovaciones que constantemente surgen en las áreas de la ciencia y la tecnología”, escribió el primer ministro, rechazando así el nombre al proyecto económico que fue defendido por otro funcionario como un nombre apropiado para el sector que pretende expandir las exportaciones.

 

No es la primera vez que el uso del inglés crea conflicto en Francia, país muy celoso de su lengua y de su herencia cultural y que pese a numerosos intentos de algunos para que se flexibilicen las normas y reglas del idioma, ha terminado en una férrea defensa de la pureza del lenguaje.

 

Así, en enero de este año, el ministerio de cultura de Francia, conocido como la policía del lenguaje, sugirió que cesara el uso de la palabra “hashtag” para referirse a las frases muy usadas en redes sociales y se sustituyera con “mot-dièse” o que en lugar de “cloud”, nube, se usara la palabra “nuage”.

 

Se trata de una situación semejante a la que se vive en Quebec donde las autoridades han estado multando a comercios por el uso de palabras en idioma diferente del francés, como pasta o weekend, en un afán de defender el uso del idioma como parte importante de su identidad.

 

 

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