Uno de los casos de robo más insólitos que se están revisando en una corte de Manhattan es el que involucra al griego Phivos Istavrioglou quien el pasado verano, en pleno día y frente a las cámaras de seguridad, robó una acuarela obra de Salvador Dalí de una galería neoyorquina.

 

El hombre de 29 años metió la pintura titulada Cartel de Don Juan Tenorio en una bolsa de plástico de una tienda y voló a Atenas de regreso con su “souvenir”.

 

Invadido por la culpa, cuando supo que se había emitido orden de captura en su contra y que su fotografía, captada por las cámaras de seguridad de la galería, darían la vuelta al mundo, Phivos Istavrioglou decidió quitar del marco la acuarela, enrollarla como si fuera un póster, colocarla dentro de un tubo de cartón y enviarla por correo a la galería, pero de manera anónima, sin indicar remitente.

 

Pero como ladrón neófito cometió varios errores y si bien al principio de la investigación la policía solo tenía una fotografía de él, gracias al reenvío de la pintura lograron obtener su nombre. Para ello, con las mejores técnicas de CSI, identificaron huellas dactilares en la acuarela y las compararon con las que encontraron en un envase de jugo que el peculiar ladrón compró durante su visita a la galería en el verano. Así pudieron vincular el robo con la acuarela valuada en $150,000 dólares prueba que será presentada durante el juicio.

 

Y si hasta aquí todo resulta increíble, la historia se vuelve más irreal porque un policía encubierto convenció a Phivos Istavrioglou de regresar a Nueva York, haciéndole creer que era propietario de una galería de arte que quería contratarlo como asesor.

 

Por supuesto, en cuanto el ciudadano griego puso un pie en el aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York, la policía lo detuvo por el robo.

 

Phivos Istavrioglou fue presentado ya ante una corte de Manhattan en donde se declaró no culpable de hurto mayor, delito que se le imputa, y se fijó una fianza de $100,000 dólares.

 

Por todos los desafíos que presenta a la realidad y la irracionalidad que rodea a esta historia, probablemente al pintor Salvador Dalí le hubiera parecido divertidísima.

 

 

Más información Guardian

 

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