Los habitantes de la ciudad de Middleborough, cercana a Boston en el estado de Massachusetts, aprobaron esta semana por 183 votos contra 50, un nuevo reglamento por el cual la policía puede imponer multas de hasta $20 dólares a las personas que en la vía pública digan groserías.

 

Esta nueva reglamentación actualiza otro reglamento en materia de decencia que tipificaba como delito maldecir  en la vía pública, que, aunque estaba vigente desde 1968, rara vez fue aplicado por el alto costo en materia de tiempo y dinero que implica perseguir esos delitos ante los tribunales.

 

Muchos pobladores están muy satisfechos con la nueva disposición porque dicen que así evitarán que los adolescente y jóvenes utilicen entre ellos un lenguaje soez que hace sonrojar a quienes los escuchan, pero otros están más bien preocupados pues no saben quien va a determinar que se considera vulgar o soez.

 

Las autoridades han dejado en claro que no se trata de vigilar conversaciones privadas en la vía pública, sino solo multar a aquellos que en voz alta o a gritos maldigan o empleen un lenguaje no apto para todo público, pero los defensores de los derechos civiles se cuestionan si no se trata de un ataque a la libertad de expresión de la personas y en este sentido han recordado que la Suprema Corte de los Estados Unidos ya declaró que aún maldecir queda protegido por el derecho a la libre expresión.

 

Ya veremos como opera la disposición y si esta facultad no se convierte en una tentación para la policía para erigirse en vigilantes de la decencia y multar a diestra y siniestra por considerar que palabras de menor calibre también son maldiciones o groserías. Al rato quizá, como la policía de Irán, declaren que los ciudadanos deben estar agradecidos porque están cuidando la pureza del lenguaje y la dignidad de las personas.

 

 

Más información Guardian

 

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