El 22 de enero de 1993, hace casi veinte años, Edward Maher robó un millón de libras esterlinas de un banco en Felixstowe, Inglaterra. Un robo que hasta el pasado 6 de febrero los ingleses creían que había sido el robo perfecto porque Fast Eddie, como lo apodaron, había huido con su esposa y su pequeño hijo y no habían encontrado rastro de él.

 

Las cosas cambiaron cuando la policía de Ozark, Missouri, Estados Unidos, recibió el llamado de una joven esposa que aterrada les notificó que su suegro, un técnico de una compañía de televisión por cable, era fugitivo de la justicia, residente ilegal en Estados Unidos, y que además la tenía amenazada y que ella temía por su vida.

 

La policía de Ozark, realizadas las indagaciones, quiso notificar a sus contrapartes ingleses solo para descubrir que su plan de telefonía no incluía las llamadas de larga distancia, un error que casi es la oportunidad para que Maher volviera a huir.

 

El hijo de Maher, quien era conocido por el apellido King, es un joven de 22 años que se ufanaba de haber sido educado desde muy pequeño para mentir, pero que a la menor provocación contaba la historia de su padre, unas veces incluyendo un homicidio ficticio, y a quien, sin embargo, nadie le creyó, lo que le valió el calificativo de mentiroso patológico.

 

Pero su esposa le creyó, sobre todo después de que en diciembre pasado su suegro llegara a su casa y la amenazara con matarla en caso de delatarlo. Eso dio pie para que buscara información y encontrara la foto de Fast Eddie, un buscado criminal, que más delgado y con cabello era, sin lugar a dudas, su violento suegro.

 

Maher ahora está detenido acusado por las autoridades de los Estados Unidos del delito de posesión de armas siendo un residente ilegal y se empieza a tramitar una posible extradición a Inglaterra, un proceso que podría durar varios meses.

 

La nuera está en una casa de seguridad pues teme por su vida y la del hijo que espera, quien será el quinto hijo de Lee King, y a la espera de saber si la recompensa de cien mil libras esterlinas por proporcionar información sobre el paradero de Maher sigue vigente.

 

Lo paradójico del caso es que Maher no tiene dinero para pagar un abogado, pues del millón de libras que robó y que diera origen a esta historia, no queda más que el recuerdo y la posible sanción, pues parece ser que la familia lo perdió todo en una mala inversión en la bolsa.

 

 

Más información The New York Times

 

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