El fiscal general de Irán anunció esta semana que se confirma la sentencia emitida en 2008 en contra de Majid Movahedi, quien en 2004 arrojó ácido sulfúrico al rostro de su compañera de clase Amaneh Bahrami, dejándola completamente desfigurada.

 

La sentencia en contra de Movahedi es que en cada uno de sus ojos se viertan 10 gotas de ácido sulfúrico para así, conforme a la Ley del Talión, reciba el mismo dolor que infringió con su acción.

 

Y quizá lo más grotesco del asunto sea que en la sentencia se contempla que sea la víctima, Amaneh Bahrami quien ejecute el castigo a su agresor.

 

Amaneh, además de haber quedado desfigurada por la agresión, ha perdido la vista. Fue agredida por Movahedi cuando se negó a ser su esposa y anunció su compromiso matrimonial con otro hombre.

 

La mujer ha declarado que está complacida con la sentencia no porque se trate de venganza, sino para que otros hombres se abstengan en el futuro de lastimar a las mujeres, y agregó que por dos millones de euros estaría dispuesta a ceder su “derecho” de ejecutar la sentencia.

 

La Ley del Talión fue muy usada en la Edad Antigua y en la Media, cuando se pretendía aplicar una justicia retributiva en donde la pena no solo era equivalente sino idéntica. Ese es el caso del “ojo por ojo, diente por diente” señalado en el Antiguo Testamento de la Biblia.

 

Sin embargo a través de los años el principio de la imposición de penas evolucionó para evitar que la justicia se convirtiera en venganza y quizá por eso llama tanto la atención que se siga utilizando este tipo de penas en ciertos sistema jurídicos.

 

A nuestros ojos, se trata de un absurdo, ya que la sentencia es tan cruel como la acción misma y se podría calificar de tortura. Incluso Amnistía Internacional ha denunciado el hecho.

 

Velar por los derechos humanos no implica la protección del criminal que desfiguró a Amaneh, y aunque se trata de una sanción idéntica al daño, con ella Amaneh tampoco  recuperará su rostro y sus años perdidos y solo cometerá la misma crueldad que se cometió con ella.

 

Más información El Comercio

 

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