Bolsas de basura

 

Para evitar la proliferación de ratas, se prohíbe a residentes de Ámsterdam alimentar a los pájaros

Otro efecto adverso de la pandemia por COVID-19 y el consecuente confinamiento ha sido la aparición de ratas. Al menos es un problema que residentes del vecindario de Rivierenbuurt en Ámsterdam, Países Bajos, reportan narrando horribles historias de ratas saliendo de baños en segundos pisos o paseando al lado de las carriolas de los bebés.

La queja de lo que los vecinos califican de plaga fue presentada hace dos meses a la ciudad y la respuesta de las autoridades ha sido la prohibición de alimentar a las aves (y a otros animales) en el distrito sur de Ziud, con la imposición de multas de hasta 70 dólares por incumplir la disposición.

“Frecuentemente las personas piensan que están ayudando a los pájaros”, se lee en el comunicado de la ciudad. “Pero al alimentarlas se les da comida desbalanceada e innecesaria”, señalan en alusión a hallazgos del servicio de salud pública que muestran que la alimentación excesiva lleva a menos tipos de aves y menos saludables.

El llamado es a dejar de arrojar pan a las aves y en su lugar tirar todo desperdicio de comida en bolsas en contenedores cerrados y mantener limpios y con el pasto cortado los lugares en donde las ratas anidan.

Las autoridades de la ciudad reconocen que con el confinamiento ha aumentado la cantidad de basura y aunque han prometido tratar de resolver a la brevedad esta situación y cortar los pastizales crecidos, se han negado de momento a declarar una plaga de ratas o de otras alimañas.

En 2019, frente a la propuesta del gobierno de prohibir la venta al público general de un popular raticida por los daños generados al medio ambiente, el Centro Neerlandés de Expertos en Plagas y Vida Silvestre, KAD por sus siglas en neerlandés, se opuso señalando que no existen en el mercado buenas alternativas a ese veneno y que prohibirlo podría suponer en pocos años una plaga masiva de ratones y ratas en Países Bajos.

Aunque muchos podrían suponer que la prohibición del raticida dio origen a la aparición de las ratas, se trata de un problema que azota a las grandes (y a veces no tan grandes) urbes, debido al “sucio comportamiento de las personas”, como lo señaló una política neerlandesa, y eso lo sabemos porque en años pre-pandemia vimos a las ratas compartir con los parisinos los jardines de El Louvre, por ejemplo.

En Nueva York ese “sucio comportamiento” llevó a las autoridades a plantearse seriamente prohibir que las personas comieran en el metro para que, cesando la fuente de alimentos a los roedores, su descendencia fuera diezmando paulatinamente y dejara de ser un problema de salud pública. Finalmente la iniciativa presentada no fue aprobada y se puede comer y llevar comida en el metro, aunque no en los autobuses de la ciudad.

Más información dutchnews.nl

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