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Concejal italiano pregunta si la estrategia de una maestra para evitar que sus alumnos hicieran trampa, se equipara a tortura

La estrategia de una maestra de latín y griego de una escuela italiana para evitar que sus alumnos miren sus apuntes durante un examen oral ha alcanzado dimensiones lgales pues se ha llegado a cuestionar si no equivale a tortura. ¿Cuál es esta estrategia? Pedir a las alumnas que venden sus ojos.

En tiempos de Covid-19 y de la educación a distancia, las y los docentes tienen que ser creativos al impartir sus clases y evaluar a sus alumnos. Una solución al problema de estudiantes mirando subrepticiamente libros y apuntes se le ocurrió a una maestra del Instituto Caccioppoli en la ciudad de Scafati, provincia de Salerno, que pidió a dos de sus alumnas que se cubrieran los ojos, como en el juego de la gallinita ciega, para responder el examen oral de latín y griego.

El tema no hubiera trascendido del aula virtual de la clase de no haber sido publicado por el diario local cronachedellacampania.it, haberse hecho viral y haber llamado la atención de angustiados padres de familia por el trato que reciben sus hijos.

La primera respuesta al asunto la proporcionó el director del Instituto, Domenico D'Alessandro, quien declaró a la agencia de noticias ANSA que se trató de un ejercicio de la profesora para enseñar a sus estudiantes que no es necesario mirar a los libros para demostrar que saben la materia.

El director explicó que el asunto tuvo trascendencia porque el concejal regional Francesco Emilio Borrelli, tomó el asunto y lo presentó a la concejala regional de Educación Lucía Fortini preguntando si la estrategia no equivale a tortura.

El concejal Borrelli escribió en su perfil de Facebook sobre este asunto, diciendo que el informe de lo ocurrido en la escuela de Sacafati le fue presentado “como una práctica considerada de mal gusto y poco formativa para los niños,” agregando: “Ciertamente no es un momento fácil ni para los estudiantes ni para los profesores. Precisamente por eso, quizás, convenga utilizar siempre la delicadeza y la comprensión. Vender los ojos a los estudiantes es definitivamente un método poco ortodoxo, así que escribimos a la escuela para pedir explicaciones y comprender cómo pudo haber sucedido. Sin duda, habrá otros métodos para evitar que los niños echen un ojo al libro durante un examen. También planteamos una pregunta a la concejala regional de educación pública, Lucía Fortini, para entender cómo pudo haber sucedido esto y para verificar si esto también ocurre en otros institutos”.

Cuestión de opiniones, pero equiparar la práctica a la tortura, un delito muy grave, parece estar fuera de proporción. Quizá hay padres de familia que consideran que la maestra debe ser procesada penalmente por haber torturado a sus hijos deshonestos para forzarlos a no hacer trampa.

Más información ilgazzettino.it

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