Mapa de Nueva Zelanda

 

Ni aún en estos tiempos de crisis las teorías de conspiraciones cesan, encabezadas unas por el mismo presidente de los Estados Unidos y el virus “manufacturado” en China (información que ha sido desmentida por sus propios científicos) y las más que insisten en que la pandemia es una farsa.

Teorías de la conspiración fueron expuestas el viernes en un tribunal en Auckland, Nueva Zelanda, por dos hombres que han demandado al gobierno de la primera ministra Jacinda Ardern a quien acusan de haberles impuesto una detención arbitraria con las medidas de confinamiento decretadas para todo el país para evitar el contagio del coronavirus COVID-19.

Ante la juez Mary Peters, uno de los demandantes expuso que antes de imponer las medidas de cierre, la primera ministra debió haber consultado con el secretario general de la ONU, António Guterres, y que en realidad la imposición de estas estrictas reglas es parte de una conspiración para arruinar la economía neozelandesa.

“No es una pandemia. Es una pánic-demia y ella encabeza el espectáculo”, dijo este hombre cuyo nombre ha quedado reservado por orden judicial.

“Ella tomó una taza de té con [sir Stephen] Tindall y ambos decidieron arruinar la economía de Nueva Zelanda y despojarme de mis derechos”, agregó el molesto hombre ante la juez. (Stephen Tindall es un influyente empresario neozelandés).

El peticionario actualmente cumple arresto domiciliario y ha solicitado al tribunal un habeas corpus para que sea presentando a la brevedad ante un juez que resuelva lo que él califica como una detención.

En este sentido ha dicho que incluso su sentencia le permite dejar su residencia de 8 de la mañana a 5 de la tarde, lo que no puede hacer bajo las medidas de confinamiento impuestas en Nueva Zelanda que permiten salidas para actividades estrictamente necesarias.

Citando a Stalin dijo: “Una muerte es una tragedia, un millón de muertes es estadística”, y partiendo de esto dijo que las once muertes que se habían registrado hasta el viernes en Nueva Zelanda “ni siquiera son estadística”.

También opinó sobre el modelo que señala que de no haberse impuesto las estrictas medidas de confinamiento, unos 80,000 neozelandeses morirían durante la epidemia. Dijo que este modelo es “un bien tejido cuento chino de completa destrucción”.

Las restricciones para salir a nadar o cazar, agregó, siguen la “falaz” premisa de que las salas de emergencia de los hospitales están muy ocupadas.

"Nos enfrentaremos a un cadáver, el cadáver de los derechos", concluyó sus alegatos.

El segundo peticionario dijo que la decisión del confinamiento y cierre de actividades no se fundamenta en información real.

“Esta petición es sobre la legalidad de las acciones de la primera ministra y del director general de salud para abrogar los derechos de los neozelandeses”, agregando que las decisiones se habían tomado sobre “información espuria tomada de fuentes desconocidas”.

En respuesta del gobierno, Austin Powell, abogado de la primera ministra, dijo que aunque hay restricciones durante el confinamiento, las personas siguen teniendo la autonomía para decidir sobre las salidas esenciales. “No se necesita obtener permiso previo o que se reporten los movimientos”, dijo el abogado, a diferencia de lo que sucede en Dubái, por ejemplo.

Además explicó que las medidas no exigen que las personas permanezcan en sus casas un mínimo de horas cada día. "Esto no llega lo suficientemente lejos como para ser considerado una detención", añadió el abogado señalando que la Ley de Salud confiere en estos casos amplios poderes para la imposición de medidas que se consideran en el mejor interés de la población en general.

La decisión no se dio a conocer la semana pasada y la juez Peters dijo que iba a considerar detenidamente el asunto, clasificándolo de urgente para rendir su decisión pronto.

Son teorías de la conspiración que aunque tienen muchos cabos sueltos, no falta quien las crea por la forma y veces en que se repiten y por la pereza de investigar y reflexionar detenidamente sobre ellas.

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