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Vaca pastando con cencerro

 

Un nuevo revés ha sufrido el matrimonio que en el pacífico y rural pueblo de Erlkam, al sur de Múnich, Alemania, se han quejado desde 2015 del ruido de los cencerros de las vacas de su vecina, además del mal olor del estiércol y la presencia de insectos.

La pareja, cuyo nombre se desconoce, se mudó al terreno que ahora ocupa en 2011, cuando el terreno de al lado estaba vacío. En 2014 la propiedad vecina fue alquilada por una mujer, Regina Killer, quien llevó con ella a sus vacas.

Por el ruido de las campanas de las vacas el matrimonio se quejó, pero en 2015 ellos y la granjera llegaron a un acuerdo en el que establecieron que las vacas sin cencerro pastaran al lado de su propiedad, pero que las que tuvieran cencero se mantuvieran en otra zona a por lo menos 20 metros de distancia de la colindancia de las dos propiedades.

Pese al acuerdo, el vecino procedió ante los tribunales para pedir que se ordenara que los cencerros de todas las vacas fueran retirados e incluso ofreció a la granjera pagar para que a las vacas se les implantaran chips rastreadores, ofrecimiento que la granjera rechazó.

En diciembre de 2017 un juez de la corte regional de Múnich rechazó la demanda porque consideró que el acuerdo al que las partes llegaron en 2015 es legalmente vinculante y que las partes debían proceder conforme con él.

Ese mismo mes, una nueva demanda se presentó en contra de Regina Killer, pero esta vez por la esposa quien reclamó por la contaminación auditiva de los cencerros.

Como parte de su argumento, sus abogados presentaron una grabación del sonido de los cencerros por la noche, que alcanzan más de 70 decibeles en la ventana del dormitorio del matrimonio. Sin embargo, el juez consideró que la evidencia proporcionada fue insuficiente y también desechó la acción.

El caso no sólo ha generado titulares por lo absurdo de la petición en una zona rural, sino también malestar por parte de habitantes y autoridades locales, para quienes “la vaca, con el cencerro, es parte de la cultura de la vida rural”, como lo declaró la política bávara Ilse Aigner.

Los problemas entre vecinos por el sonido de los animales no son nuevos. En Suiza se presentó un caso ante los tribunales de una persona que se quejaba del ruido de las gallinas. Los tribunales suizos no solo desecharon esta demanda, sino que ordenaron a los quejosos a pagar costas judiciales.

Respecto de los cencerros, la tradición de su uso es tan arraigada que en Suiza se negó la nacionalidad a una activista que se opuso al uso de los cencerros por las vacas por la contaminación auditiva.

Para Regina Killer, el caso en su contra es “una cuestión de nuestras tradiciones” y agregó, de forma algo exagerada que “si sigue así, será el fin de Baviera”.

Más información bbc.com

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