Mezcladora, música

Parece increíble pensar que la ciudad de Nueva York, la que se considera a sí misma como la capital nocturna del mundo, tiene una ley que prohíbe el baile en bares y locales de entretenimiento. Se trata de una ley que data de la era de la llamada Prohibición, pero cuya vigencia es probable que termine este día.

La ley de no baile es conocida como la Ley Cabaret que inició vigencia en 1926. Se cree que la ley fue usada originalmente en contra de los clubes de jazz de Harlem que permitían que personas de diferentes razas interactuaran, sin embargo, la misma terminó siendo ampliamente aplicada.

Esta ley hace ilegal el mantener “entretenimiento musical, canto, baile o cualquier otra forma de divertimento” sin una licencia. En 1936 la ley fue reformada para permitirse música de piano y el radio, sin necesidad de licencia. El baile, sin embargo, continuó prohibido.

Las licencias para operar son muy costosas y difíciles de obtener ya que se deben obtener autorizaciones de varias autoridades y solo los locales ubicados en ciertas zonas comerciales son candidatos a ella. Es por ello que, en la actualidad, solo 97 de los más de 25,000 establecimientos de alimentos y bebidas que operan en Nueva York tienen licencias de cabaret.

Entre 1940 y 1967, la ciudad empezó a pedir a los músicos y a los empleados de cabarets sus huellas digitales para poder entregarles un “carnet de cabaret”, requisito para trabajar. Artistas como Billie Holiday o Ray Charles no se pudieron presentarse en bares de Nueva York porque al tener antecedentes penales por uso de drogas no fueron candidatos al carnet. Por su parte, Frank Sinatra se negó a presentarse durante varios años en Nueva York por considerar que era indigno que le tomaran sus huellas digitales.

Hasta 1980, los bares no podían presentar más de tres artistas en una noche y durante mucho tiempo no se podían ejecutar instrumentos de viento ni percusiones.

En la década de 1990, durante la administración de Rudolf Giuliani, la Ley Cabaret fue usada ampliamente para cancelar centros nocturnos, ejecutando así las políticas de calidad de vida. Desde dicha administración la ley no ha vuelto a ser ejecutada tan estrictamente.

Se han presentado varios intentos judiciales por la abrogación de la ley, algunos de ellos alegando una violación al derecho de libertad de expresión de quienes bailan. Actualmente se sigue un litigio presentado por el dueño de un local que fue clausurado en 2013 cuando un policía vio gente “balanceándose” en el interior.

Para evitar las clausuras, los dueños de bares y sitios de entretenimiento en Nueva York tienen que ejecutar trucos como prender las luces o poner Eleanor Rigby para calmar a los asistentes y evitar que bailen, así como de plano evitar cierto tipo de música como la latina o la electrónica.

La iniciativa para la derogación de esta arcaica ley fue presentada ante el consejo de la ciudad por Rafael Espinal, consejero de Brooklyn, quien desde inicios de esta semana declaró que ya tenía los 26 votos necesarios para abrogar la ley.

Es interesante hacer notar que no muchos neoyorquinos conocen de la existencia de esta ley, pese a que se han creado varias organizaciones que han cabildeado la abrogación de la prohibición bajo lemas como “Deja que NYC baile”. Así, ha sido hasta ahora que se ha obtenido el objetivo que muchos habitantes de la ciudad han caído en la cuenta de que, como en Japón hasta junio de 2016, no podían bailar. Con esta “noticia”, la trama de la película Footloose, protagonizada por Kevin Bacon hace varios, varios años, no parece tan absurda.

Más información nytimes.com

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