Salmón silvestre

 

En tribunal indígena en los Estados Unidos se ha demandado a Seattle por poner en riesgo la existencia de los salmones silvestres

En la Corte Tribal Sauk-Suiattle en el estado de Washington, Estados Unidos, la nación originaria Sauk-Suiattle presentó una demanda en contra de la ciudad de Seattle en representación de los salmones silvestres por estar poniendo en riesgo su existencia con la operación de tres presas.

Se trata de una demanda que invoca en los Estados Unidos los derechos de la naturaleza, un movimiento que no es muy reconocido en ese país, pero que en otros ha tenido un impacto importante en la defensa del medio ambiente. Un ejemplo es Ecuador, en donde en 2008 se concedió en la Constitución personalidad jurídica a la naturaleza, con derechos que han sido reafirmados por la Corte Constitucional en recientes decisiones al señalar que no son “únicamente ideales o declaraciones retóricas, sino mandatos jurídicos”.

La demanda ha sido presentada a nombre de los TsuladxW, salmones en la lengua lushootseed de la etnia indígena. En la documentación legal se expone que el río Skagit embalsado ya no está proporcionando suficientes salmones silvestres para los ritos de indígenas de la tribu ni para alimentar a sus miembros, poniéndose en riesgo la existencia misma de los salmones. Por tanto, hay violaciones a los derechos de los salmones a no ser sujetos de embargos o aprehensiones ilegales y a un debido proceso, derechos protegidos en la Cuarta Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos.

“Las personas deben saber que estas son nuestras leyes y que si se entra en nuestro territorio y se hacen cosas que nos afecten, se debe estar familiarizado con nuestras leyes y mostrarnos respeto”, declaró sobre la demanda el abogado Jack Fiander, representante de la etnia indígena. “Estas creencias indígenas no deben ser ridiculizadas. Están basadas en conocimientos ancestrales y no deben ser menospreciadas”.

Con esta acción legal se busca que se reconozca que los peces tienen “el derecho a existir, prosperar y evolucionar naturalmente”, una creencia sostenida por la nación originaria, como varias otras sostienen la existencia de derechos a los ríos, por ejemplo.

Como respuesta a esta demanda, el organismo público de Seattle que administra las presas ha solicitado a un juez federal que deseche la demanda porque las presas del río Skagit están fuera de la jurisdicción de los Sauk-Suiattle.

Si bien las presas del río Skagit están sujetas a numerosas regulaciones ambientales, los activistas señalan que se trata de protecciones inadecuadas porque hay pocos recursos cuando las administraciones debilitan las protecciones. Por ejemplo, en 1995 Seattle negoció con la Comisión federal Reguladora de Energía, FERC, por sus siglas en inglés, un acuerdo en el que se permite que la ciudad dañe el hábitat de los salmones mediante el drenado de una porción del río Skagit, pese a que los salmones están en lista de la Ley de Especies en Peligro.

Seattle está negociando un nuevo acuerdo don la FERC que podría tener una duración de 50 años y frente a ello, poco se puede hacer.

Si los salmones o el río tuvieran sus propios derechos, podría haber una ruta legal para exigir en justicia del medioambiente cada vez que una autoridad ignore las protecciones que existen, explicó a The Guardian Elizabeth Kronk Warner, decana de SJ Quinney College of Law en la Universidad de Utah. “Al final, un individuo que actúe en su capacidad individual simplemente no podrá proteger los derechos de la naturaleza de la misma manera en que el elemento natural puede hacerlo”, dijo la académica.

El abogado Fiander ha declarado que si los salmones silvestres desaparecen, el pueblo indígena Sauk-Suiattle no podría seguir confiando en las instituciones como la FERC para proteger a los peces sagrados.

“No puedes contar con que la autoridad federal haga lo correcto. Ellos toman consideraciones comerciales, por lo que usar estos otros medios legales es lo indicado”, declaró el abogado Fiander. “Lo que está haciendo Seattle podría seguir durante 50 años y el salmón podría extinguirse dentro de 10 o 15”.

Más información theguardian.com

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