En una decisión inusitada, la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos solicitó a un juzgado federal en el estado de Georgia que revise el caso de un reo condenado a muerte por el asesinato de un policía en 1987.

 

La decisión ha despertado mucha controversia ya que el asunto del reo, de nombre Troy Davis, es cosa juzgada. Sin embargo, Davis introdujo una nueva petición ante la Corte para que se revisara su caso porque ha aparecido nueva evidencia respecto de su inocencia.

 

La verdad jurídica es la que ha quedado establecida en los tribunales cuando la sentencia es firme. Por tal motivo, y dado que el caso ya no admitía mayores apelaciones, la verdad jurídica es que Davis es culpable y conforme a la legislación estatal, merece la pena de muerte.

 

Pero los testigos se retractaron de su testimonio original y las evidencias actuales parecen apuntar a que el verdadero homicida es quien fungió como testigo principal contra Davis. Por eso el ministro Stevens declaró que matar a un hombre inocente es una violación a las leyes y sobretodo a los principios constitucionales y con ese fundamento se ha solicitado la revisión de la nueva evidencia.

 

Mientras ayer por la noche se velaban los restos del sub-comandante de la Policía Intermunicipal de Veracruz - Boca del Río, quien murió tras haber sido brutalmente atacado a balazos para después incendiar su casa, en el otro extremo de la ciudad la música en los bares y discotecas sonaba a todo volumen invitando a la gente a seguir festejando.

 

Este sub-comandante no murió solo. Junto con él asesinaron a su esposa y a sus cuatro hijos, tres niñas de 15, 13 y 12 años y un niño que el día que murió iba a festejar su séptimo cumpleaños. Las niñas murieron asfixiadas por el humo. El niño con impactos de bala.

 

Se trata de un hecho que debe alterarnos como sociedad, que debe poner otra vez el grito de ¡Ya Basta! en las gargantas no solo de los veracruzanos, los principales agredidos, sino de todo México. Y sin embargo, solo se ha escuchado un “ups, que pena” y a seguir la fiesta porque la vida es corta como para andar llorando muertes ajenas.

 

Los que crecimos en un México sin tanta violencia, estamos asustados, angustiados, apabullados. Y quienes están creciendo en esta violencia lo ven como algo normal y cotidiano, como hechos por los que la vida no debe detenerse ni aún para proteger la propia vida.

El delito de violación es uno que lesiona profundamente a la sociedad porque se ataca en los más íntimo a una persona, pero además porque pone de manifiesto la ley de la fuerza bruta frente a la razón. Por ello hay quienes incluso proponen la pena de muerte para los violadores dejando claro que se trata de uno de los delitos más graves.

 

Pero quizá quienes abogan por la pena capital para estos sujetos no se han puesto a considerar que ahora muchas violaciones son cometidas por niños, no jóvenes, niños, muchos de los cuales por su corta edad ni siquiera pueden ser imputados penalmente en sus países.

 

Tal es el caso de los cuatro niños españoles que violaron a una niña de 13 años y cuyo caso ha destapado el de otras violaciones parecidas en territorio español.

 

Cuando se detuvo a estos niños solo se pudo procesar a uno penalmente porque los otros no alcanzaron los 14 años de edad para ser calificados como responsables de su delito. Así que mientras la niña a quien violaron vive asustada, deseando cambiar de casa y colegio y con su autoestima destruida, estos chicos solo recibieron un tirón de orejas y quizá un sermón sobre lo mal que está lo que hicieron.

 

Ante el suceso, como suele suceder después de “ahogado el niño”, diferentes funcionarios, parlamentarios, grupos y personas clamaron en España por la reducción de la edad penal para poder procesar penalmente los casos de niños violadores que se puedan presentar en el futuro.

 

En Estados Unidos sucedió un caso parecido en donde niños de entre 9 y 14 años violaron a una niña de tan solo 8 años. En este caso no solo los niños, incluido el de 9 años, serán procesados sino que el de 14 será juzgado como adulto por lo que podría enfrentar cadena perpetua.

 

¿Pero la solución es reducir la edad penal? Por supuesto que queda sensación de injusticia cuando se comete un delito de tal gravedad y quien lo cometió no recibe castigo. Pero por el otro lado nos debemos preguntar si el niño de 9 años tenía plena noción de lo que hacía o si lo hizo por seguir a los grandes y ser parte del grupo o siquiera si se enteró que cometía una de las mayores agresiones en contra de otra persona. Y hay que preguntarnos todo ello en el contexto de una sociedad que no considera el sexo oral como sexo y donde es la sexualidad la que se encarga de vender desde helados hasta ropa “cool”.

 

No se trata de juzgar a las sociedades españolas o estadounidense de lejos, sino también de reflejarnos en ellas porque nosotros también  estamos sobre excitando sexualmente no solo a los jóvenes sino a los niños y como ejemplo están las fotografías de la actriz Dana Paola quien a sus 13 años asumió poses sensuales en bikini frente a la cámara mostrando un cuerpo todavía aniñado ¿O crres que en México estamos ajenos al sexting o práctica de las niñas de mandar sus fotografías semidesnudas vía celular o colocarlas en alguna red social? ¿No circularon fotografías de la cantante Belinda desnudándose frente a su cámara de Internet?

 

¿El problema se trata de leyes? ¿Le pedimos al Congreso que reduzca la edad legal para hacer imputables a nuestros niños de delitos a los que los estamos empujando sutilmente? ¿El tenerlos en las cárceles superpobladas en un sistema penitenciario que ha demostrado ser ineficiente soluciona la situación? ¿Pedimos también la pena de muerte para  los niños violadores quienes también son víctimas?

 

Hay problemas que no se trata de leyes, porque nada se soluciona de un plumazo, y que no son la sola responsabilidad del gobierno. Quizá es momento de asumir nuestra responsabilidad como padres, maestros y adultos y empezar a educar, aunque exija más que solo llegar tarde a señalar con el dedo, castigar y esconder tras las rejas en una filosofía de “ojos que no ven, corazón que no siente”.

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Un hacker francés robó contraseñas de correos electrónicos de empleados de Twitter y así se hizo de información de la empresa que luego cedió a otras publicaciones.

 

Pero la situación va más allá del robo de la información porque el hacker envió esta información a Techcrunch que es una organización de publicaciones electrónicas en materia de novedades de Internet y empresas, y quienes decidieron publicar los datos que consideraron más interesante como la información financiera.

 

Techcrunch se defiende alegando que casi a diario publican información confidencial muchas veces filtrada a través de empleados. Sobre este caso especifico Techcrunch dice que no van a publicar información sobre personas que buscaron empleo en Twitter porque causaría malestar a esas personas. Reconocen entonces que hay una línea ética que dicen que no van a traspasar, pero a renglón seguido anuncian que publicarán datos financieros porque se trata de información “asombrosa”.

 

Las declaraciones del actual secretario de Comunicaciones y Transportes respecto de los lamentables hechos ocurridos en la guardería ABC de Hermosillo Sonora, están poniendo de manifiesto un asunto que debe preocuparnos y ocuparnos y que se trata de la evasión de responsabilidad de los funcionarios mexicanos que no aceptan que no cumplieron cabalmente sus obligaciones consignadas en las leyes.

 

Esta falta de asunción de responsabilidad se presenta en varios niveles de gobierno. Por ejemplo, tras el ataque con grandas a un antro o centro nocturno en Boca del Río, Veracruz, el presidente municipal convocó a una rueda de prensa para mostrar la evidencia de que él no tenía nada que ver con lo que se hacía en ese lugar ya que el permiso de operación fue expedido hace dos administraciones y así, con esa simpleza, se lavó las manos como Pilatos.

 

Con acciones como esa todo parece indicar que la tónica general de nuestros funcionarios parece ser evadirse de responsabilidad con frases como “yo lo recibí así” “a mi no me tocaba hacerlo” o  “yo no lo autoricé”, frases que parecen confluir en el clásico reciente de “¿y yo por qué?”

 

Idealmente los gobiernos deben proteger a todos los habitantes y particularmente a los más vulnerables.

 

Los más vulnerables como las madres trabajadoras que por un sueldo muy bajo que le de para medio ir pasando la quincena debe dejar a su bebé en una guardería del IMSS, porque sus ingresos no le permiten quedarse en casa a cuidar a su hijo ni pagar una guardería privada que proporcione un mejor servicio. Así que debe confiar en que el estado mexicano cuida de ella y cuida de su hijo que al ser un menor de edad, un bebé, es el habitante más vulnerable de este país y el que merece una mayor protección.

 

Esta protección es una hermosa teoría que se plasma en las leyes pero que no llega a la realidad por culpa de todos nosotros que seguimos queriendo vivir en un país de influencias y no de leyes, en donde lo más importante en las tarjetas de presentación es el “yo conozco a”, seguido, probablemente, de algunos billetes que compren conciencias.

 

El mes pasado se presentó un caso que conmocionó a Estados Unidos, sobre Daniel Hauser, un niño con cáncer y sus padres, Colleen y Anthony, que se negaron a la quimioterapia ya que habían optado por terapias alternativas.

 

Sin embargo, el derecho consideró que los padres estaban fallando en su obligación respecto de su hijo y mediante una decisión judicial se obligó a esos padres a presentar al niño en el hospital para iniciar el agresivo tratamiento.

 

Ante la situación, Colleen decidió huir con su hijo, tras lo cual se emitió una orden de arresto en su contra y se convirtió en prófuga de la justicia. Se cree que ellos llegaron a México donde seguirán con las terapias alternativas.

 

Este no es el primer caso que se presenta en aquel país ya que se pueden encontrar numerosas historias de batallas en tribunales entre médicos y padres sobre lo que es mejor para un menor. En algunos casos han ganado los padres, pero en otros ha ganado el sistema de salud tradicional.

Los idealistas me van a contestar que no tiene precio; los pragmáticos que no vale un cacahuate. Pero tratemos de ser justos y de aterrizar la idea.

 

No soy de números, nunca he sido una persona de números, pero hoy vamos a necesitar un par de cifras para poder contestar la pregunta.

 

En las elecciones para diputados federales, entre asignaciones a los partidos políticos y la organización misma de la jornada electoral, se está pagando (o estamos pagando) $819,488,876.31 y después se va apagar a cada diputado federal una dieta neta mensual de  $ 77,745.00, Apoyos para Actividades Legislativas $45,786.00 y Atención Ciudadana $28,772.00, haciendo un total de $152,303 eso, claro, sin contar los accesorios como viáticos, celulares, personal, coche, etcétera, etecétera. Y solo hablamos de diputados.

 

En un país en donde hay poblados sin comunicación, calles sin asfaltar, barrios sin servicios de agua potable ni electricidad, niños sin acceso a la escuela y padres sin dinero para alimentar a sus hijos, se trata, sin duda, de mucho dinero.

En Argentina empiezan a conocer a un clásico mexicano reciente que con su ¿y yo por qué? elevan su protesta en una localidad de aquel país en donde aprobaron una disposición según la cual los padres de los menores de edad que se encuentren en la vía pública en estado de ebriedad serán multados.

¿Es justo? Si por justicia entendemos dar a cada quien lo que le corresponde, estrictamente no es justo porque el que está en estado de ebriedad no es la persona sancionada, pero habrá quienes contesten que los hijos son responsabilidad de los padres, y eso también es cierto…hasta cierto punto.

Es como cuando tenemos un animal (de los de cuatro patas y cola). Somos responsables de lo que haga de tal manera que si se el burro (el animal) patea al vecino, seremos responsables del pago de los gastos médicos por las heridas que sufra el vecino. Pero eso aplica porque se trata de un animal que es un bien, es decir, una cosa que aunque se mueve no tiene ni inteligencia ni voluntad y por lo tanto tampoco tiene capacidad de ejercicio.