En un acto que bien señala el presidente de Afganistán como un crimen contra la humanidad, un grupo de talibanes colgaron a un niño de 7 años acusado de ser espía.

 

Lo anterior ocurrió en la ciudad de Heratiyan, provincia de Helmand, Afganistán, lugar que sigue bajo un fuerte control del Talibán y donde se han recrudecido los actos de violencia en recientes fechas.

 

Según reportes ofrecidos a la prensa, los militares sometieron a juicio al niño de 7 años a quien acusaron de ser espía del presidente de ese convulsionado país, Hamid Karzai, y al encontrarlo culpable, lo colgaron públicamente en una plaza.

 

Frente a estos hechos, el presidente afgano señaló que “un niño de siete años no puede ser otra cosa que un niño de 7 años, por lo que disparar o colgar a un niño de 7 años  constituye un crimen contra la humanidad”. En su declaración, sin embargo, no dio por ciertos los hechos y señaló que las autoridades están investigando si este homicidio se cometió.

 

¿Qué pasa cuando un hombre descubre que su hija, a la que educó, crió y amó durante 17 años, no es en realidad su hija?

 

Muchos hombres seguramente dirán que eso no cambia la relación de amor con los hijos, aunque claro, seguramente se sentirán profundamente traicionados por la madre de esos hijos, por haber sido engañados y vivir una mentira.

 

Pero habrá otros como James, un sujeto en Inglaterra, que dice que si bien seguirá amando a quien educó como a su hija, quiere su dinero de regreso y por ello decidió reabrir el juicio de divorcio para, con las nuevas circunstancias, hacer una repartición equitativa del patrimonio.

 

A los ojos de muchos, la decisión de James puede verse cruel para con la niña, quien finalmente es la que menos culpa tiene de los enredos amorosos extramaritales de su madre y de las causas de divorcio entre sus padres, pero si hacemos a un lado el sentimentalismo, quizá podamos analizar la situación con mayor objetividad.

 

El próximo viernes celebramos en México el Día del Niño y quizá sea una excelente oportunidad para reflexionar sobre un tema que, aunque ya se ha tocado anteriormente, vuelve a tomar importancia: el castigo físico a los niños.

 

La Organización de las Naciones Unidas ha puesto en marcha una campaña para erradicar de todos los países que los niños sean castigados mediante golpes, lo que no nada más incluye bofetadas, golpes, sino también las famosas nalgadas que todos recibimos alguna vez durante nuestra infancia.

 

Y aunque ciertamente una nalgada no es lo mismo que una bofetada, los diferentes gobiernos y organizaciones a favor de la niñez han visto la necesidad de erradicar toda clase de maltrato físico por los altos índices de violencia de padres contra hijos que cada vez son más frecuentes y que suelen empezar por una nalgada y en una escalada de enojo han llegado a terminar en homicidio.

 

No sé qué le pasó a Paulette. Puedo acoger la primera teoría que dice que la mamá, con trastorno de doble personalidad, la mató. O puedo irme con la teoría que dice que fue el amante de la madre, a quien en lo sucesivo denominaremos “el entrenador”, quien mató a la pequeña, la sacó del departamento y luego la regresó. También puedo acogerme a la teoría de que los padres la mataron, y como él es amigo de Bazbaz, el procurador del Estado de México, sacaron el cadáver para inculpar a alguien más, pero las cosas salieron de control y tuvieron que “sembrar” el cuerpo de la niña de nuevo en la habitación.

 

O puedo crear mi propia teoría: el agente encargado de la investigación es recomendado de (inserte el nombre del personaje político que le acomode), pero la recomendación no lo hace capaz y para tapar su estupidez, la procuraduría cometió otras más grandes y el asunto se convirtió en un enorme lío.

 

La realidad es que al momento nadie sabe que pasó con Paulette, por más que creamos que tenemos todos los elementos y seamos verdaderos expertos porque seguimos cada semana los capítulos de CSI, Criminal Minds, NCIS y Lie to Me.

8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.

Y debo hacer una confesión: soy un poco grinch en este día, valga la analogía.  No me gusta festejarlo porque pienso que el hecho mismo de que exista un día especial para la mujer, zanja una diferencia más profunda.

Desde mi punto de vista este día sirve para hacer recuento de lo daños, para contar historias de algunas mujeres que luchan batallas diarias por la igualdad y la justicia y para llenarnos de cifras sobre violencia contra la mujer, pero sin llegar a nada más.

Es la oportunidad que tienen muchos políticos hombres de lanzar rimbombantes discursos sobre lo que se puede hacer para eliminar la diferencia de género y con ello ganar la simpatía de las mujeres para las próximas elecciones.

Es también la oportunidad para que mujeres legisladoras tomen la tribuna y nos recuerden las injusticias que siguen prevaleciendo en México e introduzcan iniciativas superficiales, hechas al aventón, que solo sirven para atraerse reflectores y llenar el encabezado de algún periódico de su localidad.

La semana pasada el gobierno francés anunció que negaría la ciudadanía a un hombre de nacionalidad marroquí por obligar a su esposa a llevar el burka o velo islámico.

La novedad de la noticia no radica en que se discuta sobre el velo islámico en Francia, sino en que por primera vez hay una consecuencia directa por su uso.

En Francia se prohíbe desde hace varios años que las mujeres lleven la cabeza cubierta en las escuelas públicas y actualmente se discute el ampliar esta prohibición a otros lugares públicos como edificios de gobierno. Incluso, ya en el verano pasado hubo una discusión cuando a una mujer se le prohibió usar en una alberca pública su burkini, que es un traje de baño cubierto.

El asunto del que escribo me ha estado dando vueltas en la cabeza desde la semana pasada y debo confesar que no sabía muy bien ni como abordarlo ni como empezar.

Se trata de Haití, claro, tema recurrente en la semana, y de la crisis de su estado de derecho, no solo en cuanto a lo que a su soberanía corresponde al haber sido pacíficamente ocupado por ejércitos extranjeros, tanto de la ONU como de Estados Unidos, sino porque no hay ley que valga ahora, salvo la del más fuerte.

El problema de la seguridad pública fue patente desde un principio, pero ahora la situación es más clara: simplemente no hay policías suficientes para guardar el orden. Así que de la mano de los Cascos Azules que llegaron a la región, los guardias de seguridad privada han tomado funciones de policía pública, con la anuencia de las autoridades haitianas.

Ayer empezaron las clases después del período navideño y hoy, en el estado donde vivo, Veracruz, se suspendieron.

 

Protección Civil del estado, con el gobernador al frente de dicho organismo, determinó que el Frente Frío 22 venía muy fuerte y con mucho frío, valga la redundancia, y que por ello había que proteger a los más vulnerables, los niños, y la mejor manera de protegerlos era dejarlos en casa, calientes y sin salir para que no pasaran frío y no se arriesgaran a contraer alguna enfermedad.

En efecto, está haciendo frío. En el Puerto de Veracruz, donde apenas en octubre vivíamos a 40° hoy tenemos los ventiladores apagados y hemos sacado hasta el abrigo, que por cierto, huele a naftalina, porque verdaderamente se necesita. Pero no es un frío insoportable.

En la región de las Altas Montañas me imagino que el frío es atroz, que se deben estar congelando, como se están congelando mis sobrinos en Metepec, Estado de México, que tuvieron que ir al colegio, o los niños de la Sierra Tarahumara en Chihuahua. Y me pregunto ¿estamos protegiendo a los niños al no enviarlos al colegio?

 

Los símbolos religiosos, particularmente los cristianos, han sido tema de análisis en fecha reciente no solo en Europa sino también en nuestro país.

En noviembre pasado dimos a conocer una resolución de la Corte Europea de los Derechos Humanos, que concedía la razón a una madre italiana en el sentido de que la exhibición de crucifijos en las escuelas públicas violentaban la libertad de culto de los alumnos. Pese a que la resolución no condenó expresamente al gobierno italiano a retirar los crucifijos, éste se defendió airadamente con el argumento de que no se trataba de símbolos religiosos sino de la tradición y costumbres italianas, lo que ocasionó una controversia no solo en Italia, sino en otros países de Europa particularmente católicos como Grecia o España.

En este último país fue donde se votó una proposición en el Congreso en donde acogían el fallo de la Corte Europea y sin ser demasiado explícitos pedían que se respetaran las “Libertades Fundamentales, relativo a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión desde el principio de neutralidad ideológico y religioso del Estado y, especialmente, en lo relativo a los centros escolares".