Cuando era adolescente acompañé a un amigo y a su madre a hacer unas compras. Cuando bajamos del automóvil, a unos cuantos metros de distancia de nosotros, un hombre sacó una pistola plateada y la apuntó contra otro. Qué pasó después, no lo sé porque mi amigo me obligó a agacharme entre los coches y esconderme.

 

Sin embargo, esos segundos que presencié me impactaron mucho y los sigo recordando por dos cosas: fue la primera vez que ví una pistola y porque la madre de mi amigo, en lugar de esconderse, se enojó tanto por la inseguridad que pese al riesgo que suponía, siguió caminando con paso decidido hacia el asaltante.

 

Para muchos ese habrá sido un acto estúpido, pero recuerdo haber visto un brillo de pasión en los ojos de esa mujer y su paso decidido diciendo que alguien tenía que hacer ver “a los malos” que no se seguiría tolerando el crimen.

 

Estos sucesos ocurrieron en Maracaibo, Venezuela, y por esta mujer y otras que tuve la fortuna de conocer, siempre he sabido que las mujeres venezolanas son valientes, decididas y muy comprometidas con sus ideales y por ello no me ha sido difícil sentir empatía con la causa de la jueza venezolana María Lourdes Afiuni quien fue detenida por haber cumplido con su deber con el estado de derecho, pese a las terribles consecuencias que ello ha traído a su vida.

 

Esta semana ha regresado el nombre de Sakineh Mohammadi Ashtiani a la opinión pública con mayor insistencia ante la noticia de que su sentencia de muerte podría haber sido ejecutada hoy en Irán.

 

Se trata de la mujer que fue condenada a morir lapidada por adulterio y conspiración para matar a su esposo, en un juicio que, según su primer abogado, Mohamad Mostafaeí, estuvo plagado de errores judiciales lo que llevó al sistema judicial iraní a cometer una grave injusticia contra ella.

 

Pero el mundo ha perdido de vista si la sentencia fue producto de errores judiciales o no y lo que ha causado más indignación es que por adulterio se condene a la muerte a una mujer. Y que esa mujer además sea ejecutada de una manera lenta, dolorosa y humillante.

 

Funcionarios iraníes, entre ellos el presidente Mahmud Ahmadineyad, han respondido al mundo que se trata de sus leyes penales y que nadie está en posición de cuestionarlas. Y es cierto, en Irán el adulterio es un delito que se castiga hasta con la muerte y una manera de efectuarla es mediante la lapidación, lo que convierte la sentencia en un documento perfectamente legal.

 

Con el reciente otorgamiento del premio Nobel de medicina al doctor Robert Edwards, pionero en las fertilizaciones in Vitro, el tratamiento volvió a ser noticia, más aún cuando la Iglesia Católica manifestó su rechazo por el otorgamiento de ese premio para un procedimiento que consideran inmoral porque a su juicio atenta contra las leyes de la naturaleza.

 

La discusión sobre la moralidad del procedimiento lo dejo a otros profesionistas. Aquí propongo reflexionar sobre algunas cuestiones de tipo jurídico de la fertilización in Vitro que, sin duda, ha sido fuente de alegría en numerosos hogares en todo el mundo.

 

Desde que el tratamiento empezó a ser accesible, el estado tuvo que empezar a regularlo para tratar de evitar en la medida de lo posible situaciones inconvenientes que se pudieran presentar.

 

Después de la tragedia, llega la reconstrucción.

 

Hace una semana el huracán Karl golpeó a Veracruz, en una zona del estado a donde no llegaban huracanes y a donde usualmente no pasaba nada. Pero la verdadera tragedia llegó después con las lluvias que Karl dejó en la zona de montañas y que incrementaron el nivel de los ríos provocando serias inundaciones en varias zonas urbanas y rurales de la ciudad de Veracruz y área conurbada.

 

Pero Karl no solo dejó destrucción a su paso. Nos deja valiosas enseñanzas y la promesa de un mejor Veracruz porque hemos sido testigos de la ayuda solidaria de varios sectores de la población, y sobretodo, de la activa participación de la juventud veracruzana que logró salir de su ensimismamiento para darse a los demás.

 

El pasado 17 de agosto una sala del Tribunal de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes en Venezuela, impuso como medida preventiva a dos diarios de circulación nacional reproducir "imágenes que utilicen contenidos de guerra y mensajes sobre muertes y decesos que puedan alterar el bienestar psicológico de niños, niñas y adolescentes”.

 

La medida se impuso en el marco de un juicio que se sigue a los dos periódicos, después de que reprodujeran fotografías de una morgue que muestra cuerpos semidesnudos y ensangrentados. El gobierno venezolano está analizando la posibilidad de extender esta prohibición a todo medio de comunicación.

 

El gobierno argumenta que inició el juicio para proteger a la infancia, pero los medios de comunicación no oficialistas declaran que se trata de una medida de censura porque han estado publicando la realidad de la violencia que se vive en Venezuela, asunto que el gobierno no acepta en toda su magnitud.

 

Con las decisiones que tuvieron que tomar los ministros de la Corte respecto del matrimonio entre homosexuales y la adopción de niños por parte de estos matrimonios, los mexicanos hemos tenido que ejercer un valor que no nos queda fácil practicar y que se llama tolerancia.

 

Desafortunadamente hemos sido testigos de los más ácidos comentarios de un lado y otro, porque si no apoyas el matrimonio homosexual eres retrógrada y cavernario y si lo apoyas eres pecador y hasta corrupto, según insinuaciones que hizo el obispo Sandoval Iñiguez.

 

Y de la intolerancia que manifestamos respecto de las opiniones contrarias a las nuestras, nos movemos hacia la división de la sociedad entre pecadores y santos, librepensadores y retrógradas, azules y rojos (o amarillos) y, la historia conocida por nuestro pasado, la división entre liberales y conservadores.

 

Recientemente leí que en Nueva York una mujer de 37 años, madre soltera de un niño autista de 12, tomó la difícil decisión de matar a su hijo para luego suicidarse. De acuerdo con su nota de suicidio se disculpó por los hechos, pero declaró que tomaba la decisión sobrepasada por la responsabilidad del niño y los cuidados que requería.

 

No es este el único caso que se ha presentado de madres que deciden matar a sus hijos  discapacitados. Ya en la Gran Bretaña se había abierto el debate tras el caso de una mujer que mató a su hijo con un severo daño cerebral y que declaró que lo había hecho por considerar que era lo mejor para su hijo y para ella.

 

Este tipo de homicidios a los que hoy me refiero son cometidos por madres, generalmente solteras, de escasos recursos y sin una ayuda permanente de sus familiares o padres de los niños. 

 

La semana pasada el tema del perdón adquirió relevancia tras cumplirse la sentencia de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, CIDH, en la que condenó al gobierno colombiano a pedir perdón por el homicidio de Manuel Cepeda, un senador comunista, hace 16 años. Fue el hijo del finado senador quien estuvo tras la demanda que busca resarcir la memoria de su padre, acusado por algunos sectores en su país de haber contribuido con la violencia.

 

En cumplimiento de la sentencia, el presidente colombiano Álvaro Uribe pidió perdón a nombre del estado colombiano.

 

Un perdón que, sin embargo, estuvo seguido de una reprimenda para el hijo de Cepeda y sus seguidores, y en donde señalaba que el odio con el que se ha manejado el caso supone un maltrato injusto a la honra de los gobiernos y señaló que es tan grave el crimen físico como el moral, aludiendo a la demanda que pone en entredicho al estado colombiano. Y añadió: "Yo no entiendo que se pueda exigir pedir perdón en nombre del odio. Algunos llenos de odio dicen: exigimos que nos pidan perdón. No. Es que el perdón es algo del alma, algo humanitario".

El Mundial de Fútbol parece que no solo se trata de fútbol, sino también de identidad nacional.

 

Y es que el país se detiene cada vez que juega la selección y si los comentaristas dicen que la selección es un equipo voluble, ¿qué podemos decir de nosotros como mexicanos?

 

Tras la victoria contra Francia muchos declararon que era verdad, que ya habíamos pasado del "sí se puede" al "ya se pudo" y hubo quienes se vieron con la Copa del torneo en las manos. Pero llegó Uruguay y el ánimo se fue a los suelos, y con ellos, parece que también la dignidad nacional.

 

Pero, ¿hay tal dignidad nacional? Hay para quienes no existe tal cosa tras casos tan lamentables como los niños muertos de la guardería ABC, o debido a  la inseguridad o por los casos de corrupción que vemos y vivimos todos los días.