No hay plazo que no se cumpla y para bien o para mal ya empezaron las campañas políticas.

 

No soy positiva al respecto y creo que ya sé lo que viene: descalificaciones, burlas, insultos, pocas propuestas reales,  guerra sucia, calles bloqueadas con seguidores agitando banderas, medios parcializados hacia uno u otro candidato, más guerra sucia, afiches, espectaculares, papeles, suciedad en las calles, más descalificaciones, intolerancia, división, encono, saturación en los medios de anuncios de los partidos y del IFE, más guerra sucia y más división entre los mexicanos.

 

Una novedosa terapia hormonal aplicada a niños con severa discapacidad para detener su crecimiento y mantenerlos pequeños está siendo debatida en los Estados Unidos entre médicos, grupos de derechos humanos y padres de estos niños.

 

El caso inició con Ashley, una niña que debido a su discapacidad no puede hablar ni caminar y que fue tratada en Seattle, Washington,con dosis de hormonas para que no creciera, además de que quirúrgicamente sus incipientes senos fueron removidos, así como su matriz mediante una histerectomía.

 

Los padres de Ashley y de otros dos niños cuyas historias son reportadas por el diario británico Guardian, declaran que la terapia ha sido en beneficio de los niños porque bajo las condiciones difíciles en que viven ha sido lo mejor para darles una vida lo más digna y cómoda posible.

 

Este jueves 16 de febrero de 2012, la Corte Nacional de Justicia de Ecuador ratificó la sentencia en contra del periódico El Universo que castiga con tres años de prisión a tres altos ejecutivos del diario y a Emilio Palacio, ex columnista de ese diario y autor del artículo que detonó la furia del presidente Correa y la consiguiente demanda.

 

La sentencia ratificada también condena a los acusados al pago de más de $40 millones de dólares al presidente Correa, como compensación por el daño que las “injurias” ocasionaron en su honra y estima.

 

¿Por qué 40 millones de dólares? Porque parece ser que en Ecuador el presidente dice que su estima vale tantos millones de dólares y el poder judicial lo acepta sin buscar un fundamento o proporcionalidad lo que podría llevarnos a pensar al resto de los mortales que en Ecuador los periodistas son millonarios y tienen de sobra cinco o diez millones de dólares para pagar las “ofensas” al presidente.

 

Los seguidores del New Age dicen que hay fuertes vibraciones cósmicas que anticipan la caída de muchos sistemas que conocemos, como educación, finanzas y política, con lo que vienen grandes cambios sociales. Como no he visto esas vibraciones cósmicas, ni soy gran conocedora del tema, no puedo estar de acuerdo más que en una cosa, se están gestando cambios.

 

Los cambios que yo estoy viendo, sin embargo, son palpables y se refieren particularmente a la propiedad intelectual y están siendo gestados no por vibraciones cósmicas, sino por los acelerados avances tecnológicos.

 

Los que tenemos más de treinta años (y más) hemos sido testigos de primera mano de los cambios que la industria del entretenimiento ha sufrido en términos de cómo accedemos a ella. No cabe duda que se ha sucedido mucho desde la época en que para no comprar todo el LP por una sola canción que nos gustaba, teníamos que pescarla en el radio para grabarla y poder escucharla después con el lamentable sonido de un delfín o de una voz anunciando la estación de radio, hasta estos días en que se puede descargar de la red con un clic en cualquier momento del día o de la noche y con excelente calidad.

 

Un tema que ha estado dando vueltas en mi cabeza en últimas semanas se refiere a la relación entre la ciencia y el derecho, áreas del conocimiento humano que se suelen separar como si fueran agua y aceite, pero que en realidad están más imbricadas de lo que a primera vista podría suponerse.

 

Con todos los avances científicos que se han desarrollado en estas últimas décadas, se hace necesario borrar esta diferencia entre ciencias y derecho puesto que es imperativo conocer la ciencia para plantear los derechos humanos básicos. Así de claro y así de contundente.

 

Uno de los ejemplos más claros al respecto es el de la homosexualidad y los derechos humanos de los homosexuales, particularmente su derecho a vivir en parejas y a ser familia.

 

Hace unos días leí en Facebook un letrero, en color azul, que decía palabras más, palabras menos, que quien votara por el PRI era pendejo. Lamento usar esa palabra, pero es la palabra con que estamos llamando a todo el que no está de acuerdo con las opiniones propias: Si eres del PAN, eres pendejo, si votas por el PRD eres pendejo, si le vas al América eres pendejo, si le vas a los Steelers, también lo eres.

 

No lo podemos negar, somos apasionados, pero esa pasión nos hace manipulables y los partidos políticos lo saben y por eso las campañas electorales no han sido en los últimos años ni propositivas ni motivadoras, sino una sarta de insultos en donde unos a otros se denigran y nos llevan a denigrarnos.

 

Campañas en que nos entrometemos para hacerlas propias y agredir al que no está de acuerdo con mi punto de vista, y llamar nombres al que opina diferente, y agarrarme la cabeza con las dos manos, mortificada porque no entiendo como este “pueblo ignorante” puede votar por un candidato que no es el mío y me arrogo la misión de crear “conciencia” en los demás, porque yo sí soy culta, inteligente, racional y sobretodo conciente, poseedora de la verdad absoluta sobre la política mexicana y el devenir de nuestra nación.

 

Sudáfrica es noticia en estos días, no por los índices de corrupción, ni por la ley en contra de la transparencia recientemente aprobada, ni por la anulación del nombramiento del procurador general realizado por Jacob Zuma, el presidente, sino porque en Durban, la tercera ciudad más grande del país, se está llevando a cabo la Conferencia sobre el Cambio Climático que finalizará el próximo 9 de diciembre.

 

Una cumbre que no ha generado la misma expectativa que en 2009 generó la de Copenhague, aunque se trata de una muy importante porque estamos frente al final de los compromisos adquiridos en el Protocolo de Kyoto en 1997 y porque ya no hay marcha para atrás en este asunto del calentamiento global.

 

Hagamos un poco de historia: En 1992 los diferentes países firmaron el Acuerdo Marco de las Naciones Unidas en Materia de Calentamiento Global para considerar posibles soluciones para limitar el promedio de la temperatura global y el consecuente cambio climático.

 

En un hospital de Melbourne, Australia, se están conduciendo investigaciones para determinar la responsabilidad penal por el aborto del feto equivocado.

 

Se trata del caso de una mujer embarazada de gemelos, uno de ellos con un grave defecto congénito y quien de haber nacido y sobrevivido, hubiera tenido que haber sido operado varias veces de acuerdo con el diagnóstico médico. Así que las 32 semanas de gestación la mujer decidió abortar al feto defectuoso. (La insolencia del lenguaje no es casual, los proabortistas ven al feto como una cosa y las cosas, bien lo sabemos, pueden estar, no ser, defectuosas).

 

El problema radica en que el equipo médico inyectó la sustancia letal al feto sano quien a consecuencia de ello falleció. Así que la mujer, de dos que tenía, se quedó sin nada porque se le practicó una cesárea para abortar al otro feto, al enfermo.

 

Me ha llamado la atención la multiplicidad de movimientos sociales de que hemos sido testigos este año. Empezaron en Túnez y de ahí como hilo de media estos movimientos se corrieron por el mundo árabe pidiendo cambio de sistema político porque las dictaduras no cumplen con las expectativas de las personas.

 

Pero el movimiento social no se quedó ahí. Llegó a Europa, particularmente a España, donde se ha protestado por la situación económica que nos tiene en crisis a todos menos al sistema financiero, y ya cruzó el Atlántico para llegar a Nueva York donde inició hace ya casi un mes el movimiento Occupy Wall Street, que está llegando a otras ciudades de ese país.

 

Como una bola de nieve imparable, se está gestando una manifestación mundial para este fin de semana para protestar pacíficamente en contra del sistema financiero y político, y que, en pocas palabras, exige una humanización para que por encima de los intereses económicos y políticos sea la persona humana la que prevalezca.