La Comisión de Comunicaciones de Kenia emitió una normativa por la cual los partidos políticos tienen prohibido enviar a los ciudadanos mensajes de odio durante las próximas elecciones presidenciales.

 

Una disposición muy necesaria después del sangriento conflicto postelectoral de 2007 y del que algunos analistas señalan que los mensajes con textos de odio enviados por celular fueron un importante factor en la generación del conflicto.

 

Dos temas muy interesantes surgen de esta noticia. Por un lado el papel que los medios de comunicación actuales juegan en los procesos electorales en el mundo, y el otro, la sintomática intolerancia mundial.

 

El periódico The New York Times publicó un interesante artículo sobre la medicación que ciertos pediatras están dando a niños "problema" de escasos recursos para ayudarlos a estabilizarse en la escuela y así formar parte del sistema educativo.

 

Las medicinas que se están prescribiendo para estos niños son las que tradicionalmente se recetan a niños con el ya tristemente célebre Síndrome de Atención Dispersa e Hiperactividad.

 

Estos medicamentos están clasificados por la DEA, Drug Enforcement Administration, como sustancias controladas porque son particularmente adictivas y aunque se desconocen sus efectos en el largo plazo se piensa que los niños pueden volverse dependientes en la medicación aún cuando los síntomas de la condición hayan desaparecido.

 

Bandera de México

 

Llega el 15 de septiembre por la noche: fuegos artificiales, gritos de “vivas” a México, mexicanos “disfrazados de mexicanos”, tacos y tequila, y mucho orgullo patrio.

 

Y por una noche todos somos hermanos, todos somos una nación que grita junta, que celebra junta, que ríe junta. Al menos unos minutos, mientras dura la arenga de las autoridades que todos respondemos al unísono y suena en todos los radios y televisores del territorio nacional el hermosísimo himno nacional. Y chinchin el que no lo cante.

 

 

Hoy voy a ser políticamente incorrecta y a comentar un tema con el que quizá algunos coincidan pero que no muchos optan por decir en voz alta. Se trata de Alonso Lujambio y el más claro ejemplo que se nos ha dado hasta el momento de por qué deben desaparecer  los escaños plurinominales en el Senado (y en Diputados).

 

Durante la campaña, el hoy senador Lujambio estuvo hospitalizado combatiendo lo que parece ser un tipo de cáncer muy agresivo. Felizmente hoy está vivo porque al parecer el pronóstico nunca fue alentador y aunque no hay una remisión total, la enfermedad, por lo que he podido entender, le permite sostener una rutina de trabajo al menos algunos días de la semana.

 

 

El pasado fin de semana Todd Akin, el candidato republicano para el Senado por el estado de Missouri en Estados Unidos, defendiendo su punto de vista en contra del aborto declaró que en una violación “legítima” las posibilidades de un embarazo son casi nulas pues el cuerpo de la mujer tiene mecanismos para “cerrarse”.

 

Se trata de una declaración que causó el rechazo de varios sectores de la sociedad e incluso del candidato republicano a la presidencia quien se deslindó del punto de vista de Akin, pero el hecho de que haya sido expresada significa que en algunos sectores sigue prevaleciendo la idea medieval de que para que exista la concepción el consentimiento de la mujer en la relación sexual es imprescindible.

 

 

El pasado mes de mayo un joven chef japonés de 22 años decidió subastar seis comidas que consistían en sus genitales cocinados: pene, escroto y testículos, tal y como lo anunció en su cuenta de Twitter.

 

Mao Sugiyama, basado en la amplia experiencia de vida que sus veintidós años de vida le dan, decidió que era asexual y que por tanto sus genitales no le servían de mucho en la vida diaria, pero serían de gran ayuda para catapultar su carrera o al menos para ganar sus quince minutos de fama.

 

A sus comensales les aseguró, mediante certificado médico, estar libre de cualquier enfermedad venérea y no estar bajo tratamiento hormonal para un cambio de sexo, por lo que cada uno de los cinco (el sexto comensal no se presentó) afortunados que pagaron $250 dólares por platillo degustaron genitales humanos frescos y sanos. La frescura la aseguró porque fue operado tan solo unos días antes de la insólita cena.

 

Estamos empezando la segunda semana de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Natación, clavados, gimnasia, ciclismo, atletismo. En fin hemos sido testigos de lo que la disciplina y el esfuerzo pueden lograr y hasta donde se puede forzar al cuerpo humano.

 

Y como cada cuatro años hemos podido evaluar la delegación de los atletas mexicanos y con su desempeño saber y conocer como está el deporte en México en relación con los países del Mundo.

 

También, como cada cuatro años, hemos escuchado cómo muchos de ellos han perdido “como siempre” o cómo “hemos ganado medallas” en clavados y tiro con arco, como si cual comercial de televisión todo México se levantara en las madrugadas con cada atleta para entrenar largas horas, seis días a la semana, llorando lágrimas de cansancio y muchas veces de frustración, padeciendo para obtener recursos que les permitan seguir su sueño deportivo en un país donde el deporte solo es importante cada cuatro años para hincharnos el corazón de orgullo durante los dos minutos que suena el Himno Nacional en un estadio.

 

Frente a la inminente inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres, se empiezan a dar a conocer los inevitables lineamientos que prohíben actos en detrimento de las marcas patrocinadoras.

 

Se trata de normas que de rayar en lo absurdo pasan a ser violatorias de las libertades no solo de los atletas sino también de los espectadores y, en este caso, de los londinenses y que, perdón por la trillada frase que me estoy robando del movimiento de Occupy Wall Street, son medidas protectoras de la codicia corporativa.

 

Es muy importante que ciertas marcas patrocinen a los atletas porque eso les da la opción de vivir del deporte. Por ello es totalmente entendible que si Juan Torres firmó un acuerdo con Coca-Cola, no pueda ser fotografiado tomando una Pepsi. Pero si el acuerdo lo firmó el comité organizador de los juegos, ¿por qué Juan Torres o cualquier otro atleta no pueden mencionar ni escribir en redes sociales la palabra Pepsi? Pues la realidad es que ni Juan Torres ni ningún otro atleta pueden, mientras formen parte de las competencias, escribir en Twitter o Facebook la palabra Pepsi y menos aún sostener una Pepsi en sus manos, ni usar un reloj Swatch, ni mostrar su tarjeta de crédito Master Card…

 

 

En un programa de la BBC en Inglaterra se desató un interesante debate sobre la posibilidad de que el gobierno introduzca una regulación en la literatura infantil sobre las edades para los que determinados libros están dirigidos, de manera similar como se hace en el cine.

 

La propuesta fue puesta sobre la mesa por el autor infantil GP Taylor, quien recientemente escribió una trilogía llamada Vampyre Labyrinth que sitúa la trama en Yorkshire durante la Segunda Guerra Mundial.

 

El autor dice que sobre su libro recibió el comentario de que se trata de lo más terrorífico que se ha leído recientemente lo que le hizo considerar que había llegado demasiado lejos con el tema del libro particularmente porque está dirigido a adolescentes.