Me ha llamado la atención la multiplicidad de movimientos sociales de que hemos sido testigos este año. Empezaron en Túnez y de ahí como hilo de media estos movimientos se corrieron por el mundo árabe pidiendo cambio de sistema político porque las dictaduras no cumplen con las expectativas de las personas.

 

Pero el movimiento social no se quedó ahí. Llegó a Europa, particularmente a España, donde se ha protestado por la situación económica que nos tiene en crisis a todos menos al sistema financiero, y ya cruzó el Atlántico para llegar a Nueva York donde inició hace ya casi un mes el movimiento Occupy Wall Street, que está llegando a otras ciudades de ese país.

 

Como una bola de nieve imparable, se está gestando una manifestación mundial para este fin de semana para protestar pacíficamente en contra del sistema financiero y político, y que, en pocas palabras, exige una humanización para que por encima de los intereses económicos y políticos sea la persona humana la que prevalezca.

 

Durante muchos años viví con la creencia de la filosofía católica de que existen absolutos: la existencia de Dios, del cielo y del infierno; el que nacemos, vivimos y morimos  pecadores; y que siempre se debe respetar el derecho a la vida.

 

Por vueltas que da la vida y quizá por mi vocación cartesiana de dudar de todo, he ido cambiando de modo de pensar y ya no he encontrado esos absolutos ni en Dios, ni en el pecado ni en la vida ni en la muerte.

 

Plantear aquí mis dudas sobre la existencia de Dios sería largo, aburrido y sin sentido porque éste intenta ser un blog jurídico y no teológico, por lo que solo voy a plantear aquí lo relativo al derecho a la vida y el tema que ha estado dando vueltas en las cabezas de muchos mexicanos: el aborto.

 

Del secuestro virtual que vivió mi esposo me siento con el deber de narrar mi experiencia para que si alguien más vive las horas de horror que yo viví tenga un referente y sepa que hacer.

 

Pues bien, empiezo. Una vez que mi esposo salió de la casa, fui a casa de un vecino y desde su línea hablé al 066, número de emergencia, y expuse los hechos. Por supuesto que esto en grado de histerismo y por lo alterada que me encontraba me resultó molesto que el operador no entendiera que se trataba de MI esposo y me pidiera calma, pero es muy importante mantenerla.

 

Minutos después de esa llamada había una patrulla frente a mi casa y después de que los oficiales tomaron la descripción de mi esposo me llevaron en la patrulla a zonas cercanas para ver si lo veíamos. Desde ese primer momento supieron que se trataba de un intento de extorsión y me llevaron al banco pensando que él estaba haciendo un retiro bancario.

 

Estoy llorando de rabia.

 

Se acaba de propagar fuertemente el rumor de que estaban desalojando las escuelas por amenazas de ataques del crimen organizado. Era descabellado pensar en una evacuación frente a un ataque, pero mientras buscaba más información por unos minutos dejé que el miedo invadiera mis sentidos. Es solo un rumor que bien analizado es absurdo e incoherente, solo un llamado a generar mayor inestabilidad.

 

Pero nos estamos dejando guiar por rumores, por las amenazas y por el miedo irracional.

 

No creemos en el gobierno, ni en las instituciones porque aseguramos que están ocultando la verdad y dejamos que sea el crimen organizado el que nos diga que hacer, como actuar y que pensar y los peor es que hacemos lo que quieren y no nos damos cuenta de que solo estamos siendo manipulados.

 

Vivo en una ciudad en donde la violencia va en aumento. Lamentablemente no es algo que defina una u otra ciudad, sino que ya es algo generalizado en muchas ciudades de México. Ya no es solo Juárez.

 

Y cuando solo era Juárez cerramos los ojos para no ver el dolor ajeno y por eso no leímos las señales que nos decían que estábamos entregando nuestra ciudad a la delincuencia.

 

La violencia ya nos alcanzó. Ya vinieron por nosotros, pero como no hicimos nada cuando fueron por los otros, ya no hay quien se una a nuestro grito de auxilio.

 

¿Y qué hacemos? Repartimos culpables: el presidente, el gobernador, la policía, el ejército, los partidos políticos, el mal gobierno, la pobreza, la ignorancia. Es más fácil así, ser solo víctimas.

 

En Hong Kong una clínica de fertilidad admitió haber cometido un grave error al haber implantado dos embriones en el vientre de la mujer equivocada.

 

La autoridad gubernamental que regula la materia, el Consejo de Tecnología en Reproducción Humana investigó a la clínica, llamada Victory ART Laboratory, y concluyó que no hay motivo para proceder legalmente en contra de la misma porque el error fue humano y no sistemático y se debió a la negligencia de un técnico que no revisó la etiqueta con el nombre de la propietaria de los embriones y contrastarlo con el nombre de la paciente a quien le iban a ser implantados.

 

El error humano se corrigió ofreciendo disculpas a ambas mujeres, abortando los embriones de la mujer equivocada, y prestando asistencia psicológica a ambas clientas que esperaban ser madres mediante el procedimiento de fertilización in Vitro.

 

Así, simple, sencillo.

 

¡Terminó el año escolar!

 

Sin duda, momento de júbilo para los niños y jóvenes, de relajación para algunos papás que, me incluyo, agradecemos que se acabaron las desmañanadas, y de estrés para otros que no saben que hacer con los niños en vacaciones.

 

En el caso que sea, muchas felicidades por un ciclo más que culmina, esperemos que, sin bien no cargado de medallas y diplomas, si por lo menos con un sello de aprobado en la boleta.

 

No dejemos de pensar, sin embargo, en el otro grupo de niños y papás para quienes estos días no les dicen nada porque la escuela no tiene ningún significado, la mayoría de ellos por la pobreza en que viven sumidos que los hace saber que el derecho a la educación consagrado en el artículo 3° constitucional es solo accesible para ciertos ingresos económicos y que es falso que se trata de un derecho universal, como aprenden en formación cívica y ética los estudiantes de primaria. Y si no, pregúntale a la mujer de la esquina que vende chicles por que no envía a sus hijos a la escuela.

 

Como van las cosas, dentro de poco en México podremos ahorrar millones de pesos cada año porque ya no vamos a necesitar ni jueces ni leyes.

 

El poder judicial va a ser sustituido por los medios de comunicación que nos van a seguir instruyendo lo que debemos pensar u opinar respecto de la culpabilidad o inocencia de alguien, y mediante encuestas telefónicas y “preguntas del día”, sea la opinión pública dirigida por un puñado de periodistas quienes dicten sentencia.

 

Las grandes batallas se librarán entre los medios de comunicación porque el que tenga mayor rating será el que haga prevalecer su opinión en sus valoraciones y apreciaciones de lo que debe ser la justicia, la cual ya nada tendrá que ver con leyes porque de acuerdo con el personaje a juzgar, será lo que la tripa (o los intereses) dicten al momento de emitir el veredicto.

Probablemente porque parte de mi trabajo es analizar los acontecimientos desde la óptica del derecho, hace tiempo que he estado percibiendo que en México estamos viviendo en una anarquía.

 

Contamos con muchas leyes, unas buenas, otras que podrían mejorar, unas muy parchadas y otras muy viejas, pero finalmente un sistema de normas que sostienen, o deberían sostener, al estado mexicano. Y es labor del legislativo revisar ese marco jurídico y cambiar lo que se debe cambiar y perfeccionar lo que se debe perfeccionar para lograr un mejor marco jurídico para el estado.

 

Pero el problema es que ni el legislativo trabaja en lo que debería, ni el ejecutivo está aplicando esas leyes como debería. Es más, ni siquiera los gobernantes están cumpliendo con las leyes que han prometido cumplir y hacer cumplir.

 

Ejemplos hay muchos. Tomemos al RENAUT . Su marco normativo fue aprobado por el Congreso de una manera, pero el ejecutivo decidió hacer a un lado la ley y aplicó lo que mejor convenía a sus intereses del momento. Resultado, una pérdida de tiempo, dinero y esfuerzo que terminó  por ni siquiera empezar  y por generar el rechazo de la sociedad.