La intolerancia es una constante que se lee en las noticias diarias. Es como si ya no soportáramos estar uno al lado del otro, ni escuchar lo que el otro tiene que decir, ni saber lo que tiene que hacer, porque si acaso piensa o actúa diferente, es motivo de gran irritación. Quizá por ello estamos prefiriendo  refugiarnos tras una computadora y vivir una vida social en soledad (aunque parezca contradictorio) a través de Second Life o de las numerosas redes sociales. 

Por ejemplo, hace unas semanas en Inglaterra una mujer fue arrojada a las vías del tren por dos hombres que estaban en la estación. ¿El motivo? La mujer tuvo la osadía de pedirles que apagaran sus cigarrillos porque está prohibido fumar en los andenes. La mujer sufrió daños menores y se salvó de morir electrocutada, pero los dos hombres cometieron un delito porque se les impuso una regla. 

Pero los signos de intolerancia van más allá y se leen incluso en instituciones de estado, como el caso del Partido Nacional Checo que anunció que regalaba boletos de avión a los gitanos para que abandonaran el país y no regresaran sino hasta después del 2010. ¿La razón? Elecciones cercanas y una manifiesta xenofobia.

 

La prostitución no es un delito. De hecho en muy pocas legislaciones del mundo se le considera como tal, quizá partiendo de la base de que cada quién es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera. 

Lo que sí se considera delito, al menos en nuestro país, es el llamado lenocinio que en pocas palabras es el obtener lucro del “comercio carnal” que haga otra persona, lo que incluye el regentear o administrar casas de cita. 

Pero también, y probablemente muy pocos lo sepan, el lenocinio es solicitar o inducir a alguien a “comerciar con su cuerpo”. Quizá no lo sabemos porque las autoridades no se encargan de sancionar estas actividades y como seres humanos solo reaccionamos ante la sanción. 

Yo pensaba que las mujeres se prostituían por poderosas razones económicas, pero creo que estuve equivocada mucho tiempo. O quizá en lo que estoy equivocada es en definir estas poderosas razones económicas, ya que mientras para unos significa el obtener alimento, para otros puede referirse a acceder a una clase social más alta que la que tienen. 

Hace unos años me enteré de que en México las jóvenes de clase baja y media se prostituían para obtener ropa “de marca” o dinero para ir a los antros de moda. Y esta nueva clase de prostitución no está sujeta a las asociaciones de Sexoservidoras, como existe en Ciudad de México, ni a las normas y verificaciones de los servicios de salud locales. Pero estos intercambios sexuales a cambio de bienes están llegando más allá de si el lenocinio es un delito o no o del “qué dirían tus papás si supieran”. 

En Europa, quizá por la crisis económica o el alto costo de la vivienda, se está gestionando una nueva clase de arrendamiento inmobiliario, en donde se negocia el pago de la renta o del mantenimiento, luz y agua, o de todo junto, a cambio de estos servicios sexuales. 

Los muy liberales pueden no considerar estos intercambios como prostitución, sin embargo, hay que llamar a las cosas por su nombre. La prostitución en esencia se define como el otorgamiento de servicios sexuales a cambio de dinero o de cualquier otro bien.

¿Cuál es la implicación legal? Pues en primer lugar se está manejando otro tipo de “moneda” que no es la del curso legal. Es como una regresión a la época del trueque. Pero por la misma situación, los contratos no son del todo válidos ni exigibles en Tribunales. ¿Te imaginas como sería el alegato por falta de pago de renta? Parece de chiste, pero este asunto tiene un fondo social, económico y jurídico muy importante. 

Además, ¿cómo fijar un precio cierto como lo exige el derecho mexicano? ¿Cómo valuar algo tan subjetivo como una relación sexual? ¿Por tiempo de duración? ¿Calidad? ¿Cantidad? ¿Periodicidad? ¿Cómo asentar todos estos detalles en un contrato? 

Voy de acuerdo, ni el arrendatario ni el arrendador firmarían un contrato con estas cláusulas, aunque no firmar contrato equivale por un lado a arriesgar la propiedad del bien y por el otro la seguridad de las posesiones del inquilino quien podría ser lanzado en cualquier momento por “incumplimiento”. Y por otro lado, firmar un contrato colocando un precio ficticio pone en seria desventaja a ambos al no poder demostrar el pago o su falta en caso de problemas. 

Y nos queda el segundo aspecto legal del asunto: el arrendador está cometiendo el delito de lenocinio. Simple como eso. Y por no hablar de investigaciones que las autoridades pudieran llegar a hacer (¡Claro, no hablo de México, en donde creo que no se investiga nunca nada!), siempre hay el riesgo de que un arrendatario inconforme o molesto denuncie la situación. Total, él o ella solo se están prostituyendo y no cometen ningún delito, pero el otro… 

Ahora, si crees que esto solo ocurre en Europa y quizá en ciudades cosmopolitas como Nueva York, te invito a leer el enlace en donde Laura Viadas, reportera del Excélsior publicó su propio anuncio en México y descubrió que hay gente interesada en ese tipo de intercambio también en nuestro país. 

¿Esta situación se debe a la crisis económica? ¿Es producto de la revolución sexual y la igualdad de género? ¿Crisis moral? ¿O acaso estas situaciones son reflejo de la descomposición familiar como la conocemos?y tú ¿qué opinas?

 

Fuente. ExOnline

Cuando Beijing fue aceptada como sede olímpica, China se comprometió a respetar la dignidad humana como parte de los valores olímpicos. Con ello adquirió el compromiso de respetar los derechos humanos, mejorar los servicios de educación y de salud y respetar la libertad de expresión de los medios de comunicación. 

A unos cuantos días de que inicien los Juegos, Amnistía Internacional reporta que los derechos humanos se han visto vulnerados aún más, ya que se han detenido a periodistas y a activistas pro derechos humanos, se han cancelado sitios de Internet y ha crecido el número de campos de trabajo y las golpizas en las prisiones como medios de control. 

Claro, toda historia tiene dos versiones ya que China rebate diciendo que Amnistía Internacional tiende a ver las cosas de manera negativa sin hacer caso del lado positivo de las políticas gubernamentales y económicas que han tendido a mejorar la calidad de vida de un gran porcentaje de la población. 

Li Jianchao, vocero del gobierno declaró que espera “que Amnistía Internacional se quite los lentes opacos que ha usado por años y vea a China de una manera justa y objetiva y haga algo más constructivo”.

 Desafortunadamente para Li Jianchao, lo que sucede en China no es nada más el punto de vista de un organismo como Amnistía Internacional, sino la realidad que se va reportando todos los días: la prensa no podrá hacer uso de Internet abierto, sino solo de los sitios autorizados por el gobierno chino; los portadores de VIH no podrán ingresar al territorio; se necesitan permiso especiales para reportar de ciertos lugares como la Plaza de Tian’anmen; se deben obtener permiso chinos para conducir ya que no son válidas las licencias internacionales de manejo. Y a medida que nos acerquemos a la mágica fecha del 8/8/08 y empiecen a transcurrir los Juegos, nos iremos enterando de más cosas.  

El problema con que China no haya cumplido totalmente con su compromiso de respetar los derechos humanos al interior de su territorio, es que la comunidad internacional, iniciando por el propio Comité Olímpico Internacional, se ve comprometida. Ya Amnistía Internacional hizo el llamado a los mandatarios y autoridades de los países que visitarán China para que denuncien estas violaciones, ya que de no hacerlo, el silencio se podría entender como un apoyo tácito a las violaciones cometidas con motivo de la preparación de los Juegos Olímpicos.

Pero la realidad es que no se ha escuchado nada más por parte de la comunidad internacional. En nuestro país el silencio parece ser la norma que va a imperar. Nos quedó claro cuando, tras la petición de China, se retiró la invitación al Dalai Lama para acudir ante el Senado de la República. Además, acuden hasta representantes de la Cámara de Diputados, concretamente de la Comisión del Deporte, como representantes de ese órgano legislativo y por tanto del Estado Mexicano. (Aunque sabemos que no van a hacer política precisamente ¿verdad?)

El control estatal en China es legal, esto es, está perfectamente regulado por la ley. Y aquí va nuestra pregunta de siempre ¿es justo? Pero agreguemos otra pregunta más: el progreso económico que nos quiere demostrar China con la organización de los Juegos y que ha alcanzado a base de trato poco humano a generaciones ¿ha valido la pena? Quizá no nos corresponde a nosotros contestar, sino a los propios chinos.

Fuente BBC News

 

Este fin de semana tuve la oportunidad de ver por MTV un programa muy interesante sobre la violencia en América Latina y sus variadas causas y consecuencias. Entre ellas la cantidad de jóvenes que, para tratar de salir de esta espiral violenta que viven desde niños, abandonan de sus hogares rumbo a las calles. Ello me llevó recordar otras declaraciones que escuché sobre la problemática de los niños de la calle en nuestro país, quienes son desplazados de sus casas por la misma violencia que viven: padres alcohólicos o drogadictos que abusan física, psicológica y sexualmente de ellos. ¿Te imaginas la soledad que deben sentir al saber que nadie está para protegerlos? ¿Qué tanta ansiedad sentirán que prefieren dejarlo todo atrás? 

 Y al salir a las calles se encuentran con mayor violencia que los obliga, muchas veces a ser violentos para poder sobrevivir (¿No es acaso una de las primeras necesidades del hombre?) Pero también es donde por primera vez encuentran una verdadera familia en otros chavos que como ellos han huido de todo y que en el fondo solo buscan lo mismo que cualquiera de nosotros: amor, protección, seguridad y aceptación. Totalmente legítimo ¿no? 

Los puristas del derecho y de las relaciones familiares no llaman a estos grupos “familia” y sin embargo se organizan de tal manera que generan lazos más estrechos que los consanguíneos. Y me pregunto ¿cómo no llamarlos familia? Pero la realidad pesa más de lo que quiero que sea y resulta que ni el Derecho ni el Estado los reconoce como tal y por eso no generan derechos de familia que no son simplemente patrimoniales como el derecho a heredar (¿a heredar qué? ¿Hambre, humillaciones, pobreza?), sino también el derecho que tienen de reclamar sus cuerpos y sepultarlos con una lápida con su nombre. Porque enfrentémoslo, su expectativa de vida es baja, sumamente baja.

Y cuando un deceso ocurre por hambre, por frío, por enfermedades sin atender o por la misma violencia a la que se enfrentan con el día a día, su “familia”, aquella que lo quiere, lo acepta y lo espera, no tiene representación legal para acudir a la morgue a reclamar el cadáver y poder velarlo y enterrarlo. Ese derecho solo lo tienen sus padres, los que lo abandonaron a su suerte y que probablemente ni siquiera se han enterado que su hijo o hija falleció. Es lo legal, ¿pero es lo justo? 

La Ley de Convivencia del Distrito Federal trata de subsanar estas deficiencias jurídicas al aceptar a este y otros grupos de personas que voluntariamente se unen en estas nuevas “familias”, generen estos derechos de familia.  Muchas personas de visión estrecha vieron esta ley exclusivamente como la posibilidad de que las parejas de homosexuales “se casaran”. A ellos, y en general a todos, les pido que miren a nuestro México real y que en lugar de prender los limpiadores cada vez que un limpiavidrios se acerca a su flamante automóvil último modelo, le regalen una sonrisa y un “no, GRACIAS”. Total, no sabes si la tuya es la última sonrisa amable que verán en su vida.

B.

¡Ya Basta! Este es el grito de esta semana. Miento. Ha sido el grito de muchos desde hace años. Unas veces es más audible y otras menos, pero finalmente es lo que como mexicanos estamos clamando ¡Ya Basta! 

 Y es un ¡ya basta! a la delincuencia, a la violencia, a la ilegalidad, a la corrupción. Es un ¡ya basta! no nada más a los delincuentes o a las autoridades para que actúen. Es un ¡ya basta! a nosotros mismos para que ese clamor sea constante y para que asumamos nuestra responsabilidad como mexicanos en la construcción de un país mejor.

 Pero para que ese ¡Ya Basta! funcione y sea más eficaz, tenemos que empezar por unirnos como hermanos y dejar a un lado nuestras diferencias políticas, que son muchas, y las diferencias culturales, sociales y económicas, que también son muchas. Y nos debemos unir por un fin común que en principio es un “yo mismo” que se transforma en un “nosotros” para hacer de eso una sola meta: MÉXICO.

Te invitamos a unirte a nosotros y dejar de lado todas esas diferencias que nos han debilitado como nación. Vamos a unirnos en un solo México y con ello empezar a actuar con responsabilidad. Y en inicio te proponemos que escribas a tus legisladores federales y locales para que te informen de las iniciativas que se están discutiendo en materia de seguridad. También debemos escribir a nuestros presidentes municipales, gobernadores y al mismo Presidente de la República para exigir que empiecen a unirse los tres órdenes de gobierno y nos digan las medidas que están tomando para abatir la delincuencia. 

 Y una vez que hayamos hecho eso, te invitamos a seguir al pendiente de esas políticas, a exigir que se cumplan, a proponer soluciones y a demandar soluciones.  Es hora de construir todos juntos ese México con el soñamos, más allá de colores partidistas. Te invitamos a asumir tu responsabilidad ciudadana y a unirte a nosotros en un solo grito de ¡Ya Basta! 

Aquí te dejamos los enlaces de las Cámaras de Diputados y de Presidencia para que sepas quién es tu legislador y a donde escribir. Si tienes algún problema con ello, escríbenos y te ayudamos a escribir la carta o a averiguar quién es tu legislador. Para averiguar de las autoridades estatales ve a nuestra sección de Legislación Estatal donde hay enlaces a los gobiernos de los Estados.

 

Cámara de Diputados http://www.diputados.gob.mx

Cámara de Senadores http://www.senado.gob.mx

 

La semana pasada di con una nota en el Times on Line que llamó poderosamente mi atención, quizá por el morbo que suscitó el encabezado:”Tuve sexo con mi hermano y no me siento culpable”.

Lo empecé a leer porque no podía imaginar que me podía decir una persona que mantuvo relaciones incestuosas sin sentimiento de culpa, y pensé en ese momento que quizá se trataba de alguna patología o enfermedad psicológica.

Sin embargo, a medida que fui leyendo, la nota empezó a parecer más que un diagnóstico médico, una novela de Stephanie Meyer, claro, sin vampiros ni hombres lobo, pero igual de romántica.

La protagonista de esta historia nos relata como surgió su historia romántica con Daniel, su hermano, y que inició por el cercano contacto entre ambos, como cómplices  un tanto coludidos en contra de la hermana mayor, seria y responsable. Relata una relación de confianza mutua, honesta, de verdaderos amigos que se infunden seguridad uno al otro.

Las relaciones físicas entre ellos, sin embargo, fueron acercamientos paulatinos, y no fue sino hasta que ella cumplió 17 años, y él 18, que tuvieron una relación sexual completa.

Su vida siguió siendo la de las dos personas más cercanas sin que el sexo fuera su razón primordial, sino solo una parte del amor que sentían el uno por el otro. Y así sucedieron las cosas hasta que Daniel conoció a Alison, una mujer que le hizo sentir diferente al resto de sus novias, pero no a su propia hermana a quien le dijo que si ella así lo deseaba él dejaba a Alison y podían vivir una vida juntos dando la cara al mundo como los hermanos solterones, aunque hacia su intimidad viviendo vida de pareja. Sin embargo, fue ella, la hermana, quien prefirió que cada uno hiciera su vida con otros, casados y con hijos, así que Daniel se casó con su prometida y ella relata que ha conocido a alguien por quien siente algo diferente, aunque sabe que el rastro tanto emocional como físico que su hermano dejó en su vida va a ser difícil de superar.

Esta narración nos hace parecer que ella encontró en Daniel al amor de su vida, a su otro yo, su complemento, media naranja o como se le quiera llamar. Pero es su hermano y la relación con él está tipificada aquí y en Inglaterra y en varios países como un delito llamado incesto.

Incluso la sola palabra la oímos fea porque suena a algo malo, a padres e hijas, a abuso, a manipulación, a grandes diferencias de edad. Aunque en la realidad el incesto es un delito que penaliza las relaciones sexuales entre padres e hijos o entre hermanos, aun cuando estas relaciones sean voluntarias y consentidas por ambas partes.

En México, el artículo 272 del Código Penal Federal sanciona este delito con prisión de uno a seis años para los ascendientes, es decir para los padres y con seis meses a tres años de prisión para los descendientes o los hermanos.

En el estado de Derecho los delitos existen y se sancionan porque hay un bien mayor que proteger. Por esto queda en discusión, una ya muy añeja, que nos plantea dos preguntas primordiales: ¿Quién es el ofendido en el incesto voluntario? ¿Qué bien mayor tutela el orden jurídico?

Para la primera pregunta no encontré respuesta. Si es sexo consentido y voluntario entre ambos, creo que no hay ofendido entre ellos. Y en el caso que narramos entre hermanos, ni siquiera hay un agravante de gran diferencia de edad que nos haría suponer una manipulación de uno hacia el otro.

Para la segunda pregunta encontré varias respuestas ya que los juristas dicen que se tutela a la familia, otros dicen que es el orden moral y jurídico familiar y hay quienes consideran que se tutela el orden moral de la sociedad.

No estoy juzgando el hecho ni como bueno ni como malo, sino intento entender un poco más el orden jurídico y cada caso en concreto, porque es obvio que entre este caso y el del sujeto de Austria que mantuvo secuestrada a su hija, hay un mundo de diferencia, y sin embargo ambos casos tienen el común denominador de que se trata de relaciones incestuosas.

A mi me quedan varias preguntas cuyas respuestas generan más preguntas: ¿Cambiaría en algo que no hubiera vínculo sanguíneo? ¿Sería diferente si uno de ellos hubiera sido adoptado? ¿Por qué? ¿Pesan más en esta protección a la sociedad las razones genéticas, como evitar hijos con taras? ¿O se trata en realidad de una protección moral de la familia y de la sociedad? Y llegamos a preguntas cuya discusión lleva siglos ¿Qué es moral y que es inmoral? ¿Quién dicta la moralidad?

Y yo te pregunto, es legal que se sanciones el incesto porque es una ley que lo establece, pero ¿es justo en todos los casos? Me gustaría conocer tu opinión.

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