La prostitución no es un delito. De hecho en muy pocas legislaciones del mundo se le considera como tal, quizá partiendo de la base de que cada quién es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera.

 

Lo que sí se considera delito, al menos en nuestro país, es el llamado lenocinio que en pocas palabras es el obtener lucro del “comercio carnal” que haga otra persona, lo que incluye el regentear o administrar casas de cita.

 

Pero también, y probablemente muy pocos lo sepan, el lenocinio es solicitar o inducir a alguien a “comerciar con su cuerpo”. Quizá no lo sabemos porque las autoridades no se encargan de sancionar estas actividades y como seres humanos solo reaccionamos ante la sanción.

Cuando Beijing fue aceptada como sede olímpica, China se comprometió a respetar la dignidad humana como parte de los valores olímpicos. Con ello adquirió el compromiso de respetar los derechos humanos, mejorar los servicios de educación y de salud y respetar la libertad de expresión de los medios de comunicación. 

A unos cuantos días de que inicien los Juegos, Amnistía Internacional reporta que los derechos humanos se han visto vulnerados aún más, ya que se han detenido a periodistas y a activistas pro derechos humanos, se han cancelado sitios de Internet y ha crecido el número de campos de trabajo y las golpizas en las prisiones como medios de control. 

Claro, toda historia tiene dos versiones ya que China rebate diciendo que Amnistía Internacional tiende a ver las cosas de manera negativa sin hacer caso del lado positivo de las políticas gubernamentales y económicas que han tendido a mejorar la calidad de vida de un gran porcentaje de la población.

Este fin de semana tuve la oportunidad de ver por MTV un programa muy interesante sobre la violencia en América Latina y sus variadas causas y consecuencias. Entre ellas la cantidad de jóvenes que, para tratar de salir de esta espiral violenta que viven desde niños, abandonan de sus hogares rumbo a las calles. Ello me llevó recordar otras declaraciones que escuché sobre la problemática de los niños de la calle en nuestro país, quienes son desplazados de sus casas por la misma violencia que viven: padres alcohólicos o drogadictos que abusan física, psicológica y sexualmente de ellos. ¿Te imaginas la soledad que deben sentir al saber que nadie está para protegerlos? ¿Qué tanta ansiedad sentirán que prefieren dejarlo todo atrás?

¡Ya Basta! Este es el grito de esta semana. Miento. Ha sido el grito de muchos desde hace años. Unas veces es más audible y otras menos, pero finalmente es lo que como mexicanos estamos clamando ¡Ya Basta! 

 Y es un ¡ya basta! a la delincuencia, a la violencia, a la ilegalidad, a la corrupción. Es un ¡ya basta! no nada más a los delincuentes o a las autoridades para que actúen. Es un ¡ya basta! a nosotros mismos para que ese clamor sea constante y para que asumamos nuestra responsabilidad como mexicanos en la construcción de un país mejor.

 Pero para que ese ¡Ya Basta! funcione y sea más eficaz, tenemos que empezar por unirnos como hermanos y dejar a un lado nuestras diferencias políticas, que son muchas, y las diferencias culturales, sociales y económicas, que también son muchas. Y nos debemos unir por un fin común que en principio es un “yo mismo” que se transforma en un “nosotros” para hacer de eso una sola meta: MÉXICO. 

Te invitamos a unirte a nosotros y dejar de lado todas esas diferencias que nos han debilitado como nación. Vamos a unirnos en un solo México y con ello empezar a actuar con responsabilidad. Y en inicio te proponemos que escribas a tus legisladores federales y locales para que te informen de las iniciativas que se están discutiendo en materia de seguridad. También debemos escribir a nuestros presidentes municipales, gobernadores y al mismo Presidente de la República para exigir que empiecen a unirse los tres órdenes de gobierno y nos digan las medidas que están tomando para abatir la delincuencia. 

 Y una vez que hayamos hecho eso, te invitamos a seguir al pendiente de esas políticas, a exigir que se cumplan, a proponer soluciones y a demandar soluciones.  Es hora de construir todos juntos ese México con el soñamos, más allá de colores partidistas. Te invitamos a asumir tu responsabilidad ciudadana y a unirte a nosotros en un solo grito de ¡Ya Basta! 

Aquí te dejamos los enlaces de las Cámaras de Diputados y de Presidencia para que sepas quién es tu legislador y a donde escribir. Si tienes algún problema con ello, escríbenos y te ayudamos a escribir la carta o a averiguar quién es tu legislador. Para averiguar de las autoridades estatales ve a nuestra sección de Legislación Estatal donde hay enlaces a los gobiernos de los Estados.

 

Cámara de Diputados http://www.diputados.gob.mx

Cámara de Senadores http://www.senado.gob.mx

 

La semana pasada di con una nota en el Times on Line que llamó poderosamente mi atención, quizá por el morbo que suscitó el encabezado:”Tuve sexo con mi hermano y no me siento culpable”.

Lo empecé a leer porque no podía imaginar que me podía decir una persona que mantuvo relaciones incestuosas sin sentimiento de culpa, y pensé en ese momento que quizá se trataba de alguna patología o enfermedad psicológica.

Sin embargo, a medida que fui leyendo, la nota empezó a parecer más que un diagnóstico médico, una novela de Stephanie Meyer, claro, sin vampiros ni hombres lobo, pero igual de romántica.

La protagonista de esta historia nos relata como surgió su historia romántica con Daniel, su hermano, y que inició por el cercano contacto entre ambos, como cómplices  un tanto coludidos en contra de la hermana mayor, seria y responsable. Relata una relación de confianza mutua, honesta, de verdaderos amigos que se infunden seguridad uno al otro.

Las relaciones físicas entre ellos, sin embargo, fueron acercamientos paulatinos, y no fue sino hasta que ella cumplió 17 años, y él 18, que tuvieron una relación sexual completa.

Su vida siguió siendo la de las dos personas más cercanas sin que el sexo fuera su razón primordial, sino solo una parte del amor que sentían el uno por el otro. Y así sucedieron las cosas hasta que Daniel conoció a Alison, una mujer que le hizo sentir diferente al resto de sus novias, pero no a su propia hermana a quien le dijo que si ella así lo deseaba él dejaba a Alison y podían vivir una vida juntos dando la cara al mundo como los hermanos solterones, aunque hacia su intimidad viviendo vida de pareja. Sin embargo, fue ella, la hermana, quien prefirió que cada uno hiciera su vida con otros, casados y con hijos, así que Daniel se casó con su prometida y ella relata que ha conocido a alguien por quien siente algo diferente, aunque sabe que el rastro tanto emocional como físico que su hermano dejó en su vida va a ser difícil de superar.

Esta narración nos hace parecer que ella encontró en Daniel al amor de su vida, a su otro yo, su complemento, media naranja o como se le quiera llamar. Pero es su hermano y la relación con él está tipificada aquí y en Inglaterra y en varios países como un delito llamado incesto.

Incluso la sola palabra la oímos fea porque suena a algo malo, a padres e hijas, a abuso, a manipulación, a grandes diferencias de edad. Aunque en la realidad el incesto es un delito que penaliza las relaciones sexuales entre padres e hijos o entre hermanos, aun cuando estas relaciones sean voluntarias y consentidas por ambas partes.

En México, el artículo 272 del Código Penal Federal sanciona este delito con prisión de uno a seis años para los ascendientes, es decir para los padres y con seis meses a tres años de prisión para los descendientes o los hermanos.

En el estado de Derecho los delitos existen y se sancionan porque hay un bien mayor que proteger. Por esto queda en discusión, una ya muy añeja, que nos plantea dos preguntas primordiales: ¿Quién es el ofendido en el incesto voluntario? ¿Qué bien mayor tutela el orden jurídico?

Para la primera pregunta no encontré respuesta. Si es sexo consentido y voluntario entre ambos, creo que no hay ofendido entre ellos. Y en el caso que narramos entre hermanos, ni siquiera hay un agravante de gran diferencia de edad que nos haría suponer una manipulación de uno hacia el otro.

Para la segunda pregunta encontré varias respuestas ya que los juristas dicen que se tutela a la familia, otros dicen que es el orden moral y jurídico familiar y hay quienes consideran que se tutela el orden moral de la sociedad.

No estoy juzgando el hecho ni como bueno ni como malo, sino intento entender un poco más el orden jurídico y cada caso en concreto, porque es obvio que entre este caso y el del sujeto de Austria que mantuvo secuestrada a su hija, hay un mundo de diferencia, y sin embargo ambos casos tienen el común denominador de que se trata de relaciones incestuosas.

A mi me quedan varias preguntas cuyas respuestas generan más preguntas: ¿Cambiaría en algo que no hubiera vínculo sanguíneo? ¿Sería diferente si uno de ellos hubiera sido adoptado? ¿Por qué? ¿Pesan más en esta protección a la sociedad las razones genéticas, como evitar hijos con taras? ¿O se trata en realidad de una protección moral de la familia y de la sociedad? Y llegamos a preguntas cuya discusión lleva siglos ¿Qué es moral y que es inmoral? ¿Quién dicta la moralidad?

Y yo te pregunto, es legal que se sanciones el incesto porque es una ley que lo establece, pero ¿es justo en todos los casos? Me gustaría conocer tu opinión.

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