La prostitución no es un delito. De hecho en muy pocas legislaciones del mundo se le considera como tal, quizá partiendo de la base de que cada quién es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera.

 

Lo que sí se considera delito, al menos en nuestro país, es el llamado lenocinio que en pocas palabras es el obtener lucro del “comercio carnal” que haga otra persona, lo que incluye el regentear o administrar casas de cita.

 

Pero también, y probablemente muy pocos lo sepan, el lenocinio es solicitar o inducir a alguien a “comerciar con su cuerpo”. Quizá no lo sabemos porque las autoridades no se encargan de sancionar estas actividades y como seres humanos solo reaccionamos ante la sanción.

 

 

 

Yo pensaba que las mujeres se prostituían por poderosas razones económicas, pero creo que estuve equivocada mucho tiempo. O quizá en lo que estoy equivocada es en definir estas poderosas razones económicas, ya que mientras para unos significa el obtener alimento, para otros puede referirse a acceder a una clase social más alta que la que tienen.

 

Hace unos años me enteré de que en México las jóvenes de clase baja y media se prostituían para obtener ropa “de marca” o dinero para ir a los antros de moda. Y esta nueva clase de prostitución no está sujeta a las asociaciones de Sexoservidoras, como existe en Ciudad de México, ni a las normas y verificaciones de los servicios de salud locales. Pero estos intercambios sexuales a cambio de bienes están llegando más allá de si el lenocinio es un delito o no o del “qué dirían tus papás si supieran”.

 

En Europa, quizá por la crisis económica o el alto costo de la vivienda, se está gestionando una nueva clase de arrendamiento inmobiliario, en donde se negocia el pago de la renta o del mantenimiento, luz y agua, o de todo junto, a cambio de estos servicios sexuales.

 

Los muy liberales pueden no considerar estos intercambios como prostitución, sin embargo, hay que llamar a las cosas por su nombre. La prostitución en esencia se define como el otorgamiento de servicios sexuales a cambio de dinero o de cualquier otro bien.

 

¿Cuál es la implicación legal? Pues en primer lugar se está manejando otro tipo de “moneda” que no es la del curso legal. Es como una regresión a la época del trueque. Pero por la misma situación, los contratos no son del todo válidos ni exigibles en Tribunales. ¿Te imaginas como sería el alegato por falta de pago de renta? Parece de chiste, pero este asunto tiene un fondo social, económico y jurídico muy importante.

 

Además, ¿cómo fijar un precio cierto como lo exige el derecho mexicano? ¿Cómo valuar algo tan subjetivo como una relación sexual? ¿Por tiempo de duración? ¿Calidad? ¿Cantidad? ¿Periodicidad? ¿Cómo asentar todos estos detalles en un contrato?

 

Voy de acuerdo, ni el arrendatario ni el arrendador firmarían un contrato con estas cláusulas, aunque no firmar contrato equivale por un lado a arriesgar la propiedad del bien y por el otro la seguridad de las posesiones del inquilino quien podría ser lanzado en cualquier momento por “incumplimiento”. Y por otro lado, firmar un contrato colocando un precio ficticio pone en seria desventaja a ambos al no poder demostrar el pago o su falta en caso de problemas.

 

Y nos queda el segundo aspecto legal del asunto: el arrendador está cometiendo el delito de lenocinio. Simple como eso. Y por no hablar de investigaciones que las autoridades pudieran llegar a hacer (¡Claro, no hablo de México, en donde creo que no se investiga nunca nada!), siempre hay el riesgo de que un arrendatario inconforme o molesto denuncie la situación. Total, él o ella solo se están prostituyendo y no cometen ningún delito, pero el otro…

 

Ahora, si crees que esto solo ocurre en Europa y quizá en ciudades cosmopolitas como Nueva York, te invito a leer el enlace en donde Laura Viadas, reportera del Excélsior publicó su propio anuncio en México y descubrió que hay gente interesada en ese tipo de intercambio también en nuestro país.

 

¿Esta situación se debe a la crisis económica? ¿Es producto de la revolución sexual y la igualdad de género? ¿Crisis moral? ¿O acaso estas situaciones son reflejo de la descomposición familiar como la conocemos? y tú ¿qué opinas?

 

Fuente. ExOnline