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Categoría: Bárbara Amaro
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La BBC publicó que las dos terceras partes de los órganos donados en China provienen de los reos que fueron condenados a la pena de muerte y por tanto son el mayor recurso de órganos en un país donde 1.5 millones de personas necesitan un trasplante de órganos pero donde solo se realizan unas 10,000 operaciones la año.

Y es que aún cuando China, según ha denunciado Amnistía Internacional, es el país donde hay más ejecuciones, no basta para cubrir la demanda de órganos porque además no es moral que se retire los órganos de los ejecutados aunque con ello se salve la vida de otra persona porque no es moral que se utilicen órganos de una persona que no los ha donado voluntariamente. Reo o no.

El gobierno de China ha iniciado una campaña para la donación de órganos para que ya no provengan de los ejecutados y para tratar de detener el mercado negro de órganos que ha crecido aun cuando se trata de un delito.

Pero la realidad de la compraventa de órganos no solo es de China, sino también de México donde también es delito sancionado con 6 a 17 años de prisión y multa de 8 mil a 17 mil días de salario mínimo según el artículo 462 de la Ley General de Salud, porque como en China, pese a los programas para solicitar la donación de órganos, sigue siendo muy reducido el número de personas dispuestas a donarlos.

Con la crisis económica, el tráfico de órganos en México, en el Perú, en Afganistán, en China y en muchos otros países ha ido en crecimiento y ni las leyes más severas han podido detenerlo.

Quizá porque las mismas autoridades se hacen de la vista gorda ya sea porque son intermediarios o porque obtienen una ‘comisión’ por su silencio o en el mejor de los casos porque saben que con el ‘negocio’ se pueden salvar no una vida, la del receptor del órgano, sino dos y quizás más, la del que entrega el órgano y su familia.

No nada más se venden órganos, sino que también se alquilan vientres para gestar hijos ajenos con todas las consecuencias legales a las que ya hemos hecho referencia, o se vende esperma y óvulos, hijos potenciales que el día de mañana andarán deambulando por el mundo sin conocer a sus padres biológicos. Y para nadie es secreto que todos los días en algún hospital se vende sangre por unos $200.00 pesos para que se pueda llenar el requisito de donadores de sangre para que el centro de salud opere a un paciente.

Pero los tejidos, los órganos y las personas mismas, están fuera del comercio y por tanto cualquier transacción con ellos queda al margen de la ley.

Es ilegal, pero frente a una enfermedad con el riesgo de muerte por un lado, y el hambre por el otro ¿qué se hace?

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