En una decisión inusitada, la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos solicitó a un juzgado federal en el estado de Georgia que revise el caso de un reo condenado a muerte por el asesinato de un policía en 1987.

 

La decisión ha despertado mucha controversia ya que el asunto del reo, de nombre Troy Davis, es cosa juzgada. Sin embargo, Davis introdujo una nueva petición ante la Corte para que se revisara su caso porque ha aparecido nueva evidencia respecto de su inocencia.

 

La verdad jurídica es la que ha quedado establecida en los tribunales cuando la sentencia es firme. Por tal motivo, y dado que el caso ya no admitía mayores apelaciones, la verdad jurídica es que Davis es culpable y conforme a la legislación estatal, merece la pena de muerte.

 

Pero los testigos se retractaron de su testimonio original y las evidencias actuales parecen apuntar a que el verdadero homicida es quien fungió como testigo principal contra Davis. Por eso el ministro Stevens declaró que matar a un hombre inocente es una violación a las leyes y sobretodo a los principios constitucionales y con ese fundamento se ha solicitado la revisión de la nueva evidencia.

 

No es un tema nada fácil porque todo sistema jurídico necesita de constancia y de firmeza en las resoluciones, por eso llega un momento en que la verdad legal prevalece y no se acepta mayor apelación en su contra. Sin esta estabilidad, el sistema no sería útil.

 

Pero por el otro lado se trata de un sistema que afecta vidas humanas por lo que sus decisiones deben estar bien fundamentadas en evidencia real y cierta ya que la intención final del sistema judicial es restablecer el orden roto a la sociedad.

 

Cuando creemos que el sistema judicial funciona con esa constancia y estabilidad aparecen casos como el de Davis en Estados Unidos o Acteal en México en donde conocemos que el sistema no funcionó desde el inicio por falta de fundamento en las pruebas. Y si las pruebas son equivocadas, la verdad legal que se establece también estará equivocada. ¿Y el sistema judicial? Pues habrá fallado a su propósito y solo habrá servido para justificar el sueldo de algún fiscal o agente del ministerio público. Y la Justicia no habrá sido servida.

 

La legalidad es la que otorga la certeza al sistema. Y no nada más al sistema judicial, sino a toda la estructura estatal. Sin el cumplimiento de las leyes ni el respeto a las instituciones, quedamos a merced de unas cuantas personas que puedan manipular la verdad para llegar a una verdad legal engañosa, es decir, para disfrazar la mentira de verdad legal.

Pero la Verdad, con mayúscula, termina emergiendo en algún momento y reclamando lo que es suyo, como la vida de Davis o la libertad de los 20 indígenas de Acteal.

 

Debido a la tardanza y a las mentiras que surgen en el proceso se trata de asuntos que nos hacen perder la fe en el sistema y asegurar que todo está perdido. Pero por el otro lado, son situaciones que nos traen la esperanza de que, tarde quizás, la Verdad algún día llega y muchas veces acompañada de la Justicia.

 

(No sé si esto sea consuelo para Davis o para los presos de Acteal porque con una palmada en la espalda y un “usted perdone” se pretende subsanar deficiencias que a ellos les han costado años de sus vidas).