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Categoría: Bárbara Amaro
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La semana pasada di con una nota en el Times on Line que llamó poderosamente mi atención, quizá por el morbo que suscitó el encabezado:”Tuve sexo con mi hermano y no me siento culpable”.

Lo empecé a leer porque no podía imaginar que me podía decir una persona que mantuvo relaciones incestuosas sin sentimiento de culpa, y pensé en ese momento que quizá se trataba de alguna patología o enfermedad psicológica.

Sin embargo, a medida que fui leyendo, la nota empezó a parecer más que un diagnóstico médico, una novela de Stephanie Meyer, claro, sin vampiros ni hombres lobo, pero igual de romántica.

La protagonista de esta historia nos relata como surgió su historia romántica con Daniel, su hermano, y que inició por el cercano contacto entre ambos, como cómplices  un tanto coludidos en contra de la hermana mayor, seria y responsable. Relata una relación de confianza mutua, honesta, de verdaderos amigos que se infunden seguridad uno al otro.

Las relaciones físicas entre ellos, sin embargo, fueron acercamientos paulatinos, y no fue sino hasta que ella cumplió 17 años, y él 18, que tuvieron una relación sexual completa.

Su vida siguió siendo la de las dos personas más cercanas sin que el sexo fuera su razón primordial, sino solo una parte del amor que sentían el uno por el otro. Y así sucedieron las cosas hasta que Daniel conoció a Alison, una mujer que le hizo sentir diferente al resto de sus novias, pero no a su propia hermana a quien le dijo que si ella así lo deseaba él dejaba a Alison y podían vivir una vida juntos dando la cara al mundo como los hermanos solterones, aunque hacia su intimidad viviendo vida de pareja. Sin embargo, fue ella, la hermana, quien prefirió que cada uno hiciera su vida con otros, casados y con hijos, así que Daniel se casó con su prometida y ella relata que ha conocido a alguien por quien siente algo diferente, aunque sabe que el rastro tanto emocional como físico que su hermano dejó en su vida va a ser difícil de superar.

Esta narración nos hace parecer que ella encontró en Daniel al amor de su vida, a su otro yo, su complemento, media naranja o como se le quiera llamar. Pero es su hermano y la relación con él está tipificada aquí y en Inglaterra y en varios países como un delito llamado incesto.

Incluso la sola palabra la oímos fea porque suena a algo malo, a padres e hijas, a abuso, a manipulación, a grandes diferencias de edad. Aunque en la realidad el incesto es un delito que penaliza las relaciones sexuales entre padres e hijos o entre hermanos, aun cuando estas relaciones sean voluntarias y consentidas por ambas partes.

En México, el artículo 272 del Código Penal Federal sanciona este delito con prisión de uno a seis años para los ascendientes, es decir para los padres y con seis meses a tres años de prisión para los descendientes o los hermanos.

En el estado de Derecho los delitos existen y se sancionan porque hay un bien mayor que proteger. Por esto queda en discusión, una ya muy añeja, que nos plantea dos preguntas primordiales: ¿Quién es el ofendido en el incesto voluntario? ¿Qué bien mayor tutela el orden jurídico?

Para la primera pregunta no encontré respuesta. Si es sexo consentido y voluntario entre ambos, creo que no hay ofendido entre ellos. Y en el caso que narramos entre hermanos, ni siquiera hay un agravante de gran diferencia de edad que nos haría suponer una manipulación de uno hacia el otro.

Para la segunda pregunta encontré varias respuestas ya que los juristas dicen que se tutela a la familia, otros dicen que es el orden moral y jurídico familiar y hay quienes consideran que se tutela el orden moral de la sociedad.

No estoy juzgando el hecho ni como bueno ni como malo, sino intento entender un poco más el orden jurídico y cada caso en concreto, porque es obvio que entre este caso y el del sujeto de Austria que mantuvo secuestrada a su hija, hay un mundo de diferencia, y sin embargo ambos casos tienen el común denominador de que se trata de relaciones incestuosas.

A mi me quedan varias preguntas cuyas respuestas generan más preguntas: ¿Cambiaría en algo que no hubiera vínculo sanguíneo? ¿Sería diferente si uno de ellos hubiera sido adoptado? ¿Por qué? ¿Pesan más en esta protección a la sociedad las razones genéticas, como evitar hijos con taras? ¿O se trata en realidad de una protección moral de la familia y de la sociedad? Y llegamos a preguntas cuya discusión lleva siglos ¿Qué es moral y que es inmoral? ¿Quién dicta la moralidad?

Y yo te pregunto, es legal que se sanciones el incesto porque es una ley que lo establece, pero ¿es justo en todos los casos? Me gustaría conocer tu opinión.

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