Mientras ayer por la noche se velaban los restos del sub-comandante de la Policía Intermunicipal de Veracruz - Boca del Río, quien murió tras haber sido brutalmente atacado a balazos para después incendiar su casa, en el otro extremo de la ciudad la música en los bares y discotecas sonaba a todo volumen invitando a la gente a seguir festejando.

 

Este sub-comandante no murió solo. Junto con él asesinaron a su esposa y a sus cuatro hijos, tres niñas de 15, 13 y 12 años y un niño que el día que murió iba a festejar su séptimo cumpleaños. Las niñas murieron asfixiadas por el humo. El niño con impactos de bala.

 

Se trata de un hecho que debe alterarnos como sociedad, que debe poner otra vez el grito de ¡Ya Basta! en las gargantas no solo de los veracruzanos, los principales agredidos, sino de todo México. Y sin embargo, solo se ha escuchado un “ups, que pena” y a seguir la fiesta porque la vida es corta como para andar llorando muertes ajenas.

 

Los que crecimos en un México sin tanta violencia, estamos asustados, angustiados, apabullados. Y quienes están creciendo en esta violencia lo ven como algo normal y cotidiano, como hechos por los que la vida no debe detenerse ni aún para proteger la propia vida.

No sé si el sub-comandante fue asesinado por estar involucrado en asuntos turbios, aunque tampoco quiero creer que fue asesinado por estar haciendo bien su trabajo en contra de las mafias que asolan a la región. No sé que sería peor. Pero si estoy segura que sus hijos no tenían nada que ver.

 

Probablemente Bárbara Samantha, de 15 años, se durmió suspirando de amor por un chavo guapísimo que justo ese día la miró tres segundos más de lo habitual. Y Andrea Nahomi y Mercedes, de 13 y 12 años, tal vez se durmieron discutiendo quien iba a usar la falda rosa en la fiesta de José, su hermano menor, a quien le costó trabajo conciliar el sueño pensando si sus papás le habían comprado a Optimus Prime como regalo de cumpleaños.

 

¿No deben dolernos sus muertes? ¿No debemos clamar ¡Ya Basta! aunque no se trate de los hijos de una persona bien relacionada y con poder económico? Probablemente nuestros corazones se están anquilosando en un intento por protegernos de tanto dolor, frustración e impotencia. Probablemente nos estamos quedando callados porque si se tratara de seguir gritando a voz en cuello que estamos hartos de la violencia ya nos hubiéramos quedado sin voz. O tal vez nos estamos acostumbrando a estas masacres y solo vamos a gritar cuando nos afecte directamente.

 

Mientras que la rumba siga.