El delito de violación es uno que lesiona profundamente a la sociedad porque se ataca en los más íntimo a una persona, pero además porque pone de manifiesto la ley de la fuerza bruta frente a la razón. Por ello hay quienes incluso proponen la pena de muerte para los violadores dejando claro que se trata de uno de los delitos más graves.

 

Pero quizá quienes abogan por la pena capital para estos sujetos no se han puesto a considerar que ahora muchas violaciones son cometidas por niños, no jóvenes, niños, muchos de los cuales por su corta edad ni siquiera pueden ser imputados penalmente en sus países.

 

Tal es el caso de los cuatro niños españoles que violaron a una niña de 13 años y cuyo caso ha destapado el de otras violaciones parecidas en territorio español.

 

Cuando se detuvo a estos niños solo se pudo procesar a uno penalmente porque los otros no alcanzaron los 14 años de edad para ser calificados como responsables de su delito. Así que mientras la niña a quien violaron vive asustada, deseando cambiar de casa y colegio y con su autoestima destruida, estos chicos solo recibieron un tirón de orejas y quizá un sermón sobre lo mal que está lo que hicieron.

 

Ante el suceso, como suele suceder después de “ahogado el niño”, diferentes funcionarios, parlamentarios, grupos y personas clamaron en España por la reducción de la edad penal para poder procesar penalmente los casos de niños violadores que se puedan presentar en el futuro.

 

En Estados Unidos sucedió un caso parecido en donde niños de entre 9 y 14 años violaron a una niña de tan solo 8 años. En este caso no solo los niños, incluido el de 9 años, serán procesados sino que el de 14 será juzgado como adulto por lo que podría enfrentar cadena perpetua.

 

¿Pero la solución es reducir la edad penal? Por supuesto que queda sensación de injusticia cuando se comete un delito de tal gravedad y quien lo cometió no recibe castigo. Pero por el otro lado nos debemos preguntar si el niño de 9 años tenía plena noción de lo que hacía o si lo hizo por seguir a los grandes y ser parte del grupo o siquiera si se enteró que cometía una de las mayores agresiones en contra de otra persona. Y hay que preguntarnos todo ello en el contexto de una sociedad que no considera el sexo oral como sexo y donde es la sexualidad la que se encarga de vender desde helados hasta ropa “cool”.

 

No se trata de juzgar a las sociedades españolas o estadounidense de lejos, sino también de reflejarnos en ellas porque nosotros también  estamos sobre excitando sexualmente no solo a los jóvenes sino a los niños y como ejemplo están las fotografías de la actriz Dana Paola quien a sus 13 años asumió poses sensuales en bikini frente a la cámara mostrando un cuerpo todavía aniñado ¿O crres que en México estamos ajenos al sexting o práctica de las niñas de mandar sus fotografías semidesnudas vía celular o colocarlas en alguna red social? ¿No circularon fotografías de la cantante Belinda desnudándose frente a su cámara de Internet?

 

¿El problema se trata de leyes? ¿Le pedimos al Congreso que reduzca la edad legal para hacer imputables a nuestros niños de delitos a los que los estamos empujando sutilmente? ¿El tenerlos en las cárceles superpobladas en un sistema penitenciario que ha demostrado ser ineficiente soluciona la situación? ¿Pedimos también la pena de muerte para  los niños violadores quienes también son víctimas?

 

Hay problemas que no se trata de leyes, porque nada se soluciona de un plumazo, y que no son la sola responsabilidad del gobierno. Quizá es momento de asumir nuestra responsabilidad como padres, maestros y adultos y empezar a educar, aunque exija más que solo llegar tarde a señalar con el dedo, castigar y esconder tras las rejas en una filosofía de “ojos que no ven, corazón que no siente”.

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