Las declaraciones del actual secretario de Comunicaciones y Transportes respecto de los lamentables hechos ocurridos en la guardería ABC de Hermosillo Sonora, están poniendo de manifiesto un asunto que debe preocuparnos y ocuparnos y que se trata de la evasión de responsabilidad de los funcionarios mexicanos que no aceptan que no cumplieron cabalmente sus obligaciones consignadas en las leyes.

 

Esta falta de asunción de responsabilidad se presenta en varios niveles de gobierno. Por ejemplo, tras el ataque con grandas a un antro o centro nocturno en Boca del Río, Veracruz, el presidente municipal convocó a una rueda de prensa para mostrar la evidencia de que él no tenía nada que ver con lo que se hacía en ese lugar ya que el permiso de operación fue expedido hace dos administraciones y así, con esa simpleza, se lavó las manos como Pilatos.

 

Con acciones como esa todo parece indicar que la tónica general de nuestros funcionarios parece ser evadirse de responsabilidad con frases como “yo lo recibí así” “a mi no me tocaba hacerlo” o  “yo no lo autoricé”, frases que parecen confluir en el clásico reciente de “¿y yo por qué?”

 

Y hasta que les explota la bomba en la cara se dan cuenta de la importancia de actuar conforme a las leyes, porque si sus predecesores en el cargo se hubieran manejado conforme a las mismas, los márgenes de error estarían reducidos a los mínimo y podría haber una continuidad en las funciones, sin miedo a aprobar algo mal hecho o nacido de alguna chapuza.

Pero esta falta de legalidad es el gran problema de México. Se cumplen las leyes solo cuando conviene y cuando no, pues se hace el llamado a una resistencia civil o se encubre su falta de cumplimiento.

 

¿Cuál es el peligro de la falta de legalidad? No solo de seguir como hasta ahora con falta de continuidad en acciones y funciones, falta de justicia, con instituciones que no están funcionando y con falta de credibilidad, sino también con el riesgo de llegar a situaciones como la que hoy vive Honduras en donde uno y otro bando incumplió el estado de derecho y hoy están al borde de una guerra civil con un gobierno sin legitimidad internacional.

 

La legalidad es la vía por la que México debe transitar: legalidad en nuestros actos como ciudadanos y habitantes, pero sobretodo legalidad en las instituciones que sostienen al estado porque de otra manera éstas seguirán desgastándose como hasta ahora lo que deja al estado mismo altamente vulnerable a ataques externos que nadie en su sano juicio desea.