Idealmente los gobiernos deben proteger a todos los habitantes y particularmente a los más vulnerables.

 

Los más vulnerables como las madres trabajadoras que por un sueldo muy bajo que le de para medio ir pasando la quincena debe dejar a su bebé en una guardería del IMSS, porque sus ingresos no le permiten quedarse en casa a cuidar a su hijo ni pagar una guardería privada que proporcione un mejor servicio. Así que debe confiar en que el estado mexicano cuida de ella y cuida de su hijo que al ser un menor de edad, un bebé, es el habitante más vulnerable de este país y el que merece una mayor protección.

 

Esta protección es una hermosa teoría que se plasma en las leyes pero que no llega a la realidad por culpa de todos nosotros que seguimos queriendo vivir en un país de influencias y no de leyes, en donde lo más importante en las tarjetas de presentación es el “yo conozco a”, seguido, probablemente, de algunos billetes que compren conciencias.

 

El caso de la guardería ABC nos pone de manifiesto una vez más que vivimos en este país de influencias, donde se permitió abrir una guardería en un enorme galerón lleno de material inflamable y tóxico, sin patio interno, ni ventanas, ni puertas de seguridad, ni cunas con ruedas, ni con la preparación de los propietarios en materia de cuidado de niños o educación. Una guardería que solo es un ejemplo de cuántas que se han abierto en este país que no cumplen con la norma pero que el dueño es fulanito de tal, amigo del presidente municipal o compadre del diputado o sobrino del gobernador, lo que les da "derecho" a ahorrarse costos en protección y asistencia y quizá hasta en alimentación e higiene y por ganar más dinero poner en riesgo a los más vulnerables, a los que el amigo, el compadre o el tío, funcionario público, se comprometió a servir y a proteger.

 

 

Las guarderías no son el único caso del México del influyentismo, porque se da a todos los niveles, desde doña Lucha que no hace fila para pagar el agua porque su comadre es la de la ventanilla, hasta los hijos de la esposa del presidente que se hacen de negocios y terrenos usando el apellido del padrastro.

 

Mientras elijamos seguir viviendo en ese país donde más vale ser pariente de alguien “importante” y encontrar una relación familiar aunque sea en sexto grado de parentesco, sobre un país de leyes, van a seguir ocurriendo tragedias como la de la guardería en Hermosillo o la de la mina en Pasta de Conchos, vamos a seguir viviendo en la impunidad y en la ilegalidad y vamos a seguir gobernados por personas a quienes no les importe el bien de México, sino el de su bolsillo mientras les dure el hueso.

 

Esta decisión hoy nos costó 44 vidas de los más pequeñitos, de los más indefensos, de los más vulnerables ¿Cuántos vidas más estamos dispuestos a dar? ¿Cuánto tiempo más aguantará México?