El mes pasado se presentó un caso que conmocionó a Estados Unidos, sobre Daniel Hauser, un niño con cáncer y sus padres, Colleen y Anthony, que se negaron a la quimioterapia ya que habían optado por terapias alternativas.

 

Sin embargo, el derecho consideró que los padres estaban fallando en su obligación respecto de su hijo y mediante una decisión judicial se obligó a esos padres a presentar al niño en el hospital para iniciar el agresivo tratamiento.

 

Ante la situación, Colleen decidió huir con su hijo, tras lo cual se emitió una orden de arresto en su contra y se convirtió en prófuga de la justicia. Se cree que ellos llegaron a México donde seguirán con las terapias alternativas.

 

Este no es el primer caso que se presenta en aquel país ya que se pueden encontrar numerosas historias de batallas en tribunales entre médicos y padres sobre lo que es mejor para un menor. En algunos casos han ganado los padres, pero en otros ha ganado el sistema de salud tradicional.

La patria potestad es no solo una facultad sino también la obligación que tenemos de proveer a los niños de vivienda, vestido, alimentación, educación y salud, por lo que legalmente estamos obligados a proporcionarles servicios de salud, tratamientos y medicamentos.

 

La gran pregunta sin embargo es cual es nuestro derecho para decidir sobre el bienestar de nuestros hijos y elegir entre medicamentos tradicionales y la llamada medicina alternativa.

 

Los padres que se deciden por las oraciones, las hierbas y el yoga ¿están decidiendo mal?

 

Podríamos establecer que la decisión se basa en un sistema de creencias. Habrá quienes crean que lo mejor es la quimioterapia para combatir el cáncer y habrá otros que opten por cambiar de alimentación, de estilo de vida y tomar té de hierbabuena, por ejemplo. Habrá quienes combinen los tratamientos y otros que crean que uno se contrapone con el otro y se decidan por uno solo. Es como la religión, pese a que hay quienes te dicen que estás equivocado al elegir tal o cual, la realidad es que se trata de decisiones personales.

 

Por lo que si hay libertad de creencias, se debería respetar la libertad de los padres de decidir cual tratamiento es el adecuado para sus hijos. Sería lo razonable.

 

Pero la realidad es que el sistema de salud en México se basa en la medicina tradicional y no en un sistema de creencias y la seguridad social, que incluye el tema de la salud, es un derecho de los mexicanos. Por tanto, sí se puede forzar a un padre a permitir tratamientos tradicionales a su hijo, aunque no esté de acuerdo con ello y con la decisión no se viola el derecho de los padres a la libertad de creencias, sino que se protege el derecho del hijo a la vida y a la salud, desde esta óptica tradicionalista de la medicina.

 

Sucede, sin embargo, que nunca he escuchado que se acuse en tribunales a un padre o a una madre de no proporcionar servicios de salud adecuados a su hijo cuando ha optado por terapias alternativas. No sé si porque somos respetuosos de las creencias ajenas o porque tenemos la filosofía de “dejar hacer, dejar pasar”.

 

Así que también en México, Colleen, está obligada a dejar que a Daniel, su hijo le den el tratamiento de quimioterapia.

 

Parecería injusto ¿no?, pero es lo legal.