El cabello, lejos de ser un asunto trivial y tema de salones de belleza o confidencia entre mujeres, es una creciente industria que genera muchos ingresos particularmente por lo que se refiere a la exportación, importación y venta de extensiones de cabello y pelucas.

 

La creciente industria de las extensiones de cabello para mujeres, presenta dos caras: por un lado no solo la belleza sino también el status que muchas mujeres buscan tener con sus extensiones de cabello, que entre más evidentes sean, mejor, y la pobreza de aquellas que donan sus cabelleras, a veces por algunos centavos y otras veces forzadas por sus propios maridos.

 

Entre más natural el cabello con que se realiza una extensión, más cotizado es debido a que se pude teñir, alaciar o enrular más fácilmente y en algunos países las mujeres llegan a pagar miles de pesos por algunas extensiones que tienen una vida útil de seis meses.

 

Se ha investigado la procedencia del cabello de muchas de extensiones y se han encontrado historias dignas de ser contadas, como la de presas rusas que han sido obligadas a raparse las cabezas para que en el mercado negro se venda su cabello y pueda ser lucido por celebridades como Victoria Beckham.

 

En Europa del este, con la crisis, también se conoce de mujeres que, como en libro de Mujercitas de Luisa May Alcott, venden sus bien cuidadas melenas por unos cuantos dólares para salir de alguna deuda que las está agobiando.

 

Se trata de historias que también involucran mujeres de países como India, México o Perú que son obligadas a raparse para que el esposo obtenga un ingreso extra de dinero y se han reportado casos incluso de robo de cabello, en los que varias personas inmovilizan a una mujer mientras es rapada para vender ese cabello en el mercado negro.

 

Una de las historias más interesantes se presenta el caso de mujeres de religión hindú que entregan sus cabelleras como sacrificio por un favor cumplido. De varios de estos templos se venden estos cabellos a diferentes empresas que venden extensiones y pelucas. Como algunas de estas empresas están procurando que los tratos sean justos y que el cabello no haya sido robado o cortado de manera forzosa, los administradores de los templos aseguran que el cabello se entregó de manera voluntaria, lo cual no es contrario a la verdad, y que del dinero que se recupere por la venta se harán donativos a causas públicas como educación o salud, a lo que en estricto sentido no están obligados. Las mujeres que donan el cabello no reciben dinero a cambio de él y podría parecer injusto que el templo se apropie del bien y lo venda en su beneficio, pero es el mismo tratamiento que se da a la propiedad de la basura, una vez en la calle, es de quien lo tome para si. Quizá sea inmoral, pero no es ilegal.

 

Sobre el cabello hay interesantes estudios sociológicos y psicológicos, algunos que indican que, por ejemplo, cuando una mujer quiere reafirmar su papel en la sociedad tiende a cortar su cabello mientras que cuando los roles de género son rutinarios, el cabello femenino tiende a ser largo.

 

Y frente a quienes buscan el glamour al precio que sea, pagando cientos de dólares por algunas extensiones de cabello indio, peruano o ruso que dura en sus cabezas unos seis meses, hay otro grupo de mujeres, cada vez más numeroso, que sostiene la cultura de un cabello natural, sin extensiones, ni alaciados ni relajamiento, sino una aceptación de quienes son y el lugar que ocupan en la sociedad moderna.

 

B.