Frente a la inminente inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres, se empiezan a dar a conocer los inevitables lineamientos que prohíben actos en detrimento de las marcas patrocinadoras.

 

Se trata de normas que de rayar en lo absurdo pasan a ser violatorias de las libertades no solo de los atletas sino también de los espectadores y, en este caso, de los londinenses y que, perdón por la trillada frase que me estoy robando del movimiento de Occupy Wall Street, son medidas protectoras de la codicia corporativa.

 

Es muy importante que ciertas marcas patrocinen a los atletas porque eso les da la opción de vivir del deporte. Por ello es totalmente entendible que si Juan Torres firmó un acuerdo con Coca-Cola, no pueda ser fotografiado tomando una Pepsi. Pero si el acuerdo lo firmó el comité organizador de los juegos, ¿por qué Juan Torres o cualquier otro atleta no pueden mencionar ni escribir en redes sociales la palabra Pepsi? Pues la realidad es que ni Juan Torres ni ningún otro atleta pueden, mientras formen parte de las competencias, escribir en Twitter o Facebook la palabra Pepsi y menos aún sostener una Pepsi en sus manos, ni usar un reloj Swatch, ni mostrar su tarjeta de crédito Master Card…

 

Además, los atletas tienen prohibido reportar en sus redes sociales los eventos, pronunciarse por algún atleta o dar favoritos. Eso que quede en manos de los profesionales de la información. ¿No es esto violatorio de su derecho a la libre expresión?

 

Libre expresión que también es coartada para los espectadores quienes no pueden subir a la red imágenes ni sonidos de los eventos deportivos.

 

Esto sin contar la restricción que existe para comer papas fritas, prohibición que ha desencadenado todo un escándalo social y con justa razón particularmente porque uno de los platillos típicos ingleses es el de fish & chips, pescado y papas.

 

Pero como el patrocinador es McDonald’s, empresa que construyó un inmenso restaurante en la zona olímpica, solo ellos tienen el derecho de vender papas fritas solas. Así que si alguien quiere comer solo papas, sin el pescado, debe comprarlas en la famosa hamburguesería, que con esta medida pareciera ostentarse como la inventora de las papas fritas, también conocidas como papas a la francesa.

 

Así que también es de relevancia la afectación a los comerciantes de la zona olímpica porque, además de que no pueden vender papas sin pescado, aquellos comercios que venden marcas no patrocinadoras no solo no pueden hacer mención sobre los Juegos Olímpicos, sino que también deben olvidarse de apoyar públicamente a sus atletas en sus locales y solo podrán hacerlo en la privacidad de sus mentes y corazones. Ni modo, ni banderas ni apoyo de parte de competidores de Adidas, BMW, relojes Omega, Samsung, General Electric, British Airways, Visa y Acer entre otras en las que se incluyen las ya mencionadas Coca-Cola y McDonald’s. Ah, bueno, no olvidemos a BP, la millonaria empresa petrolera responsable del derrame en el Golfo de México en 2010.

 

Se ha llegado a una excesiva protección de los intereses de las marcas patrocinadoras, que claro que son muy importantes porque sin el dinero que aportan las ciudades verían sumamente difícil la organización de estos eventos. Pero al cuidar excesivamente estos intereses parecemos olvidar que sin atletas, simplemente no hay Olimpíadas. Solo habría gente viendo la nada mientras come papas y toma una Coca-Cola.

 

Dinero vs. Personas. Tal parece ser el dilema que mueve al mundo actualmente y si parece que soy exagerada o tal vez extremista, basta observar más de cerca lo que la industria del entretenimiento está queriendo hacer al proteger sus intereses económicos en detrimento de la libertad y derechos no solo de los espectadores sino particularmente de los creadores, porque llega un momento en que termina pareciendo que antes de la película no existía El Señor de los Anillos.

 

La esperanza reside en que al llegar a un extremo el péndulo regresa y en algún momento estaremos en un punto de equilibrio. Hasta que vayamos al otro extremo.

 

 

B.