En un programa de la BBC en Inglaterra se desató un interesante debate sobre la posibilidad de que el gobierno introduzca una regulación en la literatura infantil sobre las edades para los que determinados libros están dirigidos, de manera similar como se hace en el cine.

 

La propuesta fue puesta sobre la mesa por el autor infantil GP Taylor, quien recientemente escribió una trilogía llamada Vampyre Labyrinth que sitúa la trama en Yorkshire durante la Segunda Guerra Mundial.

 

El autor dice que sobre su libro recibió el comentario de que se trata de lo más terrorífico que se ha leído recientemente lo que le hizo considerar que había llegado demasiado lejos con el tema del libro particularmente porque está dirigido a adolescentes.

 

Declaró que cuando leyó lo que los niños y adolescentes escriben, tuvo la idea de escribir la trilogía, pero sabe que cruzó el límite y por eso planea regresar a sus orígenes con libros como las aventuras de Mariah Mundi.

 

Su propuesta, sin embargo, fue rebatida por Patrick Ness, el autor infantil de A Monster Calls, que narra la historia de un niño cuya madre tiene cáncer y que es visitado por un monstruo.

 

De acuerdo con Ness es irresponsable que los escritores ignoren el lado oscuro de la vida y que solo pretendan plantear la parte ideal de la vida. Dice que solo cuando se presenta a los niños y adolescentes la verdad sobre lo difícil que puede ser una situación es más fácil que escuchen y acepten consejos sobre valores porque creen que quien se los plantea no tiene razón para mentirles.

 

Lo cierto es que en la literatura infantil cada vez más los protagonistas son niños que viven difíciles situaciones como el abandono de sus padres o la vida con padres con serios conflictos y que se enfrentan en situaciones que no son seguras, comparado con el tipo de literatura que se solía presentar años atrás en donde los ambientes estaban protegidos y por tanto las aventuras de los protagonistas, planteando historias más felices.

 

Para Taylor lo anterior es un indicativo de que se debe ser cuidadoso con lo que se escribe para los niños y de dar una guía a los padres y la mejor manera sería una clasificación gubernamental sobre edades apropiadas. Para Ness sería inútil porque el hecho de prohibir algo a un niño solo desencadena su curiosidad.

 

Una propuesta que es generadora de varias reflexiones: Si se estableciera esta clasificación, ¿se estaría vulnerando el derecho de expresión de los autores? ¿Se vulneraría el derecho de los niños y adolescentes de elegir lo que leen? ¿Se daría una guía a los padres sobre lo que un tercero considera que es adecuado para sus hijos? ¿Se daría una herramienta más para censurar libros?

 

En un país como el nuestro donde lo que se está tratando es el impulso a la lectura en niños y jóvenes, quizá seguir entregándoles historias sobre lo que el mundo debería ser y no sobre lo que en realidad es, puede ser causa de desinterés en los libros, pero tampoco se trata de desnudar la verdad en toda su crudeza y exponerla a mentes en formación sin ningún tipo de autocensura.

 

Al final, ¿quién dibuja la línea?

 

B.