En la Edad Media existían en Europa sitios especialmente designados para que madres que no podían (o no querían) mantener a sus hijos, los dejaran en esos lugares. Hoy son incubadoras ubicadas en sitios específicos para recibir bebés y cuya utilización se está impulsando sobretodo en Europa central.

 

De acuerdo con cifras de la ONU, en Alemania existen en todo el país 99 de estas cajas. En una de ellas, ubicada en Hamburgo, en los últimos 10 años se han recibido a 42 bebés, de los cuales 17 madres han contactado a la organización y 14 regresaron por sus hijos.

 

Un proyecto que he generado mucha controversia porque el abandono de un infante es un delito y, de acuerdo con el artículo 7 de la Carta de los Derechos de los Niños, una violación a sus derechos humanos porque todos los niños tienen el derecho de conocer a sus padres y ser cuidados preponderantemente por ellos.

 

Estas cajas especiales pretenden, sin embargo, salvaguardar la vida de los niños para evitar que sean abandonados en otros sitios como la vía pública donde sus frágiles vidas corren serios peligros.

 

En Alemania, por ejemplo, en cuanto un bebé es depositado sobre las limpias sábanas de la caja, que cuenta con una temperatura cálida para alojarlo, suena una alarma que alerta a médicos y personal de salud de la presencia del niño a fin de que sea debidamente atendido. Cuando la madre deja a su hijo, recibe una carta en donde se asegura el anonimato, pero se le otorga tiempo para que pueda regresar a buscar a su hijo o a dar sus datos para que el niño pueda conocer sus orígenes, sin el temor de ser aprehendida por las autoridades.

 

Para dar esa seguridad a la madre, en algunos países como en Hungría, la ley fue reformada para especificar que el abandono de infante en estos sitios especiales no constituye un delito. Con este cambio a la ley no solo se asegura que la madre pueda regresar por su hijo o dar información, sino también los plazos necesarios para que el abandono se considere consentido por la madre y pueda proceder la entrega de ese niño en adopción, la cual, una vez concedida, es irrevocable.

 

La solución, desde luego, no es colocar cajas para recibir bebés, sino brindar atención social y psicológica a estas madres y la ayuda que necesitan después del nacimiento de sus hijos, momento en que se encuentran muy vulnerables al encontrarse, en muchos de los casos, solas. Pero para los casos en que la ayuda no llega, la existencia de estas cajas bien puede salvar la vida de un niño que en lugar de ser abandonado en un parque es recibido por atentas manos que le prestan auxilio y cuidados.

 

En México el abandono de un infante es un delito, pero existe la posibilidad de que la madre renuncie a la patria potestad de su hijo para darle la oportunidad de ser criado y educado en otro hogar y por otras manos que ansiosamente esperan ser familia.

 

No son muchas las madres que tienen el valor de enfrentar a un juez y a un sistema para renunciar a sus hijos. La mayoría los sigue abandonando, en el mejor de los casos ante una oficina del DIF o en un hospital. En el peor, en un basurero.

 

Para estos niños que son abandonados es el tiempo el que corre a su favor ya que las legislaciones estatales establecen ciertos plazos, generalmente de seis meses, tras los que la pérdida de patria potestad es definitiva y el estado queda facultado para entregarlos en adopción.

 

En Europa, pese a las críticas, el número de estas cajas está creciendo, particularmente en estados que pertenecieron al bloque comunista. Y como ejercicio de reflexión podemos preguntarnos cómo funcionarían estas cajas en México. ¿Su sola existencia sería motivo de ofensa para muchos o podría salvar la vida de niños mexicanos? ¿Contribuirían a paliar el problema del tráfico de infantes o lo agravaría? ¿Habría voluntad legislativa para cambiar las leyes y que el abandono en estas cajas no se tipificara como delito pese a que se desconoce si abandona la madre, el padre u otro familiar?

 

Lamentablemente, cuando no hay apoyo ni asistencia social suficiente y cuando una madre está desesperada, proporcionar los medios adecuados para que entregue a su hijo es la mejor opción que simplemente ponerle el bote de basura enfrente.

 

B.