Ayer celebramos un año más de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, promulgada en 1917. Y como cada aniversario, no faltan los comentarios sobre este documento en donde no nada más se cuestionan los aspectos históricos que le dieron origen, sino también su validez actual tras las múltiples reformas que ha sufrido.

 

Históricamente nuestra Constitución nació en un momento muy difícil, tras el movimiento revolucionario. Es cierto que mucho nos cuestionamos los mexicanos respecto de la Revolución, que inició como tal y terminó siendo una sangrienta lucha de poder, como ha sido nuestra historia política, pero pese a ello, si nos damos el tiempo de leer los ideales del Poder Constituyente que le dio origen, es muy probable que también nos sintamos inflamados de ese espíritu patriótico que sueña con un México justo y libre.

 

Pero no me toca a mi analizar la historia, sino quizá solo dejar mis impresiones respecto de su vigencia actual, porque hay quienes consideran que se debe convocar otro Poder Constituyente y dar origen así a una nueva Constitución. Total, dicen, si ya ha sido tan reformada y manoseada, mejor que se origine nuevo documento.

 

A veces pienso que quienes hablan en ese tono, no acaban de entender qué es la Constitución ni por qué se le llama Carta Magna (así, con mayúsculas). Es como si no se tuviera del todo claro que es el pilar sobre el cual se erige el estado mexicano y con ello el estado de derecho, y por muy imperfecta que sea, no hemos permitido que sea utilizada como un instrumento que legitime en el poder a un dictador con pretensiones de rey, como lamentablemente ha sucedido en algunos países sudamericanos.

 

Ahora bien, sí se trata de un documento imperfecto. El Poder Constituyente de 1917 no estaba conformado en su gran mayoría ni por grandes eruditos, ni por intelectuales, sino por mexicanos que trabajaron y lucharon frente a las injusticias y de ahí que se hayan plasmado derechos muy específicos como los laborales, el derecho a la educación, etcétera. Y es que tenemos que entender que México ha sufrido, y sigue sufriendo, injusticias, opresión, desigualdad y que es sobre estas huellas sobre las que nos hemos construido. Y este comentario es para aquellos que nos comparan con los Estados Unidos y dicen que su Constitución no ha sido modificada. Los origines de ambos documentos son diferentes como nuestras diferencias históricas y culturales, así como el texto mismo de ambas Constituciones.

 

La Constitución del 17 ha sido modificada muchas veces, es cierto, pero la realidad es que no somos los mismos que hace un siglo. Los mexicanos de hoy no somos iguales a nuestros abuelos y bisabuelos y no nada más porque el mundo en sí sea diferente, sino porque nosotros no nacimos en plena guerra, en poblados incomunicados. Por eso es que la Constitución ha tenido que cambiar y adaptarse a las nuevas realidades. Las leyes, finalmente deben ser acordes con la sociedad, y no la sociedad con las leyes porque cuando se tiene esa creencia, las leyes quedan rebasadas y obsoletas y ahí es cuando empiezan a surgir problemas.

 

Probablemente soy idealista al defender a la Constitución y al seguir creyendo que es la columna vertebral del estado de derecho. Y habrá quienes me refuten y me digan que en México, con y pese a la Constitución se comenten grandes injusticias, pero a esos argumentos diré que gracias al sistema establecido nos podemos defender y hay numerosos casos que nos demuestran que la ley puede seguir prevaleciendo cuando se utilizan los medios legales que tenemos a nuestro alcance.

 

También de ideales construimos a México.