Una compañía británica presentó un nuevo tipo de tarjeta SIM que, instalada en los teléfonos “inteligentes” de los niños, permite a los padres controlar tanto el acceso a Internet como el funcionamiento del teléfono mismo desde una computadora.

 

La compañía dice que a diferencia de una aplicación, los hijos no pueden evadir el control que ejercen los padres sobre sus teléfonos.

 

Se trata de una novedad que podría resultar muy útil para los padres en la crianza de sus hijos porque puede evitar desde los desvelos por estar en Internet hasta el acoso o el sexting.

 

Por ejemplo, los padres pueden establecer los horarios durante los cuales el teléfono puede funcionar y apagarlo en horario escolar o por la noche para evitar que los niños se develen navegando (o divagando) en Internet; pueden habilitar y deshabilitar ciertos contactos a fin de evitar que los niños sean seguidos por adultos abusivos o sean víctimas de acoso escolar o bullying; y, pueden deshabilitar páginas no aptas para niños o adolescentes o evitar que sus hijas, particular pero no exclusivamente, envíen mensajes con sus fotografías semidesnudas o con contenido explícitamente sexual, actividad conocida como sexting, que según la Asociación Nacional para la Prevención de la Crueldad en Niños en el Reino Unido, es la presión actual a la que se ven sometidas particularmente las adolescentes.

 

La empresa que desarrolló esta tarjeta explica que aunque todas las funciones del teléfono del niño están deshabilitadas, los padres pueden configurar el teléfono para que puedan contactar a sus hijos y éstos a los padres.

 

Sin duda una herramienta útil para que los padres procuren no solo la educación de los niños, sino también su seguridad. Pero se trata de un dispositivo que también nos puede llevar como padres a abusar de esa posición respecto de los hijos si no se traza la línea entre educación y respeto.

 

Para reflexionar sobre este tema, me he planteado las siguientes preguntas: ¿Los niños y adolescentes sometidos a la patria potestad tienen derecho a la privacidad como un absoluto? ¿Los padres en su responsabilidad de educarlos y guiarlos no tienen derecho a invadir a veces esa intimidad? ¿Cuáles son los límites de los padres en el ejercicio de su patria potestad? Por ejemplo, ¿en el ejercicio de su autoridad pueden deshabilitar contactos de personas “que no convienen” o que no gustan a los padres? ¿Qué pasa con los hijos mayores de edad que siguen bajo el control financiero de los padres? ¿Se les puede seguir controlando el teléfono a través de esta tarjeta? ¿Por ser “la casa, el dinero y las reglas” de los padres, los jóvenes no tienen derecho a su privacidad?

 

Difícil tarea esta de educar a los hijos desde un justo medio, donde se les restrinja pero sin asfixiarlos, donde se les permita pero sin dar absolutamente todo, donde se conozcan y respeten sus derechos sin llegar a la laxitud en función del supuesto respeto a ese derecho que esconde detrás un “no me molestes”.

 

Aunque quizá solo se trate de analizar detenidamente las diferentes situaciones para concluir, por ejemplo, que un teléfono “inteligente” en las manos de un niño de ocho años no tiene ninguna utilidad y que en las manos de uno de doce no le reporta ningún beneficio aunque en su defensa esgrima el conocido “todos lo tienen menos yo”.

 

Quizá no se trate de adquirir la nueva tarjeta SIM  como medio de protección y educación de los hijos, sino solo de aplicar un poco de sentido común y hacerles ver que un sencillo teléfono celular cumple perfectamente su función de mantenernos en contacto en situaciones que así lo ameriten.

 

 

B.