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Categoría: Bárbara Amaro
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Halden es la prisión más humana, moderna y lujosa del mundo. Se localiza en Noruega, entre altos árboles y a menudo ha sido comparada con un hotel de lujo.

 

Se trata de una prisión de máxima seguridad que alberga a 245 reos convictos por delitos como pedofilia, violación y homicidio que separados en grupos de ocho personas, duermen en habitaciones privadas, cada una con pantallas planas de televisión, baño privado con regadera y mullidas toallas blancas.

 

Amelia Gentleman es la corresponsal del diario británico Guardian que describe el sitio con lujo de detalle no solo en su olor a café recién hecho, sino en sus acabados minimalistas, con sofás de cuero color mandarina, y que con sus detalles decorativos ganó el premio al mejor diseño interior.

 

Cada recluso tiene un escritorio de madera de pino, pizarras magnéticas blancas y grandes ventanales sin rejas para poder contemplar el bosque que rodea la prisión. Claro, detrás de esos inmensos árboles hay un alto muro que impide que los reclusos escapen, algo que en sus dos años de vida nadie ha intentado hacer.

 

Se trata de una prisión que costó construir más de $160 millones de dólares y cuyo mantenimiento cuesta por reo por noche $560 dólares lo que la hace más cara que otras prisiones noruegas más viejas que cuestan por reo por noche $336 dólares. Aunque se debe aclarar que no es tan cara como la prisión de Ila donde actualmente está Anders Breivik y donde seguramente, de ser encontrado culpable, purgará su sentencia, o al menos la primera parte de ella, que cuesta por reo por noche $674 dólares.

 

Esta prisión, comparada con las saturadas cárceles mexicanas parece un sueño para cualquier reo en nuestro país, pero su concepción y administración parte de una filosofía penitenciaria muy particular según la cual los reclusos deben estar en un ambiente humano y cálido que les permita no olvidarse de su humanidad y poder salir a rehacer sus vidas y reintegrarse en la sociedad. Una filosofía acorde con una legislación penal cuya pena máxima de prisión es de 21 años, lo que significa que todos los reos están de paso en la prisión y que eventualmente saldrán a la calle.

 

Como parte de esta filosofía no solo se estimula la creación artística o el estudio o incluso la convivencia familiar de los reclusos, también incluye la noción de que la inactividad es generadora de violencia y por ello se paga $8.90 dólares a los reos que cada mañana abandonan sus celdas a las 7:30, participan en las actividades de la prisión y regresan a sus celdas hasta las 8:30 de la noche, hora en que se cierran los cerraduras.

 

Si bien Halden es un sistema muy reciente y no se cuenta con estadísticas, a nivel nacional Noruega tiene una de las tasas más bajas de reincidencia en Europa que es del 20 por ciento en dos años, comparado con el 50 por ciento que se presenta en la Gran Bretaña. Esto se debe no solo al sistema penitenciario, sino también a un muy bien estructurado sistema de bienestar social.

 

Otra característica de esta prisión son los guardias. No se trata de personal entrenado un par de semanas, sino de oficiales que asisten a un curso universitario de dos años de duración en donde se pone especial énfasis en los derechos humanos, la ética y el derecho. De esta manera, Halden cuenta con 340 funcionarios administrativos, más que el número de reclusos, y entre quienes se cuentan los guardias, maestros y personal de salud. 

 

Y a diferencia de otras prisiones en donde se desaconseja la relación cercana con los reclusos, aquí se hace hincapié en la necesidad de que el personal se acerque a ellos a fin de trabajar lo más posible en su rehabilitación mediante conversaciones y consejos que les ayuden a combatir la criminalidad.

 

¿Qué opinan los reos? Los entrevistados señalaron que la prisión puede ser muy bonita y oler a café recién hecho todo el día, pero a la vuelta del día es una prisión lo que significa que se ha perdido la libertad y la libertad lo es todo.

 

¿Lo es todo? Desde mi posición privilegiada sí lo es, como lo es en un sistema donde hay bienestar social, pero la realidad es que estos internos purgan condenas en mucho mejores condiciones que millones de mexicanos que viven en la pobreza para quienes tal vez sería mejor entregar la libertad a cambio de una confortable cama, una regadera y comida que llevarse a la boca cada día, bocadillos y café incluido.

 

B.

 

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