El Día del Niño, durante los festejos y las consabidas reuniones de mamás, la mamá de una compañera de mi hijo comentó que su hijo Toño, de 18 años había viajado a China en compañía de un compañero del colegio. ¡Toda una experiencia!

 

Entre las cosas que contó, dijo que en Beijing (o Pekín) su hijo había visitado la zona de contrabando donde venden artículos “de marca” originales pero robados.

 

Describió que para entrar al edificio donde está la mercancía, levantan un poco una cortina metálica para que cada comprador ingrese, tras lo cual vuelven a cerrar rápidamente la cortina. Para salir, lo mismo, nada más que el peligro aumenta para el “cliente” porque la zona está vigilada por policías buscando a quien esté en posesión mercancía robada. Porque comprar artículos robados, aquí y en China, es un delito.

 

Toño compró un cinturón y me supongo que también compró el bolso Prada que la mamá llevaba ese día en la reunión. O quizá ese “solo” era piratería, otro delicado asunto en la economía china.

 

La conversación derivó a otros temas pero no pude dejar de pensar en el asunto por varios motivos, particularmente, y por razones profesionales, en el aspecto legal de la aventura.

 

Toño regresó a México tras sus vacaciones con su bonito cinturón y ya está haciendo planes para entrar en agosto a la Universidad para estudiar medicina, pero, ¿y si a Toño lo hubieran detenido? No olvidemos que cometió un delito y si es grave que un mexicano delinca en México, hacerlo en otro país agrava aún más la situación.

 

¿Por qué? Porque se trata de un sistema jurídico que nos es desconocido, donde las penas suelen ser más severas, donde el tratamiento judicial a extranjeros se endurece para dar al mundo una cara de legalidad necesaria para seguir creciendo en sus transacciones comerciales. Y aunque existe la asistencia consular, el cónsul no da mordidas al policía para que se hagan de la vista gorda, y solo puede pedir que se de al detenido un tratamiento conforme a las leyes. Así que de haber sido detenido, este muchacho estaría enfrentando cargos por contrabando y arriesgando su futuro profesional. Esto sin mencionar la afectación de la situación familiar no solo en lo emocional sino particularmente en lo económico.

 

Por ignorancia se hacen estupideces, pero en derecho, la ignorancia de la ley no excusa de su cumplimiento y así encontramos lamentables casos como el de la mujer británica que estuvo presa en Dubai por tener relaciones sexuales en la playa con un colega, la iraní que ingenuamente llevó sus pastillas contra el dolor también a Dubai, la británica que fue sentenciada en Laos a la pena de muerte por estar en posesión del 680 grs. de heroína y que escapó a esa sentencia gracias a que se embarazó, y de los muchísimos otros casos en donde por actuar al margen de la ley, las vacaciones se convirtieron en una pesadilla que muchas veces ha llevado no solo a largos periodos de prisión sino hasta la muerte.

 

Viajar no solo significar obtener un pasaporte, una visa y tener el dinero para subir a un avión. Implica saber hacerlo y enseñar a los hijos la regla número uno que es conocer un poco de la cultura del país que se visita y obedecer sus leyes, siempre, invariablemente, aunque sea mucha la  tentación de comprar muy barato un bonito cinturón de marca robado.

 

B.