Imprimir
Categoría: Bárbara Amaro
Visto: 2480
powered by social2s

Una novedosa terapia hormonal aplicada a niños con severa discapacidad para detener su crecimiento y mantenerlos pequeños está siendo debatida en los Estados Unidos entre médicos, grupos de derechos humanos y padres de estos niños.

 

El caso inició con Ashley, una niña que debido a su discapacidad no puede hablar ni caminar y que fue tratada en Seattle, Washington,con dosis de hormonas para que no creciera, además de que quirúrgicamente sus incipientes senos fueron removidos, así como su matriz mediante una histerectomía.

 

Los padres de Ashley y de otros dos niños cuyas historias son reportadas por el diario británico Guardian, declaran que la terapia ha sido en beneficio de los niños porque bajo las condiciones difíciles en que viven ha sido lo mejor para darles una vida lo más digna y cómoda posible.

 

Sin embargo, grupos de derechos humanos de personas con discapacidad argumentan que este tratamiento médico es violatorio de los derechos civiles de estos niños pues se les está mutilando deliberadamente y se está impidiendo que sean las personas que pueden llegar a ser.

 

En el caso de Ashley incluso se condujo una investigación por el Sistema de Protección de Washington que concluyó que los derechos de la niña fueron violados con el tratamiento y que al proceder con el mismo sin una autorización judicial se atentó contra la Constitución y las leyes del estado.

 

Con este antecedente el hospital en que se practicó el tratamiento a Ashley se comprometió a no volver a efectuarlo sin mediar una autorización de la corte lo que sienta un importante precedente para evitar que otros hospitales efectúen el controvertido tratamiento.

 

Una victoria para los grupos de derechos humanos que el papá de Ashley declara es en detrimento de los niños, pues el tratamiento solo está dirigido a casos muy específicos de niños seriamente discapacitados a quienes se pude atender con mayor facilidad cuando son pequeños de tamaño pues no pueden realizar ninguna actividad por si mismos.

 

Para unos, permitir una manipulación médica de este tipo abre la puerta para este y otros tipo de tratamientos en personas con otras discapacidades, es dar la oportunidad para que más adelante se cuele el tema de ayudarlos a bien morir, es someter sus frágiles cuerpos a una mayor tortura, es experimentar sin conocer las consecuencias en la salud a futuro.

 

Para otros, como los padres de Ashley, es ayudarlos a tener una vida más cómoda, donde quienes los atiendan puedan hacerlo con mayor facilidad porque es muy diferente cargar un cuerpo de 30 kilos que uno de 60 para bañarlo, cambiarlo o transportarlo, es no someter a las niñas a menstruaciones ni a otros trastornos que podrían llevar otro tipo de consecuencias médicas más adelante, es evitarle el dolor y la incomodidad de senos en un cuerpo inerte.

 

Un debate muy difícil sin ninguna duda porque desde afuera es muy fácil levantar el dedo flamígero y esgrimir consideraciones éticas, pero otra cosa es vivir el día a día en el cuidado y atención a estos niños cuya condición médica es irreversible y a quienes solo se les puede ayudar a que estén lo mejor posible. Esto dentro de la definición que cada uno tenga de lo que es mejor.

 

B.

 

powered by social2s