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Categoría: Bárbara Amaro
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Este jueves 16 de febrero de 2012, la Corte Nacional de Justicia de Ecuador ratificó la sentencia en contra del periódico El Universo que castiga con tres años de prisión a tres altos ejecutivos del diario y a Emilio Palacio, ex columnista de ese diario y autor del artículo que detonó la furia del presidente Correa y la consiguiente demanda.

 

La sentencia ratificada también condena a los acusados al pago de más de $40 millones de dólares al presidente Correa, como compensación por el daño que las “injurias” ocasionaron en su honra y estima.

 

¿Por qué 40 millones de dólares? Porque parece ser que en Ecuador el presidente dice que su estima vale tantos millones de dólares y el poder judicial lo acepta sin buscar un fundamento o proporcionalidad lo que podría llevarnos a pensar al resto de los mortales que en Ecuador los periodistas son millonarios y tienen de sobra cinco o diez millones de dólares para pagar las “ofensas” al presidente.

 

Hablo en plural porque no es la primera vez que el presidente Correa demanda a periodistas por dañar su honra. Este mismo mes fueron sentenciados otros dos periodistas autores del libro El Gran Hermano a pagar cada uno un millón de dólares al ofendido presidente por las "calumnias" que escriben en su libro. Esto en un juicio en que no se demostró la falsedad de las afirmaciones del libro. Pero eso parece tampoco importar en el sistema judicial ecuatoriano.

 

La libertad de expresión no es absoluta. Como toda libertad se ejerce sabiendo que somos responsables de cada palabra y por eso se debe estar seguro de lo que se dice. Pero parece ser que para el sistema judicial de Ecuador la libertad de expresión significa no decir nada que pueda ofender al presidente, aunque lo que se diga se sustente o se trate de una crítica, lo cual es válido y necesario en cualquier sistema democrático.

 

¿Qué queda para los sentenciados por el caso El Universo? Quizá solo la justicia internacional a través de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que en este caso probará una vez más su total ineficacia porque si bien podría darse el caso que revierta la sentencia, el proceso podría durar años y no suspende la ejecución de la sentencia en Ecuador. Además, como ya lo hizo en su momento el presidente de Venezuela, Rafael Correa en Ecuador se manifestó en contra de este tribunal internacional “por servir a los intereses imperialistas” con lo cual nos adelantó que no reconocerá ninguna sentencia que le sea adversa.

 

Con esta sentencia en Ecuador, la Justicia, así con mayúsculas, una vez más se ha ido por el drenaje mientras somos testigo de cómo las instituciones y las leyes solo han servido para los intereses de unos cuantos, que paradójicamente están para servir al pueblo.

 

Que nos sirva de lección: la Justicia no desaparece de un momento a otro en las democracias, lo va haciendo paulatinamente y frente a nuestros ojos mientras miramos con indolencia. Y lo hace con cada falta que no se sanciona, con cada peso que se entrega para un soborno, con cada delito que no se denuncia, con cada ilegalidad gubernamental que no se reclama. Solo nos damos cuenta de lo grave de la situación cuando llegan este tipo de escenarios que nos desbordan con impotencia y nos hacen abrir repentinamente los ojos para darnos cuenta de que con la Justicia, la Democracia ya no está.

 

Señor Correa, si el ejercicio de mi libertad de expresión lo ha ofendido, permítame avisarle antes de que me demande porque piense que con mi crítica he dañado su buen nombre e imagen, que no soy millonaria ni en pesos mexicanos, así que procure proporcionalidad en su reclamación.

 

B.

 

 

 

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