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Categoría: Bárbara Amaro
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Los seguidores del New Age dicen que hay fuertes vibraciones cósmicas que anticipan la caída de muchos sistemas que conocemos, como educación, finanzas y política, con lo que vienen grandes cambios sociales. Como no he visto esas vibraciones cósmicas, ni soy gran conocedora del tema, no puedo estar de acuerdo más que en una cosa, se están gestando cambios.

 

Los cambios que yo estoy viendo, sin embargo, son palpables y se refieren particularmente a la propiedad intelectual y están siendo gestados no por vibraciones cósmicas, sino por los acelerados avances tecnológicos.

 

Los que tenemos más de treinta años (y más) hemos sido testigos de primera mano de los cambios que la industria del entretenimiento ha sufrido en términos de cómo accedemos a ella. No cabe duda que se ha sucedido mucho desde la época en que para no comprar todo el LP por una sola canción que nos gustaba, teníamos que pescarla en el radio para grabarla y poder escucharla después con el lamentable sonido de un delfín o de una voz anunciando la estación de radio, hasta estos días en que se puede descargar de la red con un clic en cualquier momento del día o de la noche y con excelente calidad.

 

Grabar así era gratis no solo porque la calidad era pésima, sino porque entendíamos que pagábamos por tener físicamente el LP y la calidad de la grabación que ello implicaba, que duraba, claro, hasta que el disco se rayaba.

 

Pero con los avances tecnológicos, la noción de propiedad ha cambiado de algo muy material a algo cada vez más intangible por lo que parece muy difícil concebir que pueda haber un derecho de propiedad sobre algo que circula millones de veces en la red en forma de 1 y 0.

 

Estos cambios en la manera de acceder al entretenimiento necesariamente deben llevar a cambios no solo en la industria, lo que necesariamente supondrá la desaparición de “intermediarios” entre los creadores y el consumidor, sino también a las leyes de propiedad intelectual que deberán ajustarse a lo que es protegible de acuerdo con estos avances tecnológicos y que ya no implican algo tan material como antes, un disco o un video, sino a la sola creación artística.

 

Se trata de un cambio que a la industria del entretenimiento le está costando entender  y por ello siguen aferrados a sus viejos esquemas de negocio y presionando para que las leyes de propiedad intelectual cambien no para ajustarse a la actualidad, sino para restringir más la noción de creación y cerrar más la pinza de manera que su industria siga disfrutando de los millones de dólares que los consumidores dejamos.

 

Y somos testigos de iniciativas como ACTA, SOPA, ley Döring o ley Sinde, por mencionar algunas, que son un esfuerzo por mantener el status quo de la industria del entretenimiento como fue concebida hace más de un siglo.

 

¿Leyes más estrictas pueden detener los avances tecnológicos y a la sociedad? La historia dice que no, que todo cambia y todo se ajusta a esos cambios y las leyes en materia de propiedad intelectual también tendrán que evolucionar para efectivamente proteger, un tema que los expertos tanto en propiedad intelectual como en tecnología tendrán que dilucidar, dejando quizá de lado los fuertes intereses económicos que la industria del entretenimiento ha hecho valer hasta ahora para lograr victorias importantes en su lucha por prorrogarse en una sociedad que ya está cambiada.

 

B.

 

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